Conferencia-taller para el control del estrés y la ansiedad (acceso abierto online por streaming, previa inscripción)

Este viernes 27 de noviembre a las 16.30 h (hora española) impartiré una conferencia-taller de acceso abierto sobre las claves para controlar el estrés y la ansiedad. Se mostrarán algunos ejercicios prácticos sencillos sumamente útiles para gestionar saludablemente nuestra vida.

Todavía estáis a tiempo de inscribiros enviando un email con vuestro nombre y apellidos a info@innovasaludycultura.es.

¿Distanciamiento social o distanciamiento físico? Peligros de la digitalización del comportamiento social

Una de las consignas más frecuentes con la que los expertos nos bombardean en estos tiempos, con la inestimable amplificación de los medios de comunicación, es la del distanciamiento social contra la transmisión del coronavirus. A fecha de hoy, parece que todo el mundo ha admitido, que no asimilado, que tenemos que restringir nuestros contactos sociales, minimizando la vida social hasta límites que rozan el estoicismo. Hemos pasado de besarnos y abrazarnos a darnos la mano, para después tocarnos con el codo y ahora la última moda es tocarnos el pecho en la zona del corazón. Me imagino que seguiremos desarrollando este código semiótico, y que el próximo paso será algo virtual o cuasitelepático, en el que no haremos nada o emplearemos un avatar en internet.

Más allá de este código en evolución, hay un riesgo (y no sé si un intento) que se esconde tras ello, que es la de la deshumanización de las personas y el intento de suprimir su carácter social. Me ha llamado la atención que en lugar de hablar de distanciamiento físico (y temporal), se haya optado por utilizar el término distanciamiento social para prevenir la transmisión del coronavirus, algo que se ha aceptado sin ninguna crítica por todos. Es como si no sólo se estuviese bloqueando nuestros encuentros físicos, sino que se está bloqueando nuestras actividades sociales y la formación de vínculos socioafectivos.

Bajo mi punto de vista, un mensaje “humanizador” sería “fomenta tu sociabilidad y tus encuentros sociales, pero con distancia física y seguridad”. La aceptación sin condiciones del distanciamiento social puede desconectar a la Humanidad y hacernos perder una de nuestras cualidades más preciadas que es la interdependencia social. El darnos cuenta de que lo que cada uno hace, piensa o siente repercute en el resto de las personas, potencia nuestros lazos afectivo-sociales.  Además, es un arma muy poderosa para contrarrestar las influencias que están insinuando que la digitalización de nuestro comportamiento social ha llegado, y que es para quedarse y para robotizar nuestra socialización, haciendo la vida más fácil.

La digitalización del comportamiento social es sólo una herramienta para facilitar las relaciones sociales, pero no para suprimirlas o deshumanizarlas. Está en nuestras manos el desarrollar un comportamiento social humanizador, tal vez empezando por proteger nuestro legado histórico-social, dándonos cuenta de que el distanciamiento físico actual es transitorio y no debe implicar ni un distanciamiento social ni emocional, ni que las relaciones digitales sean sustitutos a largo plazo de las relaciones físicas.

Reflexiones pandémicas sobre la COVID-19 y sus consecuencias

Bajo mi humilde punto de vista, creo que es un error considerar que la situación de crisis socio-sanitaria actual, con tantos ejes y dimensiones afectadas (sanitario, social, familiar, educativo, laboral, psicológico, económico), se soluciona exclusivamente o con una vacuna, o con un confinamiento, o con un distanciamiento social, o con medidas  preventiva físicas, o aumentando la cantidad de recursos en atención primaria. 

La crisis actual tiene más aristas y vértices para considerar y analizar. Ciertamente las medidas sanitarias son necesarias,  pero no las únicas, y tal vez hay algunas otras esenciales a las que no se le presta atención. Echo en falta que profesionales de otras áreas como por ejemplo la Psicología, la Educación y el Trabajo Social, o economistas, tomen una posición definida en este problema tan complejo. Hay factores psicosociales que son muy importantes  para contribuir a una solución  a este problema.  Voy a describirlos:

a) La eficacia para resolver un problema  que afecta a una comunidad depende primeramente de cómo los gobernantes perciben a sus gobernados y conciudadanos, y cómo nos consideramos nosotros mismos. A diferencia de otros países, nuestros gobernantes y expertos en España conciben a las personas españolas como individuos que ni saben discriminar entre las situaciones, ni saben gestionar riesgos; es decir, se da por hecho que van a meter la pata constantemente en todo aquello que implica un riesgo. Es increíble que nos consideren a los ciudadanos como niños que no tenemos un criterio para saber o para discernir lo que es apropiado o no en esta situación como en muchas otras. Igualmente, es preocupante que nos consideremos incapaces de gobernar nuestra vida y que dejemos en manos de unos gobernantes desaprensivos nuestro futuro.  Al igual que  una persona sabe discernir qué es o no apropiado para conducir un automóvil, estamos en la misma situación ahora mismo con respecto al coronavirus. Las personas debemos estar preparadas para saber qué riesgos tenemos, qué riesgos conlleva nuestra vida y salud para otras personas y qué medidas debemos adoptar para preservar nuestra salud y la de los demás. Si esto no es posible, debemos de preguntarnos por qué, y poner solución inmediata, tal vez con una mejor educación libre de doctrinas. 

La experiencia con otros países europeos es bastante distinta a la que tenemos en España, al menos en algunos de ellos con gestiones menos restrictivas. Por ejemplo,  en Irlanda- país que conozco bien- las personas son respetadas, las fuerzas del orden  y los gobernantes informan al ciudadano entendiendo que éste es una persona capaz. Se podría decir lo mismo de Suecia, donde al ciudadano se le ha invitado a que gestione sus riesgos y a que tome decisiones. Los resultados parece que son mucho mejores que en nuestro país, a pesar de los miedos iniciales. 

b) Confinar a la gente o saturarlas con normativas rígidas –todas ellas distintas dependiendo donde vivas-, y sin que haya una estrategia inteligente, genera indudablemente mucha confusión, desaliento, desmotivación, estrés, desafección con las normas y los gobernantes,  y un estado de despersonalización en la que no tenemos noción de quiénes somos.  Vamos a ver en los próximos meses cómo está el estado  psicológico de todos nosotros, si no lo vemos ya mismo afectado. 

c) Igualmente, la artificialidad creada con las distancias sociales para esta situación puede generar problemas graves een el desarrollo socioemocional y evolutivo-madurativo de nuestros niños, niñas y adolescentes, cuyas consecuencias veremos en los próximos años. Me sorprende ver a muchas madres excesivamente escrupulosas con sus niños, con la mascarilla puesta para abrazarlos y para hablar con ellos, y excesivo me parece el confinamiento de un aula por un caso positivo, todo ello en niños y adolescentes, con una letalidad bajísima o despreciable y con consecuencias menores. Entiendo que un virus desconocido puede generar efectos no esperados en cualquier momento. ¿Pero vale la pena constreñir tanto las relaciones sociales y familiares que puedan afectar gravemente su desarrollo?

En este sentido, hay algo que creo es de sentido común, pero no para los científicos de laboratorio. Podemos encerrar a los niños/as y adolescentes en una habitación para que no salgan y no se toquen, y no jueguen. Ciertamente, así no habría riesgo alguno de transmisión del virus entre ellos, pero se generarían otros riesgos. Entre ellos, (1) que los niños, niñas y adolescentes exploten y se vuelvan agresivos/as e insoportables con alteraciones del comportamiento, o que se vuelvan asociales y e introvertidos, con dificultades para expresar sus emociones, aislándose en un mundo virtual con videojuegos; (2) que las familias entren en barrena, incapaces de afrontar este tsunami con sus hijos desbordados; y (3), justo lo que no debería ocurrir por ser población de riesgo, que aparezcan los abuelos cuidadores de niños y niñas para hacerse cargo de ellos, dado que los padres tienen obligaciones laborales que cumplir.

Las dinámicas con niños/as y adolescentes son parecidas a las del agua. Podemos poner un muro para evitar o taponar su salida, pero siempre buscará un hueco de salida hacia donde ir. Podemos encerrar en una burbuja a estas fieras -con todo el cariño-, pero siempre buscarán su libertad, a no ser que se les mate y les convirtamos en “enfermos”.

d) Bajo mi punto de vista, creo que qué el virus en este momento es menos peligroso por sus consecuencias en la salud, que por sus  consecuencias socioeconómicas  que va a sufrir la población y que van a derivar en problemas sociosanitarios. Una persona que no trabaje, o que no tenga recursos, o que no tenga ayudas familiares lo va a pasar muy mal.  Su salud física y mental  pueden verse muy seriamente afectadas. 

 Con este panorama, bajo mi perspectiva y criterio, creo que la estrategia de los expertos y gobernantes puede estar siendo muy cortoplacista y muy devastadora para las personas en el medio o largo plazo, e incluso en el corto plazo que ya se atisba. Ahora mismo, lo imprescindible es proteger a las personas en riesgo, a la vez que promover que el resto de  las personas sin factores de riesgo trabajen y creen riqueza, para que así toda la sociedad pueda funcionar con una razonable normalidad. Sin creación de riqueza, no hay ni sanidad pública, ni salud, ni infraestructuras, ni ningún elemento que facilite eso que nuestros políticos, fuera de la realidad, han llamado “Estado de Bienestar”. En este momento, además de crear riqueza y proteger a las personas con riesgos de salud, es importante educar a las personas en la gestión de su salud y en una interdependencia sana, en la que todos estamos interconectados. Nuestro bienestar depende del bienestar de todos los que nos rodean; esto no es ni de carroñeros de izquierdas ni de derechas. Me escandaliza ver que los partidos políticos, todos en modo electoralista,  intentan sacar rédito de esta situación absolutamente crítica.

La gestión saludable de las crisis sociales y sanitarias

Asistimos a unos tiempos convulsos, ya no tan sólo por la situación sanitaria de pandemia del coronavirus, sino por las repercusiones derivadas que estamos viviendo.  Podríamos resumirlas en lo siguiente:

  1. El papel del miedo como catalizador fundamental de nuestros comportamientos sociales y personales, hasta el punto de generar situaciones de absurdo, tales como por ejemplo estar en una montaña o en un parque sólo con mascarilla, o conducir el coche personal con mascarilla y sin más ocupantes.
  2. El estrés del sistema de apoyo social con una red interpersonal inhibida y bloqueada ante el miedo y el exceso de celo y vigilancia en el cumplimiento de una rígida normativa social e interpersonal. 
  3. La obediencia ciega de una mayoría de la población a las normas gubernamentales, asociada a una ingente cantidad de información contradictoria y poco útil en los medios de comunicación.
  4. El extremismo y rigidez en la interpretación de los datos y del conocimiento, como si fuese absoluto en cada momento, que contrasta sin embargo con los notables errores y contradicciones en la gestión de la situación sociosanitaria por parte de nuestros líderes y algunos expertos.
  5. La ausencia de un programa educativo para que las personas puedan tener un verdadero control de la gestión de riesgos de su vida, recibiendo por el contrario un trato despreciativo como si fuesen analfabetos del conocimiento o delincuentes sociales que se presume van a obrar como unos inconscientes.
  6. La criminalización de que todo el que piense y actúa de forma diferente a la norma impuesta y difundida por los medios, aún a pesar de su relativismo, incongruencias y absurdez en algunas situaciones, además de no estar basada en un conocimiento científico sólido e ir en contra incluso del sentido común. 

   Con este panorama, creo que la labor de toda la sociedad, y muy en especial de los gobernantes y profesionales sociales y sanitarios, es cambiar estos patrones informativos y normativos rígidos e inútiles por otros más flexibles y útiles para afrontar la situación de crisis actual. Creo que la población tendría así una mayor seguridad y confianza, generando medidas más operativas:

  1. Informar a todos los ciudadanos de forma didáctica y con claridad de los comportamientos de riesgo y de su importancia relativa en la aparición y control de brotes. No tiene el mismo riesgo pasear sin mascarilla en un parque o en una calle pudiendo mantener una distancia de seguridad,  que hacerlo  en una calle bulliciosa o en un lugar público con aglomeraciones.
  2. Desarrollar programas psicoeducativos y campañas de intervención comunitaria para enseñar a la gente a contextualizar las situaciones y a no magnificar las emociones asociadas a la situación de crisis. Entrar en pánico no ayuda, mantener la calma sí.
  3. Confiar en las personas y no despreciar su capacidad para tomar decisiones correctas cuando tienen acceso a la información. El desarrollo de un país como el nuestro empieza necesariamente por apreciar y respetar a las personas y su valía, en lugar de despreciarlos y tratarlos como niños o niñas inconscientes, que necesitan siempre de la tutela de otros o una normativa rígida a cumplir. Tensar demasiado un sistema social y humano tiene repercusiones en la salud y precipita desorganizaciones comportamentales y sociales.
  4. Relativizar los hallazgos científicos y el conocimiento. No absolutizar nada, ya que el conocimiento es cambiante y algo que hoy parece cierto, puede no serlo tanto por otras evidencias posteriores. Las soluciones mágicas como las vacunas exprés puede que tengan inconvenientes que se puedan observar más adelante.
  5. Salir de una crisis no depende sólo de los científicos y los gobernantes; la salud no depende sólo de los profesionales sanitarios; nuestro bienestar no depende sólo de los psicólogos o psiquiatras. Todos (sin prescindir de nadie) tenemos un papel fundamental y estamos interconectados. Si a nuestro vecino le va mal, a nosotros también; si le va bien, a nosotros nos irá mejor. Cuando nos demos cuenta de esto, saldremos fortalecidos de esta y otras crisis, y libres de doctrinas y miedos inútiles o nocivos.

Mascarillas tóxicas

En estos días estamos viviendo en España algo que jamás hubiéramos imaginado. En la mayoría de regiones de España, las personas obligatoriamente deben de llevar una mascarilla tapando su nariz y boca, independientemente de la situación o del lugar donde se encuentren. Da igual que estés solo en el pico de una montaña que en el bullicioso centro de una gran ciudad; da igual que estés en un espacio cerrado con pocos metros cuadrados con mucha gente, que en un parque o en una playa paseando tranquilamente sin aglomeraciones.

Por supuesto, tenemos que obedecer. Somos ovejas descarriadas sin capacidad de juicio y sin capacidad de criterio para discriminar y discernir. “Es que si dejamos que decidan, va a ser un desastre”- piensan nuestros pastores. Estos pastores son los que tienen una mente brillante y clarividente; esos que han pensado que cuando el brote epidémico estaba en el pico de incidencia y con máxima carga viral, no era ni necesaria ni recomendable la mascarilla; y que ahora, cuando la carga viral es menor y hay pocos ingresos con gravedad en las UCIs, debe de ser impuesta la mascarilla a todas las ovejas, no vaya a ser que se descarríen. Eso sí, no es necesario controlar la entrada de personas en nuestro país porque ellos sí tienen criterio, y tampoco es necesario controlar las aglomeraciones en fiestas nocturnas y locales de ocio, porque los adolescentes y jóvenes también tienen criterio, por supuesto ( y son futuros votantes, claro).

Vaya experimentos sociológicos y psicológicos se están realizando sobre la obediencia a gobernantes psicópatas sin escrúpulos, en situaciones de miedo y pánico inducido. Y todos estamos participando obligatoriamente, sin rechistar. Eso sí, nos estamos cargando no tanto de coronavirus, sino de un estrés personal incuantificable (por el momento) en la que apenas tenemos control alguno sobre nuestra vida cotidiana pública. En unos meses veremos cómo está la salud de nuestra gente, tras pasar primero el confinamiento, y después de postre la toxicidad psicológica y física del uso obligatorio e indiscriminado de la mascarilla.

P.D. Nuestros socios europeos no han impuesto esta normativa radical para ciudadanos “sin criterio”. Eso sí, parece que son más precavidos en temas de ocio. Ejemplo de Irlanda: los pubs se han reabierto recientemente sobre todo para comer y no para emborracharse, con una restricción de tiempo y normas de separaciuón física. En España, si caminas tranquilo sin bozal, te vigilan y te sancionan; si vas a una terraza con amigos te liberas del bozal y te puedes emborrachar

Aprendiendo con la crisis del COVID-19: adiós al miedo y bienvenida a la responsabilidad consciente y compartida

handshake-2009195_1920Aunque parezca que estamos viviendo una situación muy adversa con la crisis pandémica del COVID-19, si miramos un poco más allá de la realidad presente que nos acucia a todos, creo que nos encontramos en un momento clave que esconde una gran oportunidad para aprender. Las situaciones de estrés agudo y persistente como la actual, donde el tiempo es una atadura que nos oprime la respiración y no permite desviaciones o derivaciones de la atención y de la responsabilidad, son momentos que pueden producir cambios en las dinámicas de la sociedad.

Hasta ahora, y desde que tengo razón, las personas de nuestra sociedad  han estado debatiendo de forma pública y notoria sobre las políticas, y siempre de una forma polarizada. Unos dicen que los del grupo o partido A tienen unas políticas mejores que los del grupo o partido B, y que eso es lo fundamental para nuestra vida, ya que de ello va a depender nuestra supervivencia y bienestar. De esta forma, delegamos nuestra responsabilidad en una ideología o en un partido, para que se hagan cargo de nuestro presente y futuro. La situación del coronavirus ha roto con muchas de las falacias derivadas de la ideología y de las diferentes políticas.  Sin entrar en cada una de ellas, se podrían resumir en que el funcionamiento de la sociedad (por ej., cohesión y cooperación interterritorial, protección del trabajador, sanidad eficaz, economía, sistema educativo sólido y que genera aprendizaje et…) depende del color del partido gobernante. De tal forma que para los de A, si gobiernan los de B el país será un horror; y para los de B, si gobiernan los de A, igualmente todo será algo horroroso. El miedo ha sido y es uno de los motores que han posibilitado que los políticos sean los dueños de nuestro destino, y no como debería ser, que nosotros seamos los únicos dueños de nuestro propio destino uniendo fuerzas con nuestros cercanos.

El estrés agudo actual con la pandemia del coronavirus ha puesto al descubierto grandes virtudes y actos nobles, algunos heroicos,  que siempre han estado ahí, pero que no podíamos percibir, por nuestra ceguera de la ideología. Doy algunos ejemplos: el barrendero que mantiene limpias nuestras calles con profesionalidad; la limpiadora de ese centro, de ese hospital, de esa residencia donde están nuestros mayores queridos; los profesionales que se desvelan y ponen en riesgo su vida por recuperar a ese ser querido que tanto amas; el casero que es solidario con su inquilino, bajando la renta para que pueda sobrevivir a la dificultad; el empresario que tiene en mente a sus trabajadores y les paga hasta que ya no puede; o las grandes fortunas que ofrecen su patrimonio y sus contactos, redes y logística al servicio de los demás.

Nadie por sí solo, y por supuesto ningún político gobernante, es el artífice del éxito de un país. El buen gobernante es el que sabe dirigir, administrar y coordinar los esfuerzos solidarios de un grupo, sabiendo que sólo es un mediador y un representante catalizador del poder del grupo.  Si un gobernante dice que está representando a unas políticas A o B que van a ser tu salvación, te está engañando. Es el momento de gobernar sin políticos; es el momento de las personas y de su esfuerzo solidario. Es el momento de cada uno de nosotros, sea cual sea nuestro papel o profesión, para que gestionemos nuestras vidas en relación con los que nos rodean. Si aprendemos esto de una vez, nos levantaremos con tal fuerza, que esta crisis será pronto un pequeño sinsabor que nos habrá abierto los ojos y nos hará evolucionar como sociedad.

 

Maltrato por exceso de “amor” (sobreprotección)

corazón fuegoSiempre que alguien utiliza el término “maltrato” inmediatamente nos vienen a la mente imágenes y asociaciones acerca de comportamientos violentos, agresiones verbales, trato despectivo y vejatorio, falta de respeto, humillación psicológica, insultos, trato intimidatorio, acoso moral, incomunicación, insinuaciones falsas, acoso psicológico, físico, sexual etc… Sin embargo, en algunos contextos como el familiar, el maltrato puede adoptar otras formas difíciles de imaginar e identificar. La más sorprendente, por cuanto está muy enmascarada o camuflada entre comportamientos “amorosos”, es la que podemos denominar maltrato por sobreprotección. En éste, bien una o bien ambas figuras parentales de forma progresiva y más o menos inconsciente impiden el contacto o experiencia autónoma de su/s hijo/s con el entorno, condicionándolos absolutamente a sus comportamientos (en el caso de que sea sóla una, la otra figura parental consiente, permite o justifica el trato dado). De esta forma, los hijos/as siempre experimentarán la vida y el entorno desde la perspectiva de sus padres y nunca tendrán la oportunidad de construir su experiencia desde un criterio al menos en parte libre y autónomo, construido desde una toma de decisión propia. Los comportamientos de los niños sobreprotegidos son totalmente condicionados y se pueden observar por los siguientes signos, que varían en su expresión y predominancia dependiendo de la edad:

a.- Búsqueda de aprobación o permiso constante por parte de la figura/s parentales que ejerce el control sobreprotector, para comportamientos o decisiones incluso sencillas como puede ser qué comer o qué ropa vestir en edades adolescentes o preadolescentes.

b.- Comportamiento miméticos con una de las figuras parentales generalmente, copiando rígidamente sus opiniones, preferencias y juicios, todo ello haciéndose de forma automatizada.

c.- Ausencia de capacidad crítica para considerar otros puntos de vista ajenos a los suyos y del progenitor o progenitores que ejercen la sobreprotección.

d.- Reacciones de rabia o ira cuando sus puntos de vista son puestos en entredicho o en evidencia, buscando la protección de las figuras sobreprotectoras que se encargan de protegerla aislándola de informaciones “peligrosas”, para así seguir reforzando su patrón rígido de comportamiento.

e.- Miedo experiencial intenso que les paraliza impidiéndoles ejercer acciones autónomas apropiadas para su edad, algunas muy simples: por ejemplo, un adolescente de 16 años no puede estar sólo en la casa o no puede ir al colegio de forma autónoma, en transporte público.

f.- Reacciones de evitación experiencial rígida y persistente a actividades que impliquen decisiones o experiencias desconocidas, contando casi siempre con el refuerzo protector de las figuras parentales ante la evitación (“si no quieres, no lo hagas, nadie te obliga”).

El manejo de estos casos es complejo, ya que requiere intervención en las figuras adultas del grupo familiar que en la mayoría de los casos no tiene conciencia de que exista problema alguno. La separación física que permite la experiencia del descubrimiento experiencial es clave para el progresivo descondicionamiento. No obstante, no es tarea sencilla, ya que el grupo familiar se cerrará para proteger el funcionamiento dependiente de los hijos.

Sugestión, influencias y libertad creativa

tunnel-2033983_1280Una sugestión es un estímulo o un conjunto de estímulos de naturaleza ideativa, verbal o no verbal, capaz o capaces de evocar respuestas involuntarias inmediatas en una persona, debido a su actitud de no crítica ante la misma. Por todo ello, la efectividad de las sugestiones depende de esta actitud de no crítica y del grado de sugestionabilidad de las personas receptoras de los mensajes.

La sociedad y la cultura que impregnan nuestras vidas nos proporcionan una expectativa de cómo debemos de reaccionar ante determinadas situaciones, con lo que de forma sutil o no manifiesta hay efectos de cierta sugestión socio-cultural. Los mensajes de los medios de comunicación y de las redes sociales pueden ser, en sentido amplio, sugestiones poderosas o reforzadores de ciertas sugestiones que muchas personas asumen de forma más o menos inmediata y sin crítica alguna. En el campo sanitario, por ejemplo, es muy frecuente que cuando una persona padece algún problema de salud busque en internet información al respecto, que ya le instruye y, en parte, le condiciona sobre cómo se tiene que tratar e incluso sobre cómo va evolucionar. En el campo de la moda, y en el consumo en general, están en auge las y los “influencers” que marcan las pautas de consumo a millones de seguidores y seguidoras  e, incluso, sus reacciones emocionales sobre las temáticas que abordan. La utilización de los “influencers” es una de las estrategias de marketing actuales por su capacidad para producir efectos en una audiencia. Este fenómeno de influencias no sólo se circunscribe a temas muy concretos, sino que también se extiende a las creencias políticas, socio-económicas, religiosas, éticas y comportamentales.

Con estas premisas, encontrar un espacio para la libertad creativa del talento es complejo ante la presión social de las influencias, aunque es posible.  Las personas construyen y “crean” en función de las demandas creadas por unos pocos con una posición influyente. Como me dijo una profesora en una tribunal de tesis “yo he investigado en temáticas en las que podía recibir una subvención o podía publicar algo en una revista de prestigio, para así consolidar mi carrera académica, no en lo que realmente me interesaba”. La libertad en la creación no es gratis; requiere, además de talento, de autenticidad y de una gran dosis de tolerancia a la frustración.

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Adoctrinamiento y educación

22HCon los atentados de Barcelona y Cambrils muy recientes, llaman la atención las declaraciones de familiares, amigos y conocidos de los ejecutores de los atentados, que no dan crédito a que ellos pudiesen haber cometido tales atrocidades. De acuerdo con lo que muchos medios reflejan, parece ser que los terroristas eran personas perfectamente integradas en la comunidad. Tal como menciona la educadora de muchos de ellos, la técnica de convivencia del ayuntamiento de Ripoll Nuria Perpinyá, eran “normales, responsables y educados” y no se podía imaginar de ninguna manera que pudiesen haber hecho lo que hicieron (http://cadenaser.com/programa/2017/08/22/hoy_por_hoy/1503383604_426307.html).

Esta dificultad para percibir aspectos disfuncionales en otras personas pone de manifiesto en primer lugar que la gente puede ocultar sus verdaderas intenciones, fingiendo actitudes y comportamientos prosociales ante los demás. Esto es más sencillo cuando aparece una historia inmaculada con una conducta social apropiada. Pero además, en segundo lugar, pone también de manifiesto que las personas se pueden adoctrinar con facilidad, incluso en un periodo corto de tiempo. La sociedad y las diferentes culturas están repletas de doctrinas que maniatan a las personas, bloqueando su libertad personal. Los lavados de cerebro utilizan los procesos de adoctrinamiento y de gratificación diferencial, haciendo sentir a las personas adoctrinadas un sentimiento de valía personal y de agradecimiento para con sus maestros, cuando en realidad éstos están maltratándolos o vejándolos.

El adoctrinamiento se emplea no sólo dentro de grupos extremistas fundamentalistas, sino también en otros muchos contextos como la política, la educación y la familia. Sus efectos son devastadores para la libre toma de decisiones de las personas y para su bienestar, siendo muy intensos en la infancia y en la adolescencia.

Es imprescindible educar y aportar conocimiento sin adoctrinar a los menores, como base fundamental para fortalecerse y prevenir adoctrinamientos alienantes en la sociedad. Este es un reto que se hace imprescindible en los tiempos actuales en los que predomina la búsqueda de certidumbre y control, junto con una sensación de inseguridad y sobreprotección en la educación. Es esta combinación un tanto disfuncional para erradicar los problemas personales y sociales derivados del adoctrinamiento, y que tal vez requiere de una reflexión y de un cambio en los sistemas de educación actuales.

La naturaleza humana

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Nos encontramos en un momento histórico muy interesante, dado que el progreso de la tecnología está siendo tal que está planteando algunos interrogantes sobre la concepción misma del ser humano. El término “humano” proviene de la palabra raíz humus (tierra) y del sufijo –ano (de procedencia o pertenencia). De alguna forma, cuando se dice que somos humanos, se quiere expresar que procedemos de la tierra, tal como se recoge por cierto en algunas tradiciones religiosas en las que se señala metafóricamente que Dios moldeó al hombre con arcilla o tierra. Nuestra humanidad, etimológicamente, tiene que ver también con el carácter humilde (humilde así mismo procede de humus); por ello, cuando se dice que alguien es humano, damos a entender que hay una imperfección y una aceptación humilde de ello.  Si por el contrario, alguien es inhumano, se hace referencia a que realiza imposibles con una presión enorme por la perfección.

Inmersos en la era digital y sujetos a una gran presión de excelencia y perfección, todo está robotizado y milimétricamente calculado en su forma de manifestación. La robotización está llegando a numerosos campos, tal como por ejemplo el militar, donde la precisión es muy valorada (http://www.elmundo.es/tecnologia/2017/04/17/58f49d2eca474157508b4590.html). La digitalización y la robotización están impregnando nuestras vidas y deshumanizando muchas áreas, dado que con gran frecuencia se prescinde de los elementos humanizadores de la cultura a lo largo de la Historia, en aras de una mayor precisión y eficiencia.

Este momento histórico nos plantea el reto de desarrollar la tecnología y el entorno virtual y digital pero de una forma humana, que no robótica. La virtualidad y las nuevas tecnologías no deberían generar una vinculación deshumanizada impersonal, sino al contrario deberían ser una ayuda para la construcción de un soporte psicológico-social y cultural humanizador, y en contacto con el sustrato vivo. Esto implica inevitablemente la educación en el uso responsable de las nuevas tecnologías tanto para niños como para adultos, y su progresiva y cuidadosa introducción en la vida de los niños, dado que todavía desconocemos los efectos que pueden producir a medio o largo plazo. Lo que sí parece evidente es que producen cambios importantes en las pautas de socialización y de vinculación interpersonal, algo que ya de por sí debería de suscitar prudencia. Muchos de los gurús de las nuevas tecnologías parece que ya se han percatado, restringiendo y retrasando la edad de inicio de sus hijos en el manejo de dispositivos tecnológicos (http://www.ticbeat.com/educacion/en-silicon-valley-triunfan-los-colegios-sin-ordenadores-ni-wifi/). Estamos en un terreno desconocido que, sin lugar a dudas, merece estudio, prudencia, tiempo y sosiego. Está en juego lo que vamos a ser en un futuro inmediato: seres humanos, digitales, virtuales, robóticos…¿Tú cómo te ves y qué “ser” quieres ser?