Aprendiendo con la crisis del COVID-19: adiós al miedo y bienvenida a la responsabilidad consciente y compartida

handshake-2009195_1920Aunque parezca que estamos viviendo una situación muy adversa con la crisis pandémica del COVID-19, si miramos un poco más allá de la realidad presente que nos acucia a todos, creo que nos encontramos en un momento clave que esconde una gran oportunidad para aprender. Las situaciones de estrés agudo y persistente como la actual, donde el tiempo es una atadura que nos oprime la respiración y no permite desviaciones o derivaciones de la atención y de la responsabilidad, son momentos que pueden producir cambios en las dinámicas de la sociedad.

Hasta ahora, y desde que tengo razón, las personas de nuestra sociedad  han estado debatiendo de forma pública y notoria sobre las políticas, y siempre de una forma polarizada. Unos dicen que los del grupo o partido A tienen unas políticas mejores que los del grupo o partido B, y que eso es lo fundamental para nuestra vida, ya que de ello va a depender nuestra supervivencia y bienestar. De esta forma, delegamos nuestra responsabilidad en una ideología o en un partido, para que se hagan cargo de nuestro presente y futuro. La situación del coronavirus ha roto con muchas de las falacias derivadas de la ideología y de las diferentes políticas.  Sin entrar en cada una de ellas, se podrían resumir en que el funcionamiento de la sociedad (por ej., cohesión y cooperación interterritorial, protección del trabajador, sanidad eficaz, economía, sistema educativo sólido y que genera aprendizaje et…) depende del color del partido gobernante. De tal forma que para los de A, si gobiernan los de B el país será un horror; y para los de B, si gobiernan los de A, igualmente todo será algo horroroso. El miedo ha sido y es uno de los motores que han posibilitado que los políticos sean los dueños de nuestro destino, y no como debería ser, que nosotros seamos los únicos dueños de nuestro propio destino uniendo fuerzas con nuestros cercanos.

El estrés agudo actual con la pandemia del coronavirus ha puesto al descubierto grandes virtudes y actos nobles, algunos heroicos,  que siempre han estado ahí, pero que no podíamos percibir, por nuestra ceguera de la ideología. Doy algunos ejemplos: el barrendero que mantiene limpias nuestras calles con profesionalidad; la limpiadora de ese centro, de ese hospital, de esa residencia donde están nuestros mayores queridos; los profesionales que se desvelan y ponen en riesgo su vida por recuperar a ese ser querido que tanto amas; el casero que es solidario con su inquilino, bajando la renta para que pueda sobrevivir a la dificultad; el empresario que tiene en mente a sus trabajadores y les paga hasta que ya no puede; o las grandes fortunas que ofrecen su patrimonio y sus contactos, redes y logística al servicio de los demás.

Nadie por sí solo, y por supuesto ningún político gobernante, es el artífice del éxito de un país. El buen gobernante es el que sabe dirigir, administrar y coordinar los esfuerzos solidarios de un grupo, sabiendo que sólo es un mediador y un representante catalizador del poder del grupo.  Si un gobernante dice que está representando a unas políticas A o B que van a ser tu salvación, te está engañando. Es el momento de gobernar sin políticos; es el momento de las personas y de su esfuerzo solidario. Es el momento de cada uno de nosotros, sea cual sea nuestro papel o profesión, para que gestionemos nuestras vidas en relación con los que nos rodean. Si aprendemos esto de una vez, nos levantaremos con tal fuerza, que esta crisis será pronto un pequeño sinsabor que nos habrá abierto los ojos y nos hará evolucionar como sociedad.

 

Maltrato por exceso de “amor” (sobreprotección)

corazón fuegoSiempre que alguien utiliza el término “maltrato” inmediatamente nos vienen a la mente imágenes y asociaciones acerca de comportamientos violentos, agresiones verbales, trato despectivo y vejatorio, falta de respeto, humillación psicológica, insultos, trato intimidatorio, acoso moral, incomunicación, insinuaciones falsas, acoso psicológico, físico, sexual etc… Sin embargo, en algunos contextos como el familiar, el maltrato puede adoptar otras formas difíciles de imaginar e identificar. La más sorprendente, por cuanto está muy enmascarada o camuflada entre comportamientos “amorosos”, es la que podemos denominar maltrato por sobreprotección. En éste, bien una o bien ambas figuras parentales de forma progresiva y más o menos inconsciente impiden el contacto o experiencia autónoma de su/s hijo/s con el entorno, condicionándolos absolutamente a sus comportamientos (en el caso de que sea sóla una, la otra figura parental consiente, permite o justifica el trato dado). De esta forma, los hijos/as siempre experimentarán la vida y el entorno desde la perspectiva de sus padres y nunca tendrán la oportunidad de construir su experiencia desde un criterio al menos en parte libre y autónomo, construido desde una toma de decisión propia. Los comportamientos de los niños sobreprotegidos son totalmente condicionados y se pueden observar por los siguientes signos, que varían en su expresión y predominancia dependiendo de la edad:

a.- Búsqueda de aprobación o permiso constante por parte de la figura/s parentales que ejerce el control sobreprotector, para comportamientos o decisiones incluso sencillas como puede ser qué comer o qué ropa vestir en edades adolescentes o preadolescentes.

b.- Comportamiento miméticos con una de las figuras parentales generalmente, copiando rígidamente sus opiniones, preferencias y juicios, todo ello haciéndose de forma automatizada.

c.- Ausencia de capacidad crítica para considerar otros puntos de vista ajenos a los suyos y del progenitor o progenitores que ejercen la sobreprotección.

d.- Reacciones de rabia o ira cuando sus puntos de vista son puestos en entredicho o en evidencia, buscando la protección de las figuras sobreprotectoras que se encargan de protegerla aislándola de informaciones “peligrosas”, para así seguir reforzando su patrón rígido de comportamiento.

e.- Miedo experiencial intenso que les paraliza impidiéndoles ejercer acciones autónomas apropiadas para su edad, algunas muy simples: por ejemplo, un adolescente de 16 años no puede estar sólo en la casa o no puede ir al colegio de forma autónoma, en transporte público.

f.- Reacciones de evitación experiencial rígida y persistente a actividades que impliquen decisiones o experiencias desconocidas, contando casi siempre con el refuerzo protector de las figuras parentales ante la evitación (“si no quieres, no lo hagas, nadie te obliga”).

El manejo de estos casos es complejo, ya que requiere intervención en las figuras adultas del grupo familiar que en la mayoría de los casos no tiene conciencia de que exista problema alguno. La separación física que permite la experiencia del descubrimiento experiencial es clave para el progresivo descondicionamiento. No obstante, no es tarea sencilla, ya que el grupo familiar se cerrará para proteger el funcionamiento dependiente de los hijos.

Sugestión, influencias y libertad creativa

tunnel-2033983_1280Una sugestión es un estímulo o un conjunto de estímulos de naturaleza ideativa, verbal o no verbal, capaz o capaces de evocar respuestas involuntarias inmediatas en una persona, debido a su actitud de no crítica ante la misma. Por todo ello, la efectividad de las sugestiones depende de esta actitud de no crítica y del grado de sugestionabilidad de las personas receptoras de los mensajes.

La sociedad y la cultura que impregnan nuestras vidas nos proporcionan una expectativa de cómo debemos de reaccionar ante determinadas situaciones, con lo que de forma sutil o no manifiesta hay efectos de cierta sugestión socio-cultural. Los mensajes de los medios de comunicación y de las redes sociales pueden ser, en sentido amplio, sugestiones poderosas o reforzadores de ciertas sugestiones que muchas personas asumen de forma más o menos inmediata y sin crítica alguna. En el campo sanitario, por ejemplo, es muy frecuente que cuando una persona padece algún problema de salud busque en internet información al respecto, que ya le instruye y, en parte, le condiciona sobre cómo se tiene que tratar e incluso sobre cómo va evolucionar. En el campo de la moda, y en el consumo en general, están en auge las y los “influencers” que marcan las pautas de consumo a millones de seguidores y seguidoras  e, incluso, sus reacciones emocionales sobre las temáticas que abordan. La utilización de los “influencers” es una de las estrategias de marketing actuales por su capacidad para producir efectos en una audiencia. Este fenómeno de influencias no sólo se circunscribe a temas muy concretos, sino que también se extiende a las creencias políticas, socio-económicas, religiosas, éticas y comportamentales.

Con estas premisas, encontrar un espacio para la libertad creativa del talento es complejo ante la presión social de las influencias, aunque es posible.  Las personas construyen y “crean” en función de las demandas creadas por unos pocos con una posición influyente. Como me dijo una profesora en una tribunal de tesis “yo he investigado en temáticas en las que podía recibir una subvención o podía publicar algo en una revista de prestigio, para así consolidar mi carrera académica, no en lo que realmente me interesaba”. La libertad en la creación no es gratis; requiere, además de talento, de autenticidad y de una gran dosis de tolerancia a la frustración.

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Adoctrinamiento y educación

22HCon los atentados de Barcelona y Cambrils muy recientes, llaman la atención las declaraciones de familiares, amigos y conocidos de los ejecutores de los atentados, que no dan crédito a que ellos pudiesen haber cometido tales atrocidades. De acuerdo con lo que muchos medios reflejan, parece ser que los terroristas eran personas perfectamente integradas en la comunidad. Tal como menciona la educadora de muchos de ellos, la técnica de convivencia del ayuntamiento de Ripoll Nuria Perpinyá, eran “normales, responsables y educados” y no se podía imaginar de ninguna manera que pudiesen haber hecho lo que hicieron (http://cadenaser.com/programa/2017/08/22/hoy_por_hoy/1503383604_426307.html).

Esta dificultad para percibir aspectos disfuncionales en otras personas pone de manifiesto en primer lugar que la gente puede ocultar sus verdaderas intenciones, fingiendo actitudes y comportamientos prosociales ante los demás. Esto es más sencillo cuando aparece una historia inmaculada con una conducta social apropiada. Pero además, en segundo lugar, pone también de manifiesto que las personas se pueden adoctrinar con facilidad, incluso en un periodo corto de tiempo. La sociedad y las diferentes culturas están repletas de doctrinas que maniatan a las personas, bloqueando su libertad personal. Los lavados de cerebro utilizan los procesos de adoctrinamiento y de gratificación diferencial, haciendo sentir a las personas adoctrinadas un sentimiento de valía personal y de agradecimiento para con sus maestros, cuando en realidad éstos están maltratándolos o vejándolos.

El adoctrinamiento se emplea no sólo dentro de grupos extremistas fundamentalistas, sino también en otros muchos contextos como la política, la educación y la familia. Sus efectos son devastadores para la libre toma de decisiones de las personas y para su bienestar, siendo muy intensos en la infancia y en la adolescencia.

Es imprescindible educar y aportar conocimiento sin adoctrinar a los menores, como base fundamental para fortalecerse y prevenir adoctrinamientos alienantes en la sociedad. Este es un reto que se hace imprescindible en los tiempos actuales en los que predomina la búsqueda de certidumbre y control, junto con una sensación de inseguridad y sobreprotección en la educación. Es esta combinación un tanto disfuncional para erradicar los problemas personales y sociales derivados del adoctrinamiento, y que tal vez requiere de una reflexión y de un cambio en los sistemas de educación actuales.

La naturaleza humana

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Nos encontramos en un momento histórico muy interesante, dado que el progreso de la tecnología está siendo tal que está planteando algunos interrogantes sobre la concepción misma del ser humano. El término “humano” proviene de la palabra raíz humus (tierra) y del sufijo –ano (de procedencia o pertenencia). De alguna forma, cuando se dice que somos humanos, se quiere expresar que procedemos de la tierra, tal como se recoge por cierto en algunas tradiciones religiosas en las que se señala metafóricamente que Dios moldeó al hombre con arcilla o tierra. Nuestra humanidad, etimológicamente, tiene que ver también con el carácter humilde (humilde así mismo procede de humus); por ello, cuando se dice que alguien es humano, damos a entender que hay una imperfección y una aceptación humilde de ello.  Si por el contrario, alguien es inhumano, se hace referencia a que realiza imposibles con una presión enorme por la perfección.

Inmersos en la era digital y sujetos a una gran presión de excelencia y perfección, todo está robotizado y milimétricamente calculado en su forma de manifestación. La robotización está llegando a numerosos campos, tal como por ejemplo el militar, donde la precisión es muy valorada (http://www.elmundo.es/tecnologia/2017/04/17/58f49d2eca474157508b4590.html). La digitalización y la robotización están impregnando nuestras vidas y deshumanizando muchas áreas, dado que con gran frecuencia se prescinde de los elementos humanizadores de la cultura a lo largo de la Historia, en aras de una mayor precisión y eficiencia.

Este momento histórico nos plantea el reto de desarrollar la tecnología y el entorno virtual y digital pero de una forma humana, que no robótica. La virtualidad y las nuevas tecnologías no deberían generar una vinculación deshumanizada impersonal, sino al contrario deberían ser una ayuda para la construcción de un soporte psicológico-social y cultural humanizador, y en contacto con el sustrato vivo. Esto implica inevitablemente la educación en el uso responsable de las nuevas tecnologías tanto para niños como para adultos, y su progresiva y cuidadosa introducción en la vida de los niños, dado que todavía desconocemos los efectos que pueden producir a medio o largo plazo. Lo que sí parece evidente es que producen cambios importantes en las pautas de socialización y de vinculación interpersonal, algo que ya de por sí debería de suscitar prudencia. Muchos de los gurús de las nuevas tecnologías parece que ya se han percatado, restringiendo y retrasando la edad de inicio de sus hijos en el manejo de dispositivos tecnológicos (http://www.ticbeat.com/educacion/en-silicon-valley-triunfan-los-colegios-sin-ordenadores-ni-wifi/). Estamos en un terreno desconocido que, sin lugar a dudas, merece estudio, prudencia, tiempo y sosiego. Está en juego lo que vamos a ser en un futuro inmediato: seres humanos, digitales, virtuales, robóticos…¿Tú cómo te ves y qué “ser” quieres ser?

La despersonalización tecnológica: el sistema

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He aquí un relato con el que fácilmente nos podemos sentir identificados en algún momento:

“Me levanto una mañana con un mensaje en mi correo electrónico: tercera notificación de impago de una empresa de alojamientos y servicios relacionados con la web. Les llamo sorprendido y nos damos cuenta de que tenían el número de una tarjeta de crédito caducada. Todo parecía correcto hasta que les pregunto que las cantidades a facturar no me concuerdan con el hosting contratado. Entonces me hacen referencia a un correo electrónico que me habían enviado hacía más de tres meses en el que me avisaban de que si no actualizaba la versión de un soporte técnico me cobraban una cantidad adicional al mes. Es decir, me hacían un cargo en cuenta sin mi consentimiento expreso. Obviamente, en el correo electrónico recibimos tanta información que gran parte de ella pasa inadvertida. Tras varias gestiones, se soluciona el problema; me dicen que cancelan el servicio suscrito sin mi consentimiento y que no se carga esa cantidad a la tarjeta. Al día siguiente, me levanto y… un mensaje en mi smartphone: nuevo cargo en tarjeta de crédito. Increíble, me habían pasado al cobro esa cantidad. Vuelvo a llamar. Les muestro mi incomodidad con la situación y me dicen que el cargo estaba en el sistema y que ya no se puede hacer nada, pero que no me preocupe, que al día siguiente se procede a la devolución. Como manifestó la persona de atención al cliente, el sistema no se puede paralizar por un caso.”

Esta situación aparentemente trivial y sin importancia esconde, bajo mi punto de vista, uno de los peligros de la digitalización. La máquina finalmente toma el poder por omisión de las personas,  y trata a éstas como elementos del sistema, de tal manera que no importan los sentimientos o las intenciones de cada una de ellas. No eres más que un dato más a procesar. Si bien la despersonalización ya se ha encontrado con anterioridad en servicios de archivo y atención al público, la era digital amplifica los efectos de la despersonalización. Ya no importa lo que uno diga, haga, piense, sienta o intente; lo que importa es lo que está registrado en el sistema. Además, las tropelías que haga el sistema no tienen, en la mayoría de los casos, consecuencias judiciales ni para él, ni para sus supervisores. Al sistema no se le juzga por delincuente, ni se le impone una multa; su actuación siempre se justifica fácilmente con expresiones tales como “el sistema se ha venido abajo”, “el sistema está sobrecargado”. El sistema carece de responsabilidades y los supervisores aluden a fallos del sistema cuando ocurre una tropelía.

Tener capacidad para elegir lo que quieres para tu vida, sin que te sea impuesto por un sistema, es un gran desafío ante el que nos encontramos. Los sistemas pueden hacernos creer que tenemos el control sobre nuestras vidas, cuando en realidad son ellos los que nos controlan.  La vuelta al trato personalizado, donde las personas vuelvan a ser protagonistas de sus vidas, es el mayor antídoto para este virus contagioso de la digitalización. Allá donde haya despersonalización, pongamos personalización; allá donde haya la frialdad del dato del sistema, pongamos el afecto de un vínculo interpersonal. Mantengamos nuestra condición humana como criterio fundamental de decisión, por encima de eso que llaman el sistema.

Naturalidad

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Encontrarse con una persona que se muestra de forma natural, sin artificios adicionales y  sin clichés y máscaras sociales, es un disfrute. Es una experiencia semejante a la que nos encontramos con niños de hasta tres, cuatro e incluso más años, cuyo desparpajo nos asombra, nos divierte y nos enseña. Con el paso del tiempo, sin embargo, la socialización que incluye los modelos parentales y las costumbres o normas culturales aceptadas va poco a poco presionando a esa naturalidad hacia su inhibición u ocultamiento. Así en la edad adulta, las personas muestran una mayor rigidez, que no consistencia, en su manera de expresarse y ser en muchos ámbitos, como el familiar, social, laboral o incluso en el más privado o íntimo.

Respetarse a uno mismo y a los demás, mostrándonos de forma natural en nuestro necesario proceso de socialización es un reto desde que nacemos hasta que morimos. Para expresarse de forma natural, no hace falta ni ser excepcional, ni intentar deslumbrar a nadie. Sí es recomendable encarar la vida y el ser uno mismo como un descubrimiento, más que como un logro o consecución. Ser natural está asociado al descubrimiento incondicional de uno mismo y a la sorpresa, entre todas las rutinas y normas sociales con las que convivimos. Es esta capacidad de sorprender un poder capaz de penetrar en lo más profundo de las personas, aportando sosiego estabilidad y confianza tanto en el que sorprende como en el sorprendido.