Actuar y tomar decisiones en condiciones adversas

En el anterior post, vimos cómo afrontar situaciones críticas que son encrucijadas vitales, que requieren de decisiones importantes en situaciones enormemente estresantes y difíciles. Tomar decisiones y actuar adecuadamente cuando las cosas van bien es fácil. Si los vientos son favorables y la mar está en calma, el barco navega deprisa y firme hacia su rumbo. Pero si surgen contrariedades, o los vientos son desfavorables o hay temporal, tomar decisiones y actuar adecuadamente ya no es tan fácil. Cualquiera de nosotros puede haber experimentado, por ejemplo, que fácil es gestionar un negocio cuando hay bonanza económica; o qué fácil es enseñar a alumnos, cuando estos quieren aprender; o qué fácil es la relación con tu pareja cuando hay una buena comunicación y una buena economía familiar. Pero qué ocurre si estas circunstancias no son las habituales y son, por el contrario, desfavorables. En ese momento se ve quién está preparado. Hay un cuento tradicional zen que explica a la perfección estas circunstancias. La historia cuenta que había un arquero joven y preciso, con unas dotes excepcionales, que ganaba todas las competiciones que se celebraban. Daba igual a la distancia en la que se situaba la diana, que él era certero. Tal era su habilidad que se jactaba de la misma, y se atrevió a retar a un maestro arquero zen. El maestro viendo su afán y arrogancia, aceptó el reto. El joven arquero  mostraba su potencial en los entrenamientos, siendo certero a cualquier distancia que situaba la diana y no veía cómo el maestro arquero podría ganarle. Llegó el día del reto y el maestro zen le dijo: “La diana se situará a 100 metros, sígueme”. El joven aceptó complacido. Subieron a través de una montaña y llegaron a una zona muy alta en la que había un puente colgadizo consistente en un tronco de madera inestable, debajo del cual se abría un gran precipicio. El maestro zen situó la diana al otro lado del puente e instó a que lanzara a 100 metros de la diana, en el medio del puente inestable en malas condiciones. El joven, víctima de los nervios, falló y el maestro, tranquilo, acertó.

La inexperiencia, o la experiencia plana con éxito y sin fracasos suele aumentar la arrogancia y bloquear la curiosidad por aprender. La virtud de la experiencia con luces y sombras bien asimiladas, hace que uno afronte con calma y determinación los desafíos de la vida en tiempos difíciles; y, cuando las condiciones son favorables, sigue desarrollando su habilidad y curiosidad, practicando y entrenando en diferentes condiciones aunque la senda habitual sea fácil. Como decía uno de mis maestros, siempre es bueno tener un poco de inquietud vital; si uno está absolutamente relajado sin sufrimiento alguno, se duerme y se estanca.

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