Narcisismo y/o desvalorización: cómo rehacer nuestro ego sin hacer(nos) más daño

Uno de los posts que más interés ha suscitado en este blog ha sido el del narcisismo. Sin duda, el egocentrismo narcisista produce efectos muy importantes, tanto en el individuo narciso como en el que lo sufre. En el narcisista, su ceguera para con respecto a sí mismo y su entorno, puede llevarle a dos estados antagónicos, pero que coexisten en muchos casos. Por una parte, (a) puede experimentar una seguridad y valía aplastante, con un impulso a atropellar, o sobrepasar de cualquier modo, a todo aquel que se le ponga por delante; (b) por otra, puede experimentar un vacío y desolación profunda, ya que en algún momento percibe que su “seguridad” y “valía” ni le llenan, ni le dejan en una posición todo lo satisfactoria y digna que cree merece. En el fondo, en la mayoría de los narcisistas, existe una fragilidad y desvalorización de tal magnitud, que si la percibiesen, sufrirían un dolor insoportable. Por ello, el narcisista compensa o enmascara su desvalorización más profunda, con una prepotencia y una ceguera para con respecto a opiniones, sentimientos y puntos de vista ajenos a él. Como dice el dicho popular, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. La cultura popular recoge algo que las ciencias psicológicas han estudiado con metodología científica. Si estás a gusto contigo mismo, no necesitas presumir ni hacer ostentación de tus virtudes. El sufridor del narcisista puede, de igual manera, ubicarse en dos estados, que también coexisten: (a) por una parte, en un estado de admiración ante la luz y ostentación del narcisista; o (b), por otra, en un estado de confusión y, en muchos casos, de desesperación, cuando percibe que su admiración no colma las expectativas del narcisista y es presionado para actuar al son que marque su estrella idolatrada. En muchas ocasiones podemos observar que la “víctima” del narcisista es alguien con autenticidad en sus valores y actitudes, con competencias y habilidades valiosas, pero con tendencia a la idealización y con cierta dependencia afectiva: busca el reconocimiento de los demás y, en particular, del individuo narcisista.
Por debajo de la piel, tanto del narcisista como de sus víctimas, se esconden con frecuencia sentimientos desagradables de desvalorización, de desesperación, de impotencia y de rabia. Cierto que, aunque sus orígenes son distintos, pueden tener conexiones significativas entre sí. El sufrimiento y desvalorización del que sufre a un narcisista, puede derivar en una actitud egocéntrica, con una cerrazón infantil en sus propios puntos de vista. Es decir, el dolor puede generar un comportamiento narcisista semejante al que presentan los narcisistas más tempranos Desde estas consideraciones, sale a relucir el principal problema a mejorar en nuestra vida: cómo rehacer nuestro ego dañado sin hacer o hacernos más daño. El daño en el ego es inevitable y universal. Un niño, cuando no es valorado debidamente, o cuando es anulado a través de las órdenes y programas implacables de los adultos, sufre un daño que intentará reparar. Y lo hará cuando pueda, y como pueda o como sepa. En este proceso, puede, sin embargo, producir sufrimiento en los demás, de forma muchas veces inconsciente. Podemos sin embargo, neutralizar el daño propio, sin hacernos más daño y sin hacérselo a otros. Propongo los siguientes pasos:
1) En un primer momento, reconoce tu sufrimiento y el que padecen los demás, sin intentar eliminarlos o cambiarlos. Tan sólo reconócelo y mira cómo se manifiestan en ti y en los demás.
2) Reconoce o identifica qué haces de forma automática para aliviar tu dolor y sentimientos desagradables: por ejemplo, pensar en otra cosa, fantasear con un mundo mejor, distraerse, echarle las culpas a otra persona, quejarse, humillar a otra persona, ser autoritario, presumir de algo, ser caprichoso, marcharte y dejar a alguien “colgado” y sin palabras, desaparecer, buscar el poder como prioridad, buscar el afecto y el reconocimiento de los demás etc…
3) Observa qué efectos produces en los demás: los atemorizo, se asustan, me evitan, me critican, me alaban, huyen de mí, están cómodos, me sonríen, están agradecidos etc…
4) Observa si la gente que está a tu lado se expresa con naturalidad y autenticidad, sin hacer esfuerzos, y si cooperan genuinamente; o si, por el contrario, sólo escuchas y ves cosas que quieres oír o ver, pero que no son espontáneas y son forzadas.
5) Decide qué hay en tu vida que no encaja con lo que quieres, y experimenta la frustración que te produce, sin hacer nada
6) Traza a continuación un plan para ir hacia lo que tú quieres y que sea lo más beneficioso para ti y para tu entorno. Considera fundamental el criterio del beneficio para todos: el beneficio para todos es beneficio para ti. Así mismo, busca lo mejor de cada cual y prescinde de la negatividad de las personas, manteniéndote lejos de vampiros emocionales que no aporten algo al proyecto común, o que lo entorpezcan con caprichos personales.
7) Ejecuta el plan con tranquilidad y determinación, manteniéndote atento a las emociones que desarrollas así como los efectos que produces en ti y en los demás, y con el propósito firme de crear un efecto beneficioso que se extienda a los que te rodean

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