Valor, confianza en uno mismo y equilibrio

“Confía en ti mismo”, “ten una alta autoestima”, “confía en tus capacidades”, “vete a por todas”o “a por la victoria”, son dichos que la gente considera importantes para tener éxito. Incluso, se han convertido en autoafirmaciones, a modo de mantra, que las personas se dicen a sí mismo o exteriorizan en diferentes situaciones de la vida. Tenemos multitud de ejemplos de interjecciones, gritos y onomatopeyas que los guerreros utilizaban (y utilizan) antes del combate o batalla:¡¡ Abú!!, por parte de los guerreros celtas, queriendo decir “hasta siempre o hasta la victoria”; ¡¡Alala!!, muy similar a Hallelujah, grito de júbilo, utilizado por los guerreros de la Antigua Grecia; ¡ Banzai !, grito  utilizado por los pilotos japoneses kamikazes durante la Segunda Guerra Mundial, con un significado de “¡viva!” o literalmente “diez mil años”. Estos gritos que ejemplifican el valor, permanecen en nuestros días, por ejemplo entre los deportistas, con expresiones tales como ¡vamos! La interiorización del valor y de sus manifestaciones está relacionada con la experiencia interna de la confianza en uno mismo o con la convicción. Cuando alguien confía en sí mismo, reexperimenta internamente estos gritos y onomatopeyas, armándose de valor en situaciones complicadas o estresantes. La exteriorización pública de estas frases probablemente esté ligada a la cultura; las culturas más orientales, menos expresivas hacia fuera y dirigidas hacia el mundo interno, expresan su confianza y valor de forma más encubierta.

El valor y la confianza, elementos fundamentales en nuestra vida,  necesitan un contrapeso para equilibrar los desajustes de un exceso de ambos. El exceso de confianza en uno mismo lleva a la soberbia y a la desconsideración narcisista; el exceso de valor lleva a la temeridad a uno mismo y a otros. Un punto de equilibrio es apropiado: confiar en uno mismo sin desvariar y avasallar, abierto a ideas y respetuoso con los demás, y tener valor, siendo consciente del riesgo y de las emociones y consecuencias asociadas. Los factores de equilibrio o de regulación son los más difíciles de encontrar en nuestra sociedad, ya que suelen ser los últimos en desarrollarse. Así, cuando alguien experimenta éxito desbordante, no quiere saber y/o no suele tener idea, ni de la caída que puede tener, ni de las consecuencias adversas de lo que hace. En nuestra educación aprendemos a tener éxito, a competir, a esforzarnos, a ganar, incluso a perder; pero difícilmente, nos enseñan a desarrollar la modestia, la humildad o el respeto. Suele ocurrir, que la vida nos da una lección sin nosotros buscarla; es, entonces, cuando nos interesamos por estos elementos reguladores de nosotros mismos. Finalmente,  te das cuenta de que tu poder es inmenso, sí, tienes confianza y valor; pero tu poder es una gota insignificante en un océano. Es la paradoja de ser todo y ser nada al mismo tiempo; ese es el punto de equilibrio.

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