Reciprocidad equilibrada, amor incondicional y regulación emocional

Desde diversas disciplinas, se ha mencionado a la reciprocidad equilibrada como fundamental en las relaciones interpersonales. Dentro de la interdependencia adaptativa, se incluye el dar y recibir por igual, como fundamental para tener relaciones saludables con otras personas. En la Antropología, los sistemas de intercambio de bienes eran conocidos en culturas muy antiguas e, incluso se podían producir intercambios muy llamativos en acuerdos de paz, en la que se podían incluso negociar matrimonios. Sin entrar a juzgar el contenido de dichos intercambios – arreglar matrimonios entre familias puede parecernos deleznable, bajo nuestra cultura-, lo cierto es que intercambiar algo, con una cierta equidad, parece necesario para asegurar un equilibrio tanto social, como personal y económico. Dar más de lo que recibes, servir sin ser servido, esforzarte siempre para que otros vivan sin esfuerzo alguno, no es un medio apropiado para mantener una armonía. En las culturas más orientales, existe un marcado sentimiento de la reciprocidad. Incluso, en religiones como el hinduismo o el budismo, la reciprocidad equitativa se asienta en lo que denominan el karma. El karma sería como una ley de causa-efecto, que manifiesta un principio de reciprocidad impersonal en el cosmos, de forma que lo que hacemos tiene una contrapartida en lo que recibimos. De esta forma habría como un continuo balance de la experiencia, de forma que pasado, presente y futuro tendrían un sentido desde una perspectiva más amplia. Las Leyes de la Mecánica Newtoniana, incluyen estos principios de reciprocidad, mostrando que toda fuerza genera otra, de igual intensidad, pero en sentido contrario. En nuestras relaciones interpersonales, estos principios de equilibrio, podrían traducirse en el hecho de que cuando aportas un beneficio, esfuerzo, etc., se genera una dinámica que vuelve hacia ti, en la que te beneficias o recibes algo a cambio. Esta ley general de reciprocidad parece, por lo tanto, interesante, para vivir con perspectiva y sentido. Ahora bien, en muchas ocasiones, esta reciprocidad equilibrada no la encontramos por ninguna parte. Muchas personas lo dan “todo”, pero claro está, no reciben todo lo que aportan, sino, al contrario, se les quita más o se aprovechan de ellos.

Uno de los campos donde esta reciprocidad es importante es en las relaciones de amor entre las personas, tanto si hablamos de parejas, como familia o como amigos. El amor incondicional y/o la aceptación incondicional, aparecen en las guías de vida saludable, como si fuera algo que debemos desarrollar. Sin embargo, el significado de estas condiciones en las relaciones interpersonales se ha sacado fuera de contexto. El amor incondicional no implica un amor asimétrico en el que tú das todo, te entregas, incluso aunque no recibas nada de los demás. Esta presuposición fomenta la explotación de las personas, generando relaciones de codependencia, de forma que una de las partes de la relación esté para servir a la otra, estando pendiente de sus necesidades. Siempre es necesario un elemento regulador, que equilibre las fuerzas en las relaciones de amor entre las personas. Tomar contacto con las fuerzas negativas, opuestas a la entrega incondicional, es necesario; siempre que alguien dé algo, hay la posibilidad de que otra persona viva parásitamente. La negación de esta posibilidad, al idealizar una relación, o la incapacidad para ver este fenómeno, por el dolor que se siente, es algo a explorar. Si ves esta posibilidad y percibes el dolor ante esta posibilidad, las fuerzas se muestran equilibradas y hay una regulación emocional dentro de ti. Entonces, el amor sí puede ser, realmente, incondicional; entendiendo el amor incondicional, como afecto genuino, que ofreces libremente, desde tu deseo, que no está condicionado para obtener aprobación o el afecto de los demás, o para exigir algo de los demás. Así, el amor incondicional y la aceptación incondicional, son posibles, dado que existe un equilibrio necesario y basado en el conocimiento de las dinámicas interpersonales. Este conocimiento es el contrapeso para que las dinámicas de parasitismo y aprovechamiento no se apoderen de las relaciones interpersonales, y las conviertan en asimétricas y desajustadas.
(Nota. Puedes ampliar este artículo en la guía saludable: http://www.psicologiasaludable.es/index.php/guia-de-la-psicologia-saludable, que se irá actualizando y enriqueciendo  con novedades, periódicamente)

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