Inocencia psicológica, experiencia y madurez

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En nuestra vida, si miramos retrospectivamente y con conocimiento, seguramente podamos distinguir en cada uno de nosotros alguno de los siguientes elementos fundamentales en el desarrollo de las personas: la inocencia (psicológica), la experiencia y la madurez. La inocencia, de acuerdo con su significado etimológico nos indica la ausencia de “daño o nocividad” (proveniente de los términos del latín innocentia e innocens; in= no y nocens = daño; el verbo origen es nocere que significa “hacer daño”); es decir, implica una buena intención, transparente, sin pretender hacer daño y sin ocultaciones. Experiencia proviene del término latín experientia, que quiere decir ensayo o prueba. Madurez por su parte, deriva de maturus (latín), que significa con el desarrollo apropiado o que está en el momento oportuno. Estos tres componentes, en su justa medida y proporción, producen efectos saludables en nuestra vida. Necesitamos ilusión, buenas intenciones y una falta de segundas intenciones en lo que emprendemos, pero esto no es suficiente; también se hace necesario poner a prueba nuestros proyectos y aprender de la experiencia, así como asimilar tanto los fracasos como los éxitos de forma madura. Cuando hay una desproporción de alguno de estos aspectos, puede haber dificultades para superar los obstáculos de la vida. Nos podemos encontrar con varias posibilidades, que presento en la tabla y explico a continuación::

Inocencia, experiencia y madurez

a) Mucha inocencia y poca experiencia y madurez
Este patrón es característico de los adolescentes en sus primeras experiencias en búsqueda de la autonomía. Grandes ilusiones, grandes ideas, pero poco viables o que no perciben los obstáculos presentes, y no están forjados en la brega y en el mantenimiento de la actitud apropiada ante las dificultades. En un grado extremo, sería el patrón de los ILUSOS.

b) Mucha experiencia y poca inocencia y madurez
Este patrón o perfil es característico, entre otros, de personas hiperadaptadas a su trabajo, materialistas, sin autenticidad en lo que hacen, todo lo hacen con un fin normalmente de forma egocéntrica o caprichosa. Se incluyen en este grupo a trabajadores leales, conformistas, poco implicados en actividades interdependientes y en el que su vida está simplificada al máximo: sólo importa trabajar, experimentar sin cuestionarse ni plantearse nuevos retos que impliquen otras posibilidades y a otras personas. En un grado extremo sería el perfil de los HIPERADAPTADOS.

c) Mucha inocencia y experiencia y poca madurez
Este patrón es característico de personas muy idealistas o incluso ilusas que, a pesar de su amplia experiencia a veces adversa, mantienen su idealización con persistencia, a pesar de las evidencias que están indicando un cambio de estrategia en sus acciones, o una reformulación de sus objetivos. El grupo definiría a los IDEALISTAS OBCECADOS.

d) Mucha inocencia y madurez y poca experiencia
Este patrón es característico de personas muy comprometidas y auténticas, que trabajan con ahínco y responsabilidad en pos de grandes ideales, pero que carecen de la experiencia necesaria. Su inocencia y capacidad de trabajo les puede traer éxitos en un inicio, pero a la larga se les presentan obstáculos que pueden canalizar apropiadamente si aprenden de la experiencia y no se afanan en idealizaciones fantasiosas. Este perfil en su grado extremo se correspondería con el de IDEALISTAS COMPROMETIDOS.

e) Mucha experiencia y madurez y poca inocencia
Este patrón caracteriza a personas con un gran sentido del propósito y con intención en lo que hacen, siendo persistentes en pos de sus objetivos y metas. Dependiendo de otras características éticas y de vinculación interpersonal, las personas pueden ser o bien maquiavélicas con tendencia a la psicopatía y a la manipulación, o bien muy agudas en sus apreciaciones, con gran perspectiva en sus decisiones. Las personas de este grupo podrían denominarse en su conjunto PERSPICACES-INTENCIONALES.

La mezcla equilibrada de inocencia, experiencia y madurez produce los mejores efectos tanto para uno mismo como para los demás. Sin embargo, existen etapas en la vida que no se pueden saltar; la madurez óptima viene tras la experiencia bien asimilada y la experiencia se adquiere tras una fase inicial de inocencia inexperta. Lo importante es (re)conocer en qué fase estás y no pretender quemar etapas rápidamente, tan sólo haz lo que tengas que hacer en cada fase. El producto final maduro, como si se tratase de un buen vino, es una combinación de ilusión inocente, experiencia y maduración con el tiempo y en buenas condiciones. Mantener un punto de ilusión, sin dejarse condicionar en exceso por la experiencia y sin que la maduración excesiva atrofie nuestra plasticidad neuronal, es el reto para una vida saludable.

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