“Disincronía” entre desarrollo tecnológico y desarrollo psicológico-emocional

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El avance de la tecnología se está produciendo a un ritmo vertiginoso. En poco más de 30 años, el mundo en su manifestación externa ha cambiado – y está cambiando- de una manera extraordinaria y esto está afectando con la globalización a muchas partes de nuestro planeta. Hoy nos parece de lo más normal disfrutar de las ventajas de un ordenador personal, o de un smartphone con muchas prestaciones, o de internet de alta velocidad. Sin embargo, no nos damos cuenta de la evolución histórica. En España, por ejemplo, hace 25-30 años tener un móvil o un ordenador era un lujo, e internet era un recurso de limitado acceso. Recuerdo en los años 80 el famoso ordenador Sinclair ZX Spectrum, que era considerado un lujo en el Instituto de Bachillerato en el que estudiaba, y recuerdo en el comienzo de los años 90 cómo era un lujo tener un ordenador con los famosos procesadores Pentium, o hablar con un teléfono móvil de gran tamaño que, por ejemplo, mi hermano utilizaba para trabajar. Ya a mediados de los años 90 tuve mi primer ordenador personal y a finales de los años 90, creo recordar, mi primer teléfono móvil. Hoy en día, año 2015, lo que nos parece algo habitual como todos nuestros gadgets electrónicos y aplicaciones inteligentes, a los ojos de una persona adulta de 1980-1990 sería algo casi de ciencia ficción.

Este desarrollo tecnológico sin parangón no se ha acompañado de un desarrollo mental-emocional correlativo. Seguimos siendo bestias descontroladas por momentos. Todavía hay guerras, como hace miles de años, y por la tecnología existente, más destructivas. La gente pierde el control emocional y comportamental a menudo y se siguen creando problemas y odios entre personas, grupos, razas y pueblos, como ha ocurrido durante miles de años. Y lo más curioso, es que ahora que tenemos una tecnología que se supone puede hacer más fácil nuestra vida, sin embargo creamos problemas cuando no existen o los aumentamos estrepitosamente en lugar de resolverlos, o cuando tenemos una vida confortable queremos más y más de forma insaciable, y así un largo etcétera. La tecnología nos permite hacer las cosas más fáciles, pero sin embargo las personas no hemos sabido utilizarla de forma inteligente. Nuestra parte cerebral primitiva sigue siendo caprichosa e irascible y nos enfadamos de forma infantil ante cualquier limitación tecnológica y nos creamos cada día más necesidades. Queremos más y más, y si no hay problemas los fabricamos, incluso con la misma tecnología de ayuda. Hoy en día, la adicción a los elementos tecnológicos es tal que en muchas ocasiones se convierten en elementos sustitutivos de los elementos vivos. Por ejemplo, muchas personas han llegado a sustituir las relaciones interpersonales reales por relaciones virtuales, o la experiencia real por una experiencia virtual. Indudablemente, el gran reto para este siglo XXI no es tanto acelerar el desarrollo tecnológico sino avanzar en el desarrollo psicológico-emocional-personal imprescindible para usar la tecnología de forma apropiada y constructiva. Tener el motor de un bólido de fórmula 1 en el chasis de un utilitario conducido por un imprudente no es una buena combinación. ¿Cómo hacer una combinación constructiva y equilibrada entre tecnología y cerebro-mente? Te invito a que compartas tus puntos de vista y tus propuestas.

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