La llama de la atención

vela 5Una mujer de mediana edad se dirigía a la caja de un supermercado con su compra y pidió a un caballero que por favor la ayudase a subir dos garrafas de agua al mostrador, dado que pesaban mucho. El caballero aceptó gentilmente, pero en ese momento la cajera, alarmada, le dijo que no las subiese, que no lo hiciera de ninguna manera. En una situación un poco violenta, la cajera estaba agitada e indignada. El caballero, al ir a pagar posteriormente, charló amablemente con dicha cajera, preguntándole qué es lo que pasaba con la clienta. Con un rostro enojado y desencajado, ella le mostró su indignación porque dicha cliente fingía todos los días una lesión para obtener ayuda de los demás; y eso la enfurecía, ya que sabía bien cuando alguien sufre de verdad, máxime cuando estaba con molestias recién operada en un brazo. El cliente, seguidamente, pagó su compra confiadamente, sin prestar atención a su ticket de compra. Al llegar a su casa comprobó que la cuenta se había disparado, ya que la cajera se había equivocado y había cargado dos veces varios productos.

La atención es como la llama de una vela o de un fuego. Necesitas avivar el fuego o atender a la mecha de la vela y sustituirla cuando proceda, para que así no se extinga la llama. Este aspecto es uno de los principales problemas con los que las personas nos encontramos en el día a día. Mantenemos la concentración durante unos momentos, pero nos despistamos fácilmente. La propia ira e indignación apaga la llama de la atención, pero no sólo en uno mismo, sino en los que están alrededor. La ira e indignación no sólo es perjudicial para el que la sufre directamente, sino que puede impresionar y despistar a las personas del entorno. Apartarse de la negatividad ajena y enfocar la mente de forma continuada en lo que quieres son elementos fundamentales pra una vida saludable y exitosa.

 

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2 pensamientos en “La llama de la atención

  1. Gracias por compartir estas palabras. Cierto es la facilidad con la que nos dispersamos y dejamos de focalizar en aquello que existe en nuestro “presente”. No obstante, también era su presente la interacción con la cajera y lo que se estaba dando. Entonces, pienso que centrárnos en nosotros es realmente nuestra prioridad. Hace unos días leí y lo mismo viene al caso:

    Cuenta el periodista Sidney Harris que un día acompañó a un amigo a buscar el periódico a su puesto habitual. Cuando llegó al puesto su amigo saludó amablemente al vendedor y le pidió el periódico.
    El vendedor le contestó de manera brusca y desconsiderada y se lo dio despectivamente. Su amigo, no obstante, sonrió, le dio las gracias y le deseó un buen fin de semana.
    Al marchar, Sidney le dijo a su amigo:
    – ¿Este vendedor es siempre tan maleducado?
    – Si, suele comportarse así – dijo.
    – Entonces, ¿por qué eres tan amable con él?
    – Sencillo, porque no quiero que sea él quien decida como me debo comportar yo.
    “Nosotros decidimos cuándo, dónde, de qué forma, y con quién, vamos a mostrar lo que sentimos”. (Anónimo).

    Prestar atención a lo que somos, como bien dices, atender a que no se apague “nuestra luz” es prioritario.

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