Tecnología, creatividad y libertad

technologyEl desarrollo tecnológico tan vertiginoso en el que estamos inmersos puede llevarnos a confundir términos y conceptos. Tal como afirman muchos gurús de la era digital ( véase, por ejemplo, http://www.expansion.com/economia-digital/companias/2015/12/15/566fddd622601dc7438b45c4.html  , http://www.elmundo.es/economia/2015/10/22/5628d7cfca4741616c8b4638.html  o http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/05/11/actualidad/1462976174_037836.html ), parece que estamos abocados a un nuevo orden en la que “todo lo que puede ser digitalizado, lo será” y que “democratiza” el mundo, apareciendo una generación de nativos digitales, los “milennials” con un rasgo de creatividad que impregna todo su comportamiento, iniciativas y empresas. Sin ánimo de criticar los indudables beneficios de la digitalización, sí es necesario poner unos límites y ver los posibles efectos adversos sobre las personas, asuntos que parecen haber olvidado todos los gurús tecnológicos. La era digital puede hacer más sencilla la vida de las personas, pero también puede hacerlas esclavas muy fácilmente. No hace falta más que observar nuestra dependencia brutal del entorno digital-virtual en el día a día a través de los dispositivos móviles, algo que produce graves adicciones en muchas personas. Lo que ocurrirá dentro de una o dos décadas depende de nosotros, pero las predicciones tecnológicas se van cumpliendo, incluso si cabe con más rapidez de la esperada. Por otra parte, las predicciones de la OMS sobre la salud de las personas para el 2030 señalan que la depresión será la primera causa de morbilidad a nivel mundial, con un importante factor de discapacidad de la enfermedad mental que ya actualmente en los países de nivel socioeconómico bajo-medio representa entre un 25% y 35% de los años perdidos por discapacidad a nivel mundial. Creatividad la ha habido siempre en nuestro mundo, desde que el ser humano existe como tal; lo que han cambiado son las condiciones de la cultura y el desarrollo tecnológico. No confundamos el proceso mental creativo con las herramientas; la tecnología y la digitalización del mundo son herramientas, pero no fines en sí mismos. La creatividad aplicada en la tecnología puede hacernos más felices o más esclavos. La creatividad puede ser manipulativa-esclavizadora o liberadora-constructiva. La primera está asociada a problemas de identidad personal y hábitos o rituales tecnológicos automatizadores sustitutivos de uno mismo, generando seres digitales programados en donde el entorno virtual se “come” al entorno físico; la segunda, emplea la tecnología como un asistente para la vida y tus elecciones, y genera más contacto interpersonal saludable físico y mental. El reto pues no sólo es ser creativos, sino serlo de forma constructiva y liberadora.

 

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La incertidumbre y el asombro creativos

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Viendo la Historia con perspectiva, el mundo en el que vivimos, aunque con desigualdades, tiene muchas más comodidades que hace unas décadas. Si preguntamos a nuestros referentes ancianos, nos pueden ilustrar a fondo sobre esto. La tecnología actual nos sugiere que todo se puede controlar, y además de forma instantánea. Con el teléfono móvil podemos transferir o recuperar información al instante, podemos controlar a distancia nuestros aparatos electrónicos, nuestros electrodomésticos, llegar a una dirección exacta gracias al GPS etc… Si una persona hace 50 años fuese hibernada y se despertase hoy, no daría crédito a los adelantos actuales, salvo que fuera un visionario. Estos cambios marcan una época y están afectando al ser humano. Aunque faltan estudios consistentes al respecto, los estilos de relación entre las personas son más virtuales y la instantaneidad de la tecnología parece que está generando nuevas adicciones y/o dependencias, con una disminución de la tolerancia a la frustración y con una demanda de inmediatez en las recompensas. La abundancia actual sin un contrapeso es como un caballo desbocado sin guía. Ante estas señales tempranas de decaimiento social y humano, parece fundamental el desarrollo de un nuevo estilo de educación que promueva lo que se podría denominar “incertidumbre creativa”. Nuestros antepasados se han encontrado con situaciones complejas que han afrontado desde la ignorancia y la incertidumbre más auténticas; se trata de un espacio mental en el que se permite el desconocimiento a la vez que el asombro ante las nuevas experiencias, en las que el control es algo posterior. Lo tolerancia de la incertidumbre nos ha permitido progresar y “llegar” a un punto con más abundancia y riqueza tecnológica. Ahora bien, si nos empachamos con el control y la abundancia, en detrimento del asombro e incertidumbre, probablemente nuestra digestión se convertirá en indigestión. El gran desafío está en nuestras manos: ¿cómo vivir en un mundo tecnologizado y con abundancia, pero a la vez con esa chispa de asombro y tolerancia a la incertidumbre?

El poder de conectar las experiencias con uno mismo: adiós a las adicciones y sustitutos

P1000826Cuando una persona sufre alguna dolencia en nuestra sociedad, se le enseña a buscar de forma automática y compulsiva algún método para paliar, erradicar, ocultar o enmascarar su dolor. En el plano más psicológico, los expertos –sobre todo, psiquiatras- han construido los libros “sagrados” de los trastornos mentales (los manuales diagnósticos de los trastornos mentales DSM-5, CIE-10), donde las personas son etiquetadas y  creen que encuentran “alivio” al saber lo que les pasa. Así, a una persona se le dice o señala que padece un trastorno de pánico con agorafobia, o a otra que tiene por ejemplo un trastorno bipolar tipo I. Desde ahí, incluso se proponen unas guías de tratamiento protocolizadas en las que el usuario, paciente o cliente frecuentemente externaliza la responsabilidad de su mejoría en el profesional para que aplique la “medicina” apropiada, incluso aunque sea psicológica como la psicoterapia. El caso más extremo de esta protocolización y externalización de responsabilidades son los tratamientos psicofarmacológicos, en los que nuestra mejoría no sólo se delega en el profesional, sino en el fármaco o droga, originándose así muchas adicciones farmacológicas. Seguro que en nuestro entorno conocemos a doña María o a don Manuel, ambos ya en los 70 u 80, que desde hace varios años toman para dormir una pastilla (orfidal, lexatín por ejemplo) y no pueden vivir sin ella. Por supuesto, el dolor y el sufrimiento son elementos que, aun formando parte de la vida de las personas y de nuestro mundo, deben ser “combatidos”. No nos podemos quedar con los brazos cruzados, resignados ante ellos, aunque tampoco es cuestión de afrontarlos de forma infantil o inmadura, como si no fuesen con nosotros, como si fuesen un elemento ajeno a nosotros que hay que eliminar o quitar como si se tratase de un chicle pegado a la suela de un zapato. Entonces, ¿cómo hacer este afrontamiento? Se han hecho varias propuestas, todas ellas con sus puntos de interés, pero que como discutiré confluyen en un punto de encuentro.

Por una parte, nos podríamos centrar en nuestras capacidades y fortalezas, tal como propone la Psicología Positiva, y que parece una reacción a esta visión negativa y enfermiza del dolor y sufrimiento, produciendo con desenfreno lemas y cursos con títulos sugerentes tales como “desarrolla tu asertividad y autoestima”, “curso para ser feliz”, “aprende a fluir”, “ desarrolla tu autocompasión”, “practica el optimismo”, “ desarrolla tus potencialidades” etc.. Indudablemente, la práctica de hábitos saludables genera funciones mentales saludables y el ejercicio de psicología positiva, valga la redundancia, es positivo para ello. Por otra parte, desde una estrategia más correctora, podemos aprehender en la experiencia los conflictos y errores en los que estamos inmersos encontrando soluciones alternativas. Normalmente, desde este punto de vista, el profesional guía a la persona en este proceso que puede ser doloroso, ya que implica cambiar hábitos inadecuados que se han hecho estables en uno mismo o darse cuenta de dinámicas nocivas para uno mismo y/o para nuestro entorno. La tercera alternativa sería la combinación de las dos anteriores y que constituye el punto de encuentro entre ambas. Darnos cuenta de dónde estamos, de cuáles son nuestras fortalezas y fragilidades, así como tomar contacto con nuestros conflictos son elementos fundamentales del punto de partida. Dar sentido a nuestra vida y tomar nuestros asuntos vitales y problemas de forma constructiva aceptando los retos es clave. Navegar en el barco de la vida no depende ni de una pastilla ni tampoco de un profesional psicólogo o psiquiatra, realmente sólo depende de ti. La conexión de uno mismo con las propias experiencias es lo que muchas veces se pierde, y ello deriva en múltiples adicciones que impiden tomar las riendas de tu vida. Cuando ya tomas las riendas de tu vida, la práctica de hábitos saludables potencia y refuerza esta conexión de uno mismo con tus experiencias. Aprender a conducir un coche se hace conduciendo confiadamente en tus capacidades y posibilidades. Los profesionales terapeutas, y en ocasiones algunos fármacos, son sólo ayudas para que retomes la conexión con tu propia vida – nunca sustitutos de ti mismo-, y para que aprendas hábitos saludables que desarrollen tus potencialidades y posibilidades. Llegados aquí, la pregunta clave surge:¿estás conectado con tu experiencia, o predominan muchos sustitutos de ti mismo en la vida?

Las dinámicas de la codependencia y de su resolución saludable

Una persona vive los problemas de otra, como si fueran suyos, y se hace cargo de sus necesidades y demandas, olvidándose de sus propias metas, deseos y necesidades. Toda su vida está supeditada a las necesidades de otra persona, de forma que incluso llega a sentirse recompensada por la atención, reconocimiento y aprobación que la otra persona hace a sus esfuerzos. En cierta manera,  está sintiéndose o creyéndose importante; a veces, como un salvador para otra persona. Como se escucha, con frecuencia: “Es que sin mí, el chico no iría a ninguna parte” o “me necesita, porque está muy limitado, y mire, es que no puede hacer nada”. Estos comentarios pueden, por ejemplo, ser los de una madre y un padre, ambos sufridores, de los problemas de un hijo. Estas afirmaciones, además, reflejan varias  realidades:

1º Una persona puede, o no, tener problemas de diferente gravedad y puede necesitar más o menos ayuda.

2º Los acompañantes, familiares, amigos, educadores y/o parejas, pueden generar un síndrome de incapacitación en otras personas, o interferir en la solución de los problemas, al impedir que puedan manejar sus problemas y desarrollarse dentro de sus capacidades. En los casos más graves, pueden incluso generar incapacidades psicológicas en personas que no tienen ningún problema.

3º Los sufridores, o individuos al servicio de otra persona necesitada, adquieren una identidad basada en que son imprescindibles para otros y no son capaces de desempeñar otro rol diferente.

Los hechos hasta aquí descritos muestran la “codependencia”,  que se refiere a las conductas y dinámicas emocionales de aquellos que se hacen cargo de las necesidades de otras personas  en un grado tal, que sus propias necesidades se bloquean o se niegan por completo.   La codependencia se ha descrito, tradicionalmente, en ámbitos como las adicciones, el cuidado de personas con discapacidades o trastornos psicológicos.  Sin embargo, la codependencia es un concepto con un amplio espectro de aplicación adicional, entre los que se pueden destacar las dinámicas de familia, de pareja y las del trabajo. Independientemente del campo de aplicación, la codependencia aparece a través de dos dinámicas principales:

1.- La dinámica del sufridor imprescindible, que puede incluso ahogar a la persona que intenta ayudar. El perfil de este tipo codependiente es de aquel que basa su identidad y autoestima en el afecto de otras personas y, característicamente, busca alguien frágil o con problemas para llenar su identidad insatisfecha o incompleta. En algunos casos, este tipo de codependiente anula las capacidades de la persona “ayudada” y la incapacita para encontrar sus soluciones.

2.- La dinámica del codependiente idealizador y buscador de lo extraordinario. En este segundo caso,  el codependiente busca, inconscientemente, alguien excepcional o con características notorias, de forma que su relación con este personaje cree le proporciona valor y entidad. Esta idealización es captada o detectada por el individuo idealizado, que recoge esta fragilidad de la persona codependiente, utilizándola para que satisfaga sus necesidades. Así se producen conductas de explotación psicológica e instrumental, donde el flujo siempre es unidireccional, desde el codependiente al, en este caso, beneficiario y explotador de la situación. Normalmente, el perfil del explotador suele contener rasgos manipuladores o maquiavélicos, tal como presentan los psicópatas y/o narcisistas.

La codependencia  es una forma de vinculación no saludable, ya que vulnera la equidad bidireccional en las relaciones interpersonales. Toda relación interpersonal, para ser fructífera y generar un equilibrio en ambas partes, debe implicar un dar y recibir por igual. Cierto es que, en algunos casos, puede haber una parte que aporte más, porque tiene más que dar; pero dicho exceso no debe generar grandes desequilibrios, ya que produce tensiones en un sistema que pueden explotar o producir problemas en algunas de las partes integrantes. Si, por ejemplo, en una familia, un hijo adolescente explota a sus padres, exigiéndoles que se colmen sus deseos y necesidades, da lugar a que (1) el joven no desarrolle la tolerancia a la frustración, pudiendo en el presente, o en un futuro próximo, tener problemas de integración social; y (2) sus padres no disfruten de lo que producen, siendo un mal modelo para los más jóvenes y generando una vinculación insalubre en la sociedad. En otras palabras, se muestra en la sociedad que un adulto no puede autorrealizarse de acuerdo a sus capacidades e intereses, y que lo más fácil es convertirse en un parásito o vivir a costa de los demás. Por ello los desequilibrios en el dar y recibir son algo a evitar, y en el caso de que se produzcan es necesario neutralizarlos con alguna compensación.

Transformar la codependencia en una vinculación sana,  es un proceso que implica e integra los siguientes pasos:

1.- Detección de la codependencia en uno mismo.

Consiste básicamente en reconocer cuánto tiempo dedicas a objetivos de los demás y cuánto a objetivos y necesidades propias y/o compartidas; y en reconocer la respuesta emocional ante la atención a los demás.  Comprueba si el ocuparte de otras personas o problemas ajenos te hace sentir, aparentemente, bien e importante.

2.- Detección de las dinámicas y personajes/roles en la interacción y dinámica codependiente.

Percibe y siente el papel qué juegas en las interacciones interpersonales: ¿eres un “salvador”, el “imprescindible”, el “idealizador” sirviente-acompañante de los “importantes o extraordinarios”? Toma contacto con tus sentimientos, cuando no juegas alguno de estos papeles. En estos momentos, puedes sentir un cierto vacío o tristeza, como si no estuvieses lleno de vida.

3.- Retirada del rol codependiente y puesta de límites

Toma una decisión firme y con determinación a ejercer el rol de ti mismo. No estás al servicio de nadie ni nada. Tú decides el papel que quieres, y éste no es servir a los demás desequilibradamente. Pon límites y define concretamente qué funciones vas a ejercer, y qué es lo que vas a dar y qué quieres recibir en la interacción.

4.- Aceptar las sensaciones internas y construir nuevos vínculos bidireccionales

Cuando te retiras del rol codependiente, puedes pasar por un período de tristeza y de falta de sentido a tu vida. Te has dado cuenta del tiempo que has perdido repitiendo hábitos agotadores y estériles para ti. Incluso, puedes ver que la forma que has tenido de ayudar ha podido perjudicar a otras personas. Acepta el dolor, recuerda las experiencias afectivas de reciprocidad mutua equilibrada que has vivido y construye nuevos vínculos: por fin eres libre. Notarás el vacío ante la ausencia del relleno anterior, pero también la gratificante sensación de que estás construyendo una identidad, de acuerdo a tus necesidades que van surgiendo y creándose en una vida que estás desarrollando.