La gestión de la basura y desechos en nuestra personalidad e identidad

Basura-menteDentro de nuestra Personalidad existen aspectos-rasgos propios ligados a una “(s)elección” personal-temperamental, pero así mismo existen otros rasgos-aspectos que no son de uno mismo, sino son solamente elementos proyectados o transferidos por otros. La mente tiene unos filtros que muchas veces dejan pasar todo tipo de “basura” y otros contenidos más adaptativos y se van haciendo un hueco importante dentro de uno mismo. Así se constituyen elementos de la propia Personalidad e identidad personal que, en sentido estricto, no pertenecen a uno mismo. La basura psicológica puede entrar en nuestra personalidad e identidad de varias formas:

1) Por la educación recibida de nuestras figuras de referencia: maestros, padres, modelos sociales, etc.
2) Por influencias de los grupos de nuestro entorno: grupos sociales de identificación tales como partidos políticos, tribus urbanas, asociaciones, grupos religiosos, grupos ideológicos, etc.
3) Por la experiencia de actos sociales con alta carga emocional-simbólica como ritos de iniciación, experiencias de desindividuación y que pueden estar o no mediadas por la ingesta de drogas.

Indudablemente, estas formas de penetración en la identidad y en la personalidad pueden ser beneficiosas ya que también elementos “positivos” pueden entrar de igual forma. El optimismo, la determinación o la amabilidad, por ejemplo, son aspectos saludables que son bienvenidos si se transfieren desde nuestro entorno a nuestro mundo interno. El problema surge cuando de forma indiscriminada todo penetra en nuestra Personalidad e identidad. Es como si una persona se intoxicase con una droga sin darse cuenta y presente en un aire que, aunque tiene oxígeno, está contaminado, y cuando lo percibe suele ser tarde y el tóxico ya forma parte de uno mismo. En ese momento, las personas suelen reaccionar virulentamente intentando expulsar todo lo que no es propio de uno de forma compulsiva y agresiva. Con este procedimiento, puede ocurrir que a veces áreas sanas también se expulsen de uno mismo. Por ejemplo, esto es visible cuando una persona ha estado sujeta a procesos de coacción, adoctrinamiento, maltrato o presión psicológica de forma continuada. En el momento que es consciente de ello reacciona de tal forma, que destruye los “buenos” vínculos que es capaz de establecer y se cierra en sí misma o se convierte en una persona hiperalerta e hipersensible que reacciona excesivamente rápido e intenso ante cualquier elemento del entorno, incluso positivo. Por todos estos condicionantes, al enfrentarnos con la basura psicológica depositada en uno mismo, se requiere de un cierto mimo y delicadeza con uno mismo. Entre este trato amable con uno mismo podemos sugerir las siguientes recomendaciones:
1) Es mejor desintoxicarse psicológicamente de forma lenta que rápida. Aunque tengas gran ímpetu en eliminar la basura, hazlo despacio, sin atropellos. Si eliminas algo, puedes tener como una reacción abstinencial ante la ausencia de una droga.
2) No obstante, apártate de la fuente tóxica. Si has identificado aquello que está dentro de ti y te ha mantenido maniatado/a o abducido/a, retírate del entorno donde esté. En caso de que eso sea imposible, toma medidas para no dejar introducir más basura psicológica. El saberlo, por sí sólo, suele ser muy eficaz para impedir que entren más elementos nocivos.
3) Conserva lo bueno que ves dentro de ti, aquello con lo que te has sentido y te sientes cómodo/a.
4) Mantén una actitud de aceptación asertiva de las experiencias vitales: explora tu relación con el entorno y muestra un sí a lo que ves/sientes apropiado y un no a lo que ves/sientes perjudicial o tóxico.
5) Desarrolla lo que necesitas o quieres para ti, sin intentar destruir lo que ves negativo dentro de ti. Enfocar la mente en algo adecuado para ti es el mejor antídoto para la desaparición de los elementos basura que forman parte de tu identidad.

Anuncios

El desarrollo de la asertividad equilibrada

Con seguridad, alguna vez habrán escuchado algo sobre la asertividad. Hoy en día proliferan cursos para el desarrollo de la asertividad, impartidos por numerosos profesionales, desde gurús de las relaciones interpersonales, psicólogos, entrenadores personales o “coaches”, consejeros, educadores, pedagogos, terapeutas… Curiosamente, la palabra “asertividad” no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque sí lo están otras palabras relacionadas, como aserción o asertivo/a. En inglés sí existe la palabra “assertiveness”, transformándose en español mediante el anglicismo castellanizado “asertividad”. La asertividad, de cualquier forma, deriva del vocablo del latín “assertio”- aserción en español- que quiere decir “acción y efecto de afirmar o de dar por cierto algo”. Es decir, la asertividad se podría definir como la capacidad para afirmar o definir algo como cierto. En otras palabras, tiene que ver con una autoafirmación de un criterio definido por uno mismo y, por lo tanto, con una actitud de firmeza cuando alguien ha definido algo mediante un criterio propio. La asertividad, se desarrolla, se consolida y se pone a prueba a lo largo de la vida, en situaciones en las que aparecen presiones opuestas para que abandonemos nuestros criterios, o sigamos otros criterios, en contra de nuestra voluntad o criterio. Ciertamente, el temperamento influye en nuestra capacidad asertiva, así como las experiencias de seguridad y confianza en las interacciones sociales en nuestra infancia y adolescencia; pero su desarrollo no termina nunca, puesto que las presiones sociales y psicológicas siempre estarán presentes en la vida. Por ello, nunca es tarde para desarrollar nuestra asertividad, y cada experiencia es una oportunidad para ello. Las claves fundamentales son la identificación de estas puertas de oportunidad que se nos abren en la vida, y la puesta en marcha de un procedimiento de autoconocimiento y desarrollo personal en la interacción social. Voy a intentar resumir en 6 pasos un método para desarrollar la capacidad asertiva:

1)      Toma contacto con tu estado interno: el letargo psicológico y/o acomodación afectiva

Normalmente, la oportunidad de desarrollo de la asertividad, viene precedida de un estado de letargo psicológico o de acomodación afectiva a las experiencias. De esta forma, hay una sensación interna de comodidad monótona, en la que das por ciertos y aceptables, determinados patrones o interacciones sociales, aun sin estar de acuerdo con ellos. Puedes, en este estado, dudar de ti mismo, de tus convicciones, y supeditas o condicionas tus decisiones personales a factores externos (personas, presiones, opiniones ajenas…), que tienen gran poder sobre ti.  Esta fase se correspondería con un estado de anestesia psicológica en la que has cedido tu poder para experimentar una falsa comodidad. Como dice el refrán el “que no siente, no sufre”. Darse cuenta de esta fase implica el reconocimiento del letargo y de  una inquieta y monótona comodidad

2)      Identifica la falta de poder y autoridad sobre ti

Tras haber reconocido esta falsa comodidad, el siguiente paso es reconocer situaciones concretas en las que de forma ostensible o sutil, se te ha cercenado o te cercenas tu capacidad para decidir. Normalmente son situaciones asimétricas, en las que alguien te proyecta o te transmite una idea o un sentimiento, que tú aceptas o tomas como cierto sin ningún filtro, aun a pesar de que te duela o no estés de acuerdo. Normalmente, suele generar una cierta sensación de sorpresa incómoda, no sintiéndote libre para opinar lo contrario o de otra forma. Por ejemplo, esto puede ocurrir, cuando tu pareja da por supuesto y exige que sus peticiones deben ser correspondidas automáticamente, aunque veas que lo que te pide es desproporcionado e injusto. Lo mismo puede aplicarse en otros campos, como el trabajo o las relaciones familiares y sociales.

3)      Siente el miedo a la violencia que estás evitando

Normalmente, en estas situaciones asimétricas, en las que cedes tu autoridad a otra persona, hay unas dinámicas agresivas y violentas, desde un punto de vista afectivo, y, a veces, incluso en el comportamiento manifiesto. Probablemente percibes, aunque no eres consciente del todo, que manifestar o persistir en tu criterio va a generar una situación de alta o extrema violencia psicológica, apareciendo una dinámica potencialmente destructiva, y eso es desagradable. La evitación de esta dinámica afectiva, llena de ira y violencia, es uno de los factores que conduce a la paralización y al mantenimiento del letargo psicológico, sin afrontar las situaciones de forma asertiva.

4)       Siente tu estado interno real, sin presiones externas

No todo es violencia, ni agresividad, y enfrentarse a situaciones donde tu autoridad está dormida y donde la agresividad y violencia predominan, requiere de una ayuda. Esta ayuda no está fuera de ti, sino dentro de ti, aunque pueda haber personas que te faciliten su encuentro. Explora tu interior e identifica los vínculos afectivos de amor, los estados de tranquilidad y paz que has experimentado y puedes experimentar, así como tu determinación en momentos de tu vida. Estas herramientas son fundamentales para desarrollar tu asertividad. Dentro de ti, coge aquello que te ha producido bienestar genuino, desde el abrazo o cariño sincero de un familiar, de una pareja, de un amigo, hasta una conversación amistosa con alguien que quieres. Si te cuesta identificar, en este momento, alguna de estas experiencias, escoge algo muy fácil y universal; siente, por ejemplo, un momento en el que hayas respirado a gusto, o hayas paseado libre, explorando lo que te rodea, o simplemente un momento de satisfacción por existir. Siempre hay momentos de este tipo en  la vida de uno.

5)      Despierta y actúa: define y mantén tu criterio y retira el poder otorgado a otros

Ya has reconocido tu letargo, las situaciones opresoras, tus miedos y tu realidad satisfactoria. Ahora es el momento de ensayar, de entrenar en la vida real. Reconoce que el que define el criterio, en tu vida, eres tú, y nadie más. No importa tanto si tu criterio es o no el mejor; lo que importa es que la autoridad la tienes tú, tanto para acertar como para equivocarte, como incluso para ceder voluntariamente tu autoridad a otra persona. Es paradójico: la autoridad para ceder tu autoridad es tuya, y sólo tuya. La cesión de autoridad no es incondicional; si cedes tu autoridad, es de forma operativa porque reconoces que es positivo para la situación. Pero si ves que con la autoridad se abusa o se contradicen los criterios acordados, inmediatamente retiras el poder. Esto es ser asertivo. Cuando actúas, verás agresividad y que la gente intenta hacerte dudar y hacerte sentir culpable o que estás rompiendo algo prohibido o aceptado; tómalo como un criterio de que estás actuando correctamente. Tener un criterio propio implica estas sensaciones. Ese estado ya no es de acomodación. Empiezas a experimentar una incertidumbre y una curiosidad en tu vida. Es como una comodidad curiosa, estás despierto con todos tus sentidos y con incertidumbre vital pero con una tranquila seguridad.

6)      Sé humilde en tus convicciones y con tus criterios

La asertividad equilibrada se asienta sobre una base firme, en la que defines tus criterios, sabiendo que pueden no ser los mejores; pero reconoces que lo importante es el hecho de decidir tus criterios y tu vida. No obstante, sé humilde con tus criterios y convicciones,  busca afinidades y reconoce los criterios y convicciones de los demás como tan válidos como los tuyos. Sé curioso con los criterios de los demás, interésate por ellos y trata de buscar puntos en común con los tuyos. Estas actitudes así desarrolladas te ayudarán a ejercitar tu poder y ser asertivo, integrándote con las otras personas del mundo y con sus criterios y convicciones.