Anclajes externos e internos: adoctrinamiento versus autoconocimiento

IMG-20131003-WA0005Encontrar puntos de anclaje parece necesario para que nuestros proyectos fructifiquen. Las personas, generalmente, necesitamos unos puntos de orientación para sentir seguridad. Estos anclajes son elementos que aportamos los psicoterapeutas en un primer momento, cuando las personas manifiestan su desasosiego y expresan su desorientación. Ciertamente, las personas buscan estos anclajes y seguridad en el mundo externo, más que en su mundo interno, con frecuencia confuso y dolido o dañado a través de diferentes experiencias. Una prueba inequívoca de este anclaje externo es la identificación de la gente con muchos personajes públicos, imitándolos en la forma de vestir y expresarse y, en general, en sus costumbres conocidas o públicas. En grado extremo están aquellos que expresan una fascinación y una idealización de muchos líderes, como si de mesías se tratasen, tomándose sus consejos, iniciativas y comportamientos como los únicos deseados y válidos. En general, parece como que las personas necesitan una estructuración a la que se pueden acceder fácilmente creyendo ciegamente en otras personas y en lo que hacen, sin filtro selectivo alguno. La necesidad de creer en algo y la búsqueda de anclajes externos puede derivar en comportamientos dependientes, sectarios o fanáticos, que aportan certidumbre y una seguridad localizada fuera de uno mismo, pero no la seguridad en uno mismo y en el autoconocimiento.

Pasar de la búsqueda de anclajes externos rígidos al descubrimiento de anclajes internos flexibles constituye el mayor desafío personal para ser libres. La labor de los psicoterapeutas es la de aportar algún método para hacer este proceso desde estos anclajes externos a los internos, sustituyendo la necesidad de creer por el disfrute y autoconocimiento en la experiencia. Los problemas de la vida son estímulos para el autoconocimiento, no para el adoctrinamiento. ¿Dónde están tus anclajes: en el mundo interno o en el mundo externo? ¿Son rígidos o flexibles? ¿Te has o te han adoctrinado alguna vez? Tus experiencias y aportaciones serán bienvenidas.

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A propósito del primer contagio por ébola en España: el mecanismo de defensa de proyección

fotos noruega 046Ciertos hechos que en nuestra sociedad parecen sorprendentes e incomprensibles, tienen una explicación desde un punto de vista psicológico, que no una justificación. A propósito del caso de Teresa Romero, auxiliar de enfermería infectada de ébola en España, observé estupefacto las declaraciones del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, en las que culpabilizaba a la sanitaria de haber negado sistemáticamente que hubiese cometido un error al desvestirse del traje y de haber ocultado a su médico de cabecera que había tratado a un enfermo de ébola. Es curioso que un político acuse a una profesional sanitaria de negar y ocultar información, cuando justamente el contenido de sus acusaciones son características frecuentes de los políticos. La función política, si por algo se caracteriza, desafortunadamente, es por la opacidad en cómo se manejan las noticias y los acontecimientos, negando, ocultando y distorsionando la información. Estos son requisitos implícitos en el funcionamiento de la política, tal como la conocemos hoy en día. Poca gente asocia la función política con transparencia, veracidad y ajuste a la realidad, elementos necesarios para que los ciudadanos tengamos conocimiento de lo que ocurre. Esta forma de obrar, aunque pasa desapercibida en el día a día, “chirría” cuando ocurren situaciones críticas o inesperadas, que se escapan de las situaciones cotidianas. En las situaciones inesperadas y críticas de alto nivel de estrés, algunas personas – entre ellas, muchos políticos- reaccionan inconscientemente proyectando sus miserias y aspectos inaceptables de ellos mismos en otras personas. Este es un mecanismo de defensa psicológico denominado de proyección que permite poner en el exterior, en otras personas, los elementos inaceptables y negativos de uno mismo. Así la persona que proyecta estos elementos negativos se siente bien, con una sensación de bienestar, corrección y perfección, mientras que la persona que recibe las proyecciones negativas se siente culpable y con malestar, como que ha fallado y que no es una persona valiosa. Estas proyecciones negativas llegan a su máxima intensidad cuando aparecen personas con rasgos paranoides o narcisistas. Los narcisistas, para preservar su imagen de grandiosidad, infalibilidad, perfección y prestigio idolatrado, proyectan en otros, de forma extrema en sus subalternos, multitud de rasgos y emociones negativas, imperfecciones y errores, buscando en ellos fallos por muy insignificantes que sean, acusándoles de incompetencia y ocultando sus virtudes y logros positivos.
La proyección, no obstante y afortunadamente, tiene otra cara, cuando se proyectan elementos positivos. Por ejemplo, una madre puede proyectar elementos positivos sobre su bebé o hijos, tales como amor, deseo y confianza en que crezcan saludables, o que tengan éxito y bienestar. Así el niño sabe que ha sido y es deseado y valorado por los demás, y crece con una confianza que ha adquirido a partir de estas primeras proyecciones. Por supuesto, las proyecciones positivas deben ser transmitidas con mesura. La proyección indiscriminada y distorsionada de elementos positivos, muchas veces fantasiosos e irreales, puede producir arrogancia en el desarrollo de las personas, llevándoles en el extremo a un complejo o delirio mesiánico, con ideas megalomaníacas irreales. Por ello, es recomendable, sean cuales fueran las proyecciones que recibamos, el tener conciencia de ellas. Este conocimiento permite crear elementos propios, en cierta medida independientes de todas las proyecciones recibidas tanto de nuestros progenitores como de nuestros educadores, maestros y personas más próximas e influyentes sobre nosotros.

El desarrollo de la asertividad equilibrada

Con seguridad, alguna vez habrán escuchado algo sobre la asertividad. Hoy en día proliferan cursos para el desarrollo de la asertividad, impartidos por numerosos profesionales, desde gurús de las relaciones interpersonales, psicólogos, entrenadores personales o “coaches”, consejeros, educadores, pedagogos, terapeutas… Curiosamente, la palabra “asertividad” no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque sí lo están otras palabras relacionadas, como aserción o asertivo/a. En inglés sí existe la palabra “assertiveness”, transformándose en español mediante el anglicismo castellanizado “asertividad”. La asertividad, de cualquier forma, deriva del vocablo del latín “assertio”- aserción en español- que quiere decir “acción y efecto de afirmar o de dar por cierto algo”. Es decir, la asertividad se podría definir como la capacidad para afirmar o definir algo como cierto. En otras palabras, tiene que ver con una autoafirmación de un criterio definido por uno mismo y, por lo tanto, con una actitud de firmeza cuando alguien ha definido algo mediante un criterio propio. La asertividad, se desarrolla, se consolida y se pone a prueba a lo largo de la vida, en situaciones en las que aparecen presiones opuestas para que abandonemos nuestros criterios, o sigamos otros criterios, en contra de nuestra voluntad o criterio. Ciertamente, el temperamento influye en nuestra capacidad asertiva, así como las experiencias de seguridad y confianza en las interacciones sociales en nuestra infancia y adolescencia; pero su desarrollo no termina nunca, puesto que las presiones sociales y psicológicas siempre estarán presentes en la vida. Por ello, nunca es tarde para desarrollar nuestra asertividad, y cada experiencia es una oportunidad para ello. Las claves fundamentales son la identificación de estas puertas de oportunidad que se nos abren en la vida, y la puesta en marcha de un procedimiento de autoconocimiento y desarrollo personal en la interacción social. Voy a intentar resumir en 6 pasos un método para desarrollar la capacidad asertiva:

1)      Toma contacto con tu estado interno: el letargo psicológico y/o acomodación afectiva

Normalmente, la oportunidad de desarrollo de la asertividad, viene precedida de un estado de letargo psicológico o de acomodación afectiva a las experiencias. De esta forma, hay una sensación interna de comodidad monótona, en la que das por ciertos y aceptables, determinados patrones o interacciones sociales, aun sin estar de acuerdo con ellos. Puedes, en este estado, dudar de ti mismo, de tus convicciones, y supeditas o condicionas tus decisiones personales a factores externos (personas, presiones, opiniones ajenas…), que tienen gran poder sobre ti.  Esta fase se correspondería con un estado de anestesia psicológica en la que has cedido tu poder para experimentar una falsa comodidad. Como dice el refrán el “que no siente, no sufre”. Darse cuenta de esta fase implica el reconocimiento del letargo y de  una inquieta y monótona comodidad

2)      Identifica la falta de poder y autoridad sobre ti

Tras haber reconocido esta falsa comodidad, el siguiente paso es reconocer situaciones concretas en las que de forma ostensible o sutil, se te ha cercenado o te cercenas tu capacidad para decidir. Normalmente son situaciones asimétricas, en las que alguien te proyecta o te transmite una idea o un sentimiento, que tú aceptas o tomas como cierto sin ningún filtro, aun a pesar de que te duela o no estés de acuerdo. Normalmente, suele generar una cierta sensación de sorpresa incómoda, no sintiéndote libre para opinar lo contrario o de otra forma. Por ejemplo, esto puede ocurrir, cuando tu pareja da por supuesto y exige que sus peticiones deben ser correspondidas automáticamente, aunque veas que lo que te pide es desproporcionado e injusto. Lo mismo puede aplicarse en otros campos, como el trabajo o las relaciones familiares y sociales.

3)      Siente el miedo a la violencia que estás evitando

Normalmente, en estas situaciones asimétricas, en las que cedes tu autoridad a otra persona, hay unas dinámicas agresivas y violentas, desde un punto de vista afectivo, y, a veces, incluso en el comportamiento manifiesto. Probablemente percibes, aunque no eres consciente del todo, que manifestar o persistir en tu criterio va a generar una situación de alta o extrema violencia psicológica, apareciendo una dinámica potencialmente destructiva, y eso es desagradable. La evitación de esta dinámica afectiva, llena de ira y violencia, es uno de los factores que conduce a la paralización y al mantenimiento del letargo psicológico, sin afrontar las situaciones de forma asertiva.

4)       Siente tu estado interno real, sin presiones externas

No todo es violencia, ni agresividad, y enfrentarse a situaciones donde tu autoridad está dormida y donde la agresividad y violencia predominan, requiere de una ayuda. Esta ayuda no está fuera de ti, sino dentro de ti, aunque pueda haber personas que te faciliten su encuentro. Explora tu interior e identifica los vínculos afectivos de amor, los estados de tranquilidad y paz que has experimentado y puedes experimentar, así como tu determinación en momentos de tu vida. Estas herramientas son fundamentales para desarrollar tu asertividad. Dentro de ti, coge aquello que te ha producido bienestar genuino, desde el abrazo o cariño sincero de un familiar, de una pareja, de un amigo, hasta una conversación amistosa con alguien que quieres. Si te cuesta identificar, en este momento, alguna de estas experiencias, escoge algo muy fácil y universal; siente, por ejemplo, un momento en el que hayas respirado a gusto, o hayas paseado libre, explorando lo que te rodea, o simplemente un momento de satisfacción por existir. Siempre hay momentos de este tipo en  la vida de uno.

5)      Despierta y actúa: define y mantén tu criterio y retira el poder otorgado a otros

Ya has reconocido tu letargo, las situaciones opresoras, tus miedos y tu realidad satisfactoria. Ahora es el momento de ensayar, de entrenar en la vida real. Reconoce que el que define el criterio, en tu vida, eres tú, y nadie más. No importa tanto si tu criterio es o no el mejor; lo que importa es que la autoridad la tienes tú, tanto para acertar como para equivocarte, como incluso para ceder voluntariamente tu autoridad a otra persona. Es paradójico: la autoridad para ceder tu autoridad es tuya, y sólo tuya. La cesión de autoridad no es incondicional; si cedes tu autoridad, es de forma operativa porque reconoces que es positivo para la situación. Pero si ves que con la autoridad se abusa o se contradicen los criterios acordados, inmediatamente retiras el poder. Esto es ser asertivo. Cuando actúas, verás agresividad y que la gente intenta hacerte dudar y hacerte sentir culpable o que estás rompiendo algo prohibido o aceptado; tómalo como un criterio de que estás actuando correctamente. Tener un criterio propio implica estas sensaciones. Ese estado ya no es de acomodación. Empiezas a experimentar una incertidumbre y una curiosidad en tu vida. Es como una comodidad curiosa, estás despierto con todos tus sentidos y con incertidumbre vital pero con una tranquila seguridad.

6)      Sé humilde en tus convicciones y con tus criterios

La asertividad equilibrada se asienta sobre una base firme, en la que defines tus criterios, sabiendo que pueden no ser los mejores; pero reconoces que lo importante es el hecho de decidir tus criterios y tu vida. No obstante, sé humilde con tus criterios y convicciones,  busca afinidades y reconoce los criterios y convicciones de los demás como tan válidos como los tuyos. Sé curioso con los criterios de los demás, interésate por ellos y trata de buscar puntos en común con los tuyos. Estas actitudes así desarrolladas te ayudarán a ejercitar tu poder y ser asertivo, integrándote con las otras personas del mundo y con sus criterios y convicciones.