La pose y la postura

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Vivimos en tiempos en los que una imagen vale mucho más que mil palabras, al menos en nuestra sociedad. La imagen se ha convertido en un objeto de deseo y en un fin en sí mismo, más allá de una carta de presentación transitoria y momentánea. El desarrollo de las redes sociales ha contribuido a ello potenciando que las personas muestren sin pudor alguno sus imágenes y se recreen en ellas. Junto con este desarrollo de las redes sociales, las personas así mismo han agudizado el interés en gestos, lemas, eslóganes y poses. Probablemente estemos en la cultura del “trend topic”, donde no importan la veracidad, credibilidad y beneficios de los contenidos, el respeto a los otros, la aportación al conocimiento y el desarrollo de la capacidad de decidir libremente, sino tan sólo si algo genera impacto y difusión efervescente en las redes sociales. De alguna forma, las personas vivimos con la posibilidad de ser programados o condicionados por estos elementos. Por todo ello, es importante distinguir la pose de la postura. La pose es simplemente una posición o gesto momentáneo y transitorio que una persona adopta cuando tiene percepción de que su imagen personal va a ser sometida a valoración o escudriñamiento por otros. En un sentido amplio, la pose incluiría no sólo la presentación físico-visual y gestual, sino también el contenido verbal y prosódico de la comunicación. La postura, a diferencia de la pose, define una posición corporal y mental consolidada, en donde se plasman o reflejan rasgos temperamentales y de personalidad, experiencias vitales, así como actitudes en relación con el mundo y la interacción social. En un sentido amplio, igualmente incluye aspectos no sólo físicos, sino también de comunicación verbal y prosódica. En la postura se valora la consistencia de lo que se expresa, dice y de cómo se dice y presenta. Confundir la pose con la postura es un error común entre las personas, debido a los adoctrinamientos sociales, y lleva a equívocos en la percepción social y de la realidad. Muchas personas que viven parcial o totalmente de la imagen pública pasan gran parte de su vida mostrando poses, que no posturas. Los demagogos, charlatanes, populistas, falsos profetas y maestros, además de todos aquellos que se autodenominan mesías y salvadores del mundo o de la sociedad, son claros ejemplos de ello.

Distinguir la pose de la postura es relativamente sencillo, aunque todos podemos ser engañados. Tan sólo basta valorar la consistencia y congruencia de los comportamientos a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones, porque siempre hay momentos de derrape en la vida y es difícil mantener la pose de forma constante. En todo caso, para prevenir engaños procedentes de una pose lo mejor es desarrollar una actitud inquebrantable y con determinación en la que el criterio y tu “salvación” están dentro de ti y no en la pose de alguien. Como dice nuestro refranero, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.

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