Sugestión, influencias y libertad creativa

tunnel-2033983_1280Una sugestión es un estímulo o un conjunto de estímulos de naturaleza ideativa, verbal o no verbal, capaz o capaces de evocar respuestas involuntarias inmediatas en una persona, debido a su actitud de no crítica ante la misma. Por todo ello, la efectividad de las sugestiones depende de esta actitud de no crítica y del grado de sugestionabilidad de las personas receptoras de los mensajes.

La sociedad y la cultura que impregnan nuestras vidas nos proporcionan una expectativa de cómo debemos de reaccionar ante determinadas situaciones, con lo que de forma sutil o no manifiesta hay efectos de cierta sugestión socio-cultural. Los mensajes de los medios de comunicación y de las redes sociales pueden ser, en sentido amplio, sugestiones poderosas o reforzadores de ciertas sugestiones que muchas personas asumen de forma más o menos inmediata y sin crítica alguna. En el campo sanitario, por ejemplo, es muy frecuente que cuando una persona padece algún problema de salud busque en internet información al respecto, que ya le instruye y, en parte, le condiciona sobre cómo se tiene que tratar e incluso sobre cómo va evolucionar. En el campo de la moda, y en el consumo en general, están en auge las y los “influencers” que marcan las pautas de consumo a millones de seguidores y seguidoras  e, incluso, sus reacciones emocionales sobre las temáticas que abordan. La utilización de los “influencers” es una de las estrategias de marketing actuales por su capacidad para producir efectos en una audiencia. Este fenómeno de influencias no sólo se circunscribe a temas muy concretos, sino que también se extiende a las creencias políticas, socio-económicas, religiosas, éticas y comportamentales.

Con estas premisas, encontrar un espacio para la libertad creativa del talento es complejo ante la presión social de las influencias, aunque es posible.  Las personas construyen y “crean” en función de las demandas creadas por unos pocos con una posición influyente. Como me dijo una profesora en una tribunal de tesis “yo he investigado en temáticas en las que podía recibir una subvención o podía publicar algo en una revista de prestigio, para así consolidar mi carrera académica, no en lo que realmente me interesaba”. La libertad en la creación no es gratis; requiere, además de talento, de autenticidad y de una gran dosis de tolerancia a la frustración.

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Sumisión y apaciguamiento de la agresividad: la aceptación de responsabilidades

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En la vida se cometen errores y, sean tanto intencionales como involuntarios, llevan asociados consecuencias importantes. Dichas consecuencias pueden provenir de decisiones de uno mismo o de otros. Asi, cuando hemos incumplido nuestros compromisos, otras personas pueden excluirnos de sus proyectos futuros, o bien uno mismo puede apartarse de los demás en señal de aceptación de responsabilidades incumplidas, o ponerse a disposición de los demás para reparar los efectos de los errores cometidos o para sufrir perjuicios como los que él ha causado. En estos días se ha hecho público el escándalo financiero-contable que implica al Presidente y a parte de la cúpula directiva de la compañía japonesa Toshiba. Hisao Tanaka, presidente de la compañia, ha pedido perdón de forma ritual-simbólica inclinándose hacia delante, mostrando respeto y reconociendo su responsabilidad por una falta grave. Este gesto simbólico, semejante al que muchos animales y muchas culturas emplean como gestos de sumisión o apaciguamiento de agresividad, implica visualmente el dejar descubierta la parte más frágil de ellos mismos (el cuello) y, por lo tanto, podrían ser dañados o eliminados por otros. Simbólicamente, implica una dualidad interesante. Por una parte, acepto que soy responsable y me someto a las consideraciones, decisiones y consecuencias que la parte perjudicada decida; y por otra, solicito clemencia, benevolencia y compasión, inclinándome y exponiendo la parte más frágil y cuya lesión puede ser letal. Tal como ha señalado el etólogo austríaco Irenäus Eibl-Eibesfeldt en su libro Amor y Odio, podríamos decir que hay unas raíces biológicas-etológicas de las normas éticas. Los problemas de convivencia surgen cuando intentamos negar o actuar en contra de estas normas adquiridas filogenéticamente. Probablemente, el narcisismo y la poca tolerancia a la frustración y al dolor, lleva a una ofuscación constante en los errores y en actitudes despóticas o mal reguladas.

Practicar ritos de sumisión y apaciguamiento cuando hemos cometido un error, genera una mayor confianza interpersonal y favorece una regulación “natural” de la sociedad más allá de las normas, muchas veces caprichosas, impuestas por los políticos. La crispación y agresividad destructiva debe ser canalizada y apaciguada por distintos ritos. Es importante que la educación y la cultura incorporen y promuevan estos gestos sociales -en cada cultura con sus peculiaridades o idiosincrasia-, más allá del castigo y de la persecución y/o exterminación de nuestros congéneres. Así ganamos todos y no nos exterminamos los unos a los otros. Creo que merece la pena. Empezar por uno mismo es el primer paso, ¡adelante!