El poder de lo pequeño

floresMuchas veces subestimamos el poder de las pequeñas cosas. Tal como se deja entrever en el libro oracular  “I Ching” o en la obra de filósofos como Confucio, en las cosas pequeñas de nuestro presente se halla la raíz de nuestro desarrollo personal, aun cuando parezcan insignificantes. Es fácil olvidarse de la práctica de nuestras virtudes en pequeños actos inadvertidos a los ojos de la mayoría de la gente, al igual que es fácil pasar por alto o consentir pequeños actos malvados, maliciosos o inadecuados en nuestro alrededor, aparentemente sin importancia. Las personas generalmente suelen responder más fácilmente en momentos de crisis, exigiendo cambios bruscos, tal vez cuando las raíces de las hierbas malas están muy profundas; y también suelen mostrar sus virtudes, cuando perciben que van a tener efectos extraordinarios. Aunque no sea llamativo, el dominio de  lo ordinario y de lo pequeño en nuestro día a día es fundamental para construir una vida saludable y un mundo respetuoso para todos. A nivel práctico, el dominio de lo pequeño implica lo siguiente:

1.- Cuida los pequeños y sutiles detalles en nuestra vida diaria tanto contigo mismo, como con los demás. Sé amable, respetuoso, bondadoso y cuidadoso en el día a día, y no desprecies nada, aunque parezca insignificante.
2.- Permanece atento a comportamientos inapropiados por parte de los demás y sé firme en el mantenimiento de tu criterio cuando ves injusticia o malicia a tu alrededor, aunque el perjuicio sea o parezca pequeño para ti y para los demás. No los dejes pasar por alto ni los consientas. Cuando consientes y pasas por alto tales actos, sientas las bases de tus relaciones con otras personas. En el inicio de las cosas se encuentra la semilla de tu vida abriéndose paso.
3.- Mantén la perspectiva y sé consciente de que lo pequeño hoy será más grande mañana, si lo dejas crecer. Al igual que la hierba mala puede destruir tu jardín, el acto malicioso o inapropiado repetido puede quebrar tus virtudes y fortalezas. De la misma forma que el abono y riego cuidadoso de tu jardín llevará a un buen fruto, el pequeño acto de virtud repetido llevará a la fortaleza y a un desarrollo mental virtuoso.

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El poder curativo de la benevolencia

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A lo largo de nuestra vida nos encontramos con circunstancias ajenas a nosotros mismos, pero en la que estamos implicados por una u otra causa, y en la que otras personas muestran actitudes o comportamientos destructivos, con reproches y emociones negativas proyectadas hacia el exterior. Por ejemplo, cuando alguien nos pide que hagamos algo que no es justo o adecuado en una situación, puede generarnos molestias o incomodidades así como, según los casos, implicarnos en situaciones indeseadas. Cuando nos encontramos ante disparates vitales sin sentido, experimentamos una sensación de cierta amargura, pero que es transitoria si hemos desarrollado apropiadamente la benevolencia. La benevolencia, virtud ya descrita por Aristóteles, combina una actitud de condescendencia básica o elemental con las personas, presuponiendo que en el fondo hacen las cosas desde un sustrato positivo. De alguna forma, vendría a decir que, en principio, todas las personas tienen buena voluntad en lo que hacen. Sin embargo, y parafraseando a Ortega y Gasset, “yo soy yo y mi circunstancia”, cada persona al final está en un contexto que produce sus efectos en uno mismo. La benevolencia tiene gran poder para facilitar los cambios a las personas con las que uno se encuentra, incluso para los más rígidos y obstinados. Ser benevolente implica ser consciente de las potencialidades de otros, de sus contextos y entornos que les condicionan, además de permitirles expresarse y enfrentarse a sus propios sinsentidos de una forma amable y amistosa. Los psicólogos, psicoterapeutas y en general las profesiones de ayuda terapéutica requieren de una gran dosis de benevolencia. Escuchar, ver y sentir a las personas de forma benevolente es el mayor disolvente de bloqueos corporales-mentales, conflictos, automatismos y rigideces personales. Sentirse tratado de una forma genuina, reconociéndote y aceptando lo que eres con tus circunstancias, produce un efecto balsámico y de reconciliación con los propios miedos y tendencias hetero y autodestructivas que re(vives). Cuando alguien te trata reconociéndote sin dobleces, reconociendo de manera compasiva tus fricciones internas y esfuerzos internos por solventar tus incongruencias, lo está haciendo de forma terapéutica y curativa. Esto es la benevolencia, que no la complacencia. Es un espacio donde se rechaza lo inadecuado y destructivo, pero se permite la expresión de la fragilidad y de las fricciones internas que producen a veces disparates y comportamientos “disregulados”. La práctica de la benevolencia, además, es tan beneficiosa para el que la ejerce como para el que la recibe. Siendo benevolente con los demás, aprendes a ser benevolente contigo mismo y aprendes a ver y considerar a ti mismo y a los demás desde un enfoque más amistoso que te aporta tranquilidad, sosiego y reconciliación con tus incongruencias ocultas y puntos ciegos. Tras estas consideraciones: ¿Practicas la benevolencia? ¿Y eres complaciente, o por el contrario, muy intransigente con las fragilidades ajenas y propias? Busca el punto donde te encuentras y te animo a que compartas tus consideraciones desde la benevolencia.

“Disincronía” entre desarrollo tecnológico y desarrollo psicológico-emocional

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El avance de la tecnología se está produciendo a un ritmo vertiginoso. En poco más de 30 años, el mundo en su manifestación externa ha cambiado – y está cambiando- de una manera extraordinaria y esto está afectando con la globalización a muchas partes de nuestro planeta. Hoy nos parece de lo más normal disfrutar de las ventajas de un ordenador personal, o de un smartphone con muchas prestaciones, o de internet de alta velocidad. Sin embargo, no nos damos cuenta de la evolución histórica. En España, por ejemplo, hace 25-30 años tener un móvil o un ordenador era un lujo, e internet era un recurso de limitado acceso. Recuerdo en los años 80 el famoso ordenador Sinclair ZX Spectrum, que era considerado un lujo en el Instituto de Bachillerato en el que estudiaba, y recuerdo en el comienzo de los años 90 cómo era un lujo tener un ordenador con los famosos procesadores Pentium, o hablar con un teléfono móvil de gran tamaño que, por ejemplo, mi hermano utilizaba para trabajar. Ya a mediados de los años 90 tuve mi primer ordenador personal y a finales de los años 90, creo recordar, mi primer teléfono móvil. Hoy en día, año 2015, lo que nos parece algo habitual como todos nuestros gadgets electrónicos y aplicaciones inteligentes, a los ojos de una persona adulta de 1980-1990 sería algo casi de ciencia ficción.

Este desarrollo tecnológico sin parangón no se ha acompañado de un desarrollo mental-emocional correlativo. Seguimos siendo bestias descontroladas por momentos. Todavía hay guerras, como hace miles de años, y por la tecnología existente, más destructivas. La gente pierde el control emocional y comportamental a menudo y se siguen creando problemas y odios entre personas, grupos, razas y pueblos, como ha ocurrido durante miles de años. Y lo más curioso, es que ahora que tenemos una tecnología que se supone puede hacer más fácil nuestra vida, sin embargo creamos problemas cuando no existen o los aumentamos estrepitosamente en lugar de resolverlos, o cuando tenemos una vida confortable queremos más y más de forma insaciable, y así un largo etcétera. La tecnología nos permite hacer las cosas más fáciles, pero sin embargo las personas no hemos sabido utilizarla de forma inteligente. Nuestra parte cerebral primitiva sigue siendo caprichosa e irascible y nos enfadamos de forma infantil ante cualquier limitación tecnológica y nos creamos cada día más necesidades. Queremos más y más, y si no hay problemas los fabricamos, incluso con la misma tecnología de ayuda. Hoy en día, la adicción a los elementos tecnológicos es tal que en muchas ocasiones se convierten en elementos sustitutivos de los elementos vivos. Por ejemplo, muchas personas han llegado a sustituir las relaciones interpersonales reales por relaciones virtuales, o la experiencia real por una experiencia virtual. Indudablemente, el gran reto para este siglo XXI no es tanto acelerar el desarrollo tecnológico sino avanzar en el desarrollo psicológico-emocional-personal imprescindible para usar la tecnología de forma apropiada y constructiva. Tener el motor de un bólido de fórmula 1 en el chasis de un utilitario conducido por un imprudente no es una buena combinación. ¿Cómo hacer una combinación constructiva y equilibrada entre tecnología y cerebro-mente? Te invito a que compartas tus puntos de vista y tus propuestas.

Competencia y jerarquización: jerarquía competencial versus jerarquía de pertenencia

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Competencia es una palabra que proviene del latín (“competere”) y que guarda tras de sí un gran potencial, con frecuencia no aplicado a los asuntos de la vida ordinaria. El término competere tiene dos acepciones principales, ambas interesantes desde un punto de vista psicológico. La primera es la competencia relacionada con la competición en un evento donde se pone en juego una o varias habilidades. La segunda es la competencia relacionada con la incumbencia o preparación adecuada para una determinada tarea o decisión. Ambas acepciones son, en sí mismas, necesarias para la vida. Competir caballerosamente con otros en una habilidad, disciplina o aptitud es algo que favorece el desarrollo personal y estimula la mejora de uno mismo. Incluso se podría hablar de la competición con uno mismo; es decir, el establecer retos en la vida es una forma de competición que saludablemente estimula tu potencial. Por otra parte, y entramos en la segunda acepción, para competir con otros o contigo mismo, necesitas una competencia en una o varias habilidades, o una o más virtudes que has desarrollado con el tiempo. Así por ejemplo, si una persona quiere ser socorrista en el mar, debe saber nadar y tener unos conocimientos de reanimación cardiopulmonar, además de tener temple ante situaciones agudas de peligro, entre otras habilidades. Si uno posee estas habilidades y virtudes, podrá efectuar su tarea de manera eficaz, segura y con tendencia hacia la excelencia.

La jerarquización proviene del concepto de jerarquía, que en el Diccionario de la Real Academia Española significa “gradación de personas, valores o dignidades”. La palabra jerarquía etimológicamente proviene del griego (hieros= sagrado o divino; arkhei= orden, gobierno). En otras palabras, la jerarquía lleva una connotación de algo sagrado, con un significado de que hay un orden que no se puede cuestionar. La jerarquización a lo largo de la Historia ha llevado esta marca sagrada, resultando para las personas no sagradas un muro infranqueable e incuestionable para hacer valer su conocimiento y saber. Incluso en sistemas de estratificación social como son las castas, la jerarquía más elevada es siempre de tipo sagrado, los Brahmanes, que incluyen a sacerdotes y a los consejeros de reyes. La extrapolación de estos conceptos anclados en lo sagrado a lo largo de la Historia persiste, bajo mi punto de vista, en muchos elementos sociales de nuestra cultura hoy en día. Y he aquí cuando se pueden producir conflictos, ya que en ocasiones la jerarquización choca con las competencias basadas en el conocimiento. Si miramos con detenimiento las situaciones de nuestro tiempo, vemos muchos vestigios de los sistemas de jerarquización basados en lo sagrado, traducido en nuestro tiempo en lo intocable. La jerarquización más rígida y bloqueante permanece a través de dos estrategias claras y bien definidas:
1) Restringiendo el acceso a la competición, con reglas que interfieren en el desarrollo y promoción de los poseedores de habilidades, favoreciendo a personas carentes de ellas que sí pueden competir
2) Valorando todo aquello que no es competencial, sino todo lo contrario, aspectos no pertinentes tales como la pertenencia a un grupo o estrato, independientemente del desarrollo competencial.

Enfrentarse a estas dos situaciones requiere primeramente de un fortalecimiento personal y una actitud resiliente. Cuando no puedes competir, porque bloquean tu entrada a la competición, hay algo que siempre puedes hacer. Se trata de la competición saludable contigo mismo. Traza en tu vida desafíos y retos que no dependan de otras personas. Nadie te impide, por ejemplo, aprender y perfeccionar idiomas, aprender nuevas habilidades o perfeccionar las pericias ya aprendidas. Por otra parte, en paralelo a esta actitud, plantea a tu entorno más cercano nuevos criterios para redefinir la jerarquía en otros términos relacionados con los conocimientos, competencias y experiencia. Te sorprenderás cuánta gente piensa y siente como tú. La jerarquía basada en la pertenencia a un grupo se convierte en la jerarquía basada en la competencia.

La página web www.psicologiasaludable.es comienza su andadura

Tras varias semanas en fase de pruebas, ya empieza a funcionar oficialmente la página web www.psicologiasaludable.es.  Es el punto de inicio de un ilusionante proyecto sobre Psicología Saludable que pretende completar y ampliar los artículos y reflexiones escritas en este blog. www.psicologiasaludable.es,  a la que podrás acceder directamente desde el blog en la columna de enlaces,  dispondrá información actualizada sobre cursos, libros, congresos y noticias de interés relacionadas con la Psicología Saludable. De forma progresiva, se irán añadiendo artículos, monografías y libros, con la finalidad de que el lector disponga de recursos útiles para desarrollar sus potencialidades y mejorar su vida.  Además, dentro de la página web se ha incluido un apartado de tests, donde en este momento puedes cumplimentar online un test sobre relaciones interpersonales y recibir, posteriormente, un breve informe sobre los resultados.

Con el paso del tiempo, espero que sea un lugar de encuentro habitual, tanto para personas deseosas de conocimiento psicológico para vivir con bienestar y desarrollar su potencial, como para profesionales. Poco a poco, iremos añadiendo y mejorando contenidos y secciones. Cualquier sugerencia será bienvenida y, por ello, no dudes en comunicármela en el correo electrónico info@psicologiasaludable.es. Por último, quería felicitar a todos aquellos que han colaborado en el diseño de la página web, y en particular al técnico-constructor de la página web, José Mauricio Flórez de Uría

Autocentramiento

Un concepto interesante y relacionado, en cierta forma, con el narcisismo, es el autocentramiento. Se trata de la tendencia a focalizarse o centrar la vida en uno mismo, independientemente de los deseos y necesidades de las personas del entorno. Focalizarse en uno mismo es saludable e importante para desarrollarse y mejorar, pero claro está, sin perder la perspectiva sobre donde está uno. El autocentramiento se produce en personas, pero también en grupos, algo que por ejemplo puede suceder en partidos políticos, sindicatos, sectas, grupos religiosos o en nacionalismos excluyentes; en los grupos hablaríamos de autocentramiento social. La focalización en uno mismo contiene varios procesos integrados:

1.- Tomar conciencia de uno mismo, es decir nuestras capacidades, recursos, virtudes y defectos, y de la situación o entorno circundante.

2.- Desarrollar las virtudes, facultades o actitudes necesarias para la propia autorrealización.

3.- Ver los defectos, errores y fragilidades de otras personas de nuestro entorno, como estímulos a nuestro desarrollo personal, minimizando sus consecuencias en nuestra vida

Focalizarse en uno mismo tiene riesgos para nuestro desarrollo personal. Uno de ellos es autocentrarse en un extremo tal, que la minimización de los aspectos negativos de los demás, se transforme en una actitud desconsiderada y, a veces, despreciativa, con el entorno. En este caso, aparecen comportamientos tales como:

       –  Crítica manifiesta o cínica (ocultamiento y/o sarcasmo) de los pensamientos, comportamientos o actitudes de otras personas.

        –“Olvidos” espontáneos sobre las peticiones o necesidades de los demás, centrándose en las necesidades de uno mismo de forma caprichosa.

       –  Conductas propositivas caprichosas para obtener provecho de los demás.

Autocentrarse de forma adecuada implica un punto medio, difícil de gestionar, por la presión de nuestros caprichos, ambiciones, expectativas, necesidades insatisfechas y deseos de prominencia, que chocan frecuentemente con el entorno. En el ámbito personal, el narcisismo es una forma extrema de autocentramiento elevado, mientras que el servilismo desvalorizante es la ausencia o intensa disminución de autocentramiento. El punto medio en el autocentramiento lo constituye una mezcla armoniosa de templanza, respeto, insolencia e interdependencia autónoma (mezcla de independencia y sociabilidad-afectuosidad saludable). Este cóctel bien integrado y proporcionado de  estas características produce el autocentramiento adecuado.  Dar con la proporción adecuada es nuestra tarea vital; autocentrarse óptimamente es como llevar explosivos y armas potencialmente dañinas, junto con elementos delicados y de gran valor, sin que nada se destruya. ¡Mucho ánimo!

El “insight” y el desarrollo personal

“Insight” es un vocablo de la lengua inglesa que significa, de forma aproximada, discernir, tomar conciencia de algo en uno mismo. Separando los componentes morfosemánticos de la palabra, vemos que “in” significa adentro y “sight” significa “vista”. Es decir, se alude explícitamente al “ver hacia dentro”. Ver hacia dentro se asocia a la toma conciencia de qué es lo que ocurre en uno mismo, con respecto a una experiencia. Estamos hablando de una forma de entendimiento en la que se es consciente de lo que se tiene entre manos. El origen de la palabra insight, desde un punto de vista lingüístico, deriva del proto-germánico. Desde un punto de vista conceptual, sin embargo, el origen es muy antiguo. En los libros sagrados más antiguos del hinduismo, los Upanishad, ya aparece “el ver dentro de uno”, refiriéndose a un estado de iluminación que facilita la apercepción de la “verdad”. Desarrollar el insight tiene que ver con la capacidad de apercepción interna; es decir, con ser capaz de tomar conciencia dentro de nosotros de todo aquello que perciben nuestros sentidos. Como ya señaló Gottfried Leibnitz en el siglo XVIII, apercibir es más que percibir. Todo lo que llega a nuestros sentidos puede no ser integrado en la conciencia y, por lo tanto, puede ser percibido de forma disgregada, y no de forma integrada.

Aunque no busquemos la iluminación y la” verdad” transcendental no sea nuestro objetivo, el desarrollo del insight es fundamental en la vida práctica de cualquier persona. Darse cuenta de las dinámicas mentales en uno mismo facilita, además de conocerse a uno mismo, el saber qué efecto produce uno en los demás y manejarse con soltura en situaciones de interacción social; esto conduce a la prevención y resolución de conflictos sociales. Por el contrario, la incapacidad para tener insight conduce a la obcecación, a la rigidez en el comportamiento interpersonal, involucrándose uno en situaciones conflictivas, donde no se encuentran las soluciones sencillas. Comportamientos narcisistas basados en el egocentrismo derivan en posiciones fijas, con ceguera para ver los efectos que producen en otras personas. Darse cuenta de algo en una situación en la que nos vemos envueltos, puede producirse de varias formas, dando lugar a varios tipos de insight:
a) Insight intelectual, caracterizado por darse cuenta de forma racional. Esta forma de insight muestra una comprensión intelectual de algo, pero no un conocimiento emocional y operativo de una situación. Un ejemplo de este insight es el de alguien muy perfeccionista y lector de libros de autoayuda, que sabe identificar racionalmente qué es lo que le ocurre, pero no sabe qué hacer con ello y se siente desbordado emocionalmente.
b) Insight emocional, caracterizado por la apercepción emocional de una situación. En este caso, sí se produce una comprensión emocional; se tiene contacto con las emociones que aparecen dentro de uno y, en lugar del desbordamiento emocional, hay una tranquilidad interna y confianza en uno mismo. Un ejemplo de este insight es el que se produce cuando en una pareja uno toma contacto de su dependencia afectiva con respecto al otro y, al separarse, nota una angustia que tolera y deja que progresivamente discurra en la situación, sin esfuerzos innecesarios.
c) Insight integrado. En este tipo, se produce tato la comprensión racional como afectiva, estando asociado a un estado de confianza en uno mismo con un autoconocimiento personal.

El desarrollo del insight tiene varios “amigos” y “enemigos”. El miedo y la autodesvalorización, son los principales saboteadores del insight. El miedo hace saltar un resorte que nos lleva a una posición rígida anclada a dicha emoción, rechazando o invalidando otras posibilidades o puntos de vista. La autodesvalorización, —por aumento o por defecto de la imagen de uno mismo— genera una necesidad de resarcimiento y de reparación del daño, que nos posiciona en puntos de vista particulares, egocéntricos y alejados de la realidad completa.
Los principales amigos del insight son el cultivo de la confianza desde la incertidumbre en la experiencia y la aceptación amistosa de las fragilidades propias. Esta mezcla paradójica de confianza y de acercamiento a las fragilidades o puntos débiles propios, es una fuente de conocimiento y poder. Confiar en tus virtudes en cualquier situación, conociendo tus puntos débiles tal como son, sin distorsionarlos, muestran un desarrollo personal equilibrado y sano. Aceptar los puntos débiles no es la resignación y el sometimiento ante ellos, sino la posibilidad de determinar tareas concretas en tu vida para tu desarrollo personal.