Caminando entre encrucijadas vitales

Hace unos días, uno de los lectores del blog planteó una situación personal interesante. Había leído el post sobre cómo enfrentarse a un “Narciso”, y envió un comentario refiriendo que él había tenido humildad con determinación, pero que seguía padeciendo a un jefe narcisista. Esto le había llevado a una encrucijada vital: dudaba si continuar en el intento de tolerar a su jefe, o si seguir un camino propio dejando su situación laboral actual. Estas encrucijadas pueden ocurrirnos en muchos campos, no sólo en el laboral. Por ejemplo, cuando decidimos qué estudiar o a qué dedicarnos profesionalmente, podemos dudar entre hacer caso a los consejos pragmáticos de nuestros progenitores y consejeros, a pesar de no ser de nuestro agrado, o seguir nuestras preferencias e intuiciones personales. Cuando tenemos una larga relación sentimental tortuosa, llega un momento en el que dudamos entre tratar de reconducirla o abandonarla. Las encrucijadas forman parte de la vida y son momentos en los que estamos en el filo de una navaja, pudiendo caernos o cortarnos, o salir impulsados hacia un estado de autorrealización y desarrollo personal. Son situaciones en las que estamos haciendo equilibrios o malabarismos, con el consiguiente estrés que lleva consigo. ¿Qué podemos hacer? Voy a recomendar tres claves básicas:

1º.- Reconocer y experimentar la vida como una toma de decisiones continua

Uno puede decidir diferentes acciones ante, por ejemplo, un jefe desgastante o ante una pareja tóxica; el primer paso es tomar conciencia de que puede hacer algo, independientemente de que sea más o menos acertado. Muchas personas se sienten indefensas ante una encrucijada vital y se bloquean desgastándose internamente; la experiencia de autoeficacia o de capacidad para generar efectos es el primer paso para vivir. Con esta capacidad activada, el no hacer nada y esperar un mejor momento, es una decisión vital con perspectiva y no un efecto de la indefensión personal.

2º Desarrollar la calma interna y ensayar posibilidades

Solucionar problemas y tomar decisiones no es algo que pueda realizarse exitosamente desgastándonos internamente. El mejor patrón de comportamiento para enfrentarse a encrucijadas es moverse externamente con tranquilidad interna. Es decir, probar y ensayar las diferentes posibilidades con calma interna. La calma interna, se superpone a la agitación externa, y permite probar y modificar las diferentes opciones que ha puesto en marcha. No es tan importante acertar a la primera, como poder cambiar y modificar aquello que no funciona de forma natural. En la vida puede reconocer a personas que se equivocan pero saben reaccionar con calma aceptando las pérdidas, minimizando el daño y actuando con prontitud. Por el contrario, hay personas que estando en un momento exitoso, se ahogan en él, y se hacen más rígidos y egocéntricos, o no continúan con curiosidad la evolución de sus asuntos.

3º Observe los efectos que producen sus decisiones

Cuando toma una decisión, se producen efectos tanto en los demás como en usted mismo. Por ejemplo, suponga que alguien se dirige a usted gritándole, recriminándole y demandándole atención. Usted decide no prestarle atención y hacer otras tareas cuando tome esta actitud con usted; vea qué cambios se van produciendo a lo largo del tiempo en esta persona. Por otra parte, observe los efectos que producen en usted sus acciones: ¿se siente más tranquilo, más seguro, más nervioso, más feliz? Preste atención a las señales que muestra su cuerpo, estas no nos engañan. Racionalmente, alguien puede decir que las cosas  van muy bien y que está tranquilo, pero repentinamente tener un dolor de cabeza agudo e insoportable. El cuerpo no engaña, mientras que la mente racional sí se autoengaña para evitar el sufrimiento.

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