Mitos sobre el amor y las relaciones interpersonales: el poder del contexto

corazón-solExisten dichos en la psicología popular sobre el amor y las relaciones interpersonales que, aunque suenen y parezcan muy armoniosos, son frecuentemente factores de vulnerabilidad y riesgo para la salud y el bienestar personal. En muchos casos su significado ha sido malinterpretado o se ha descontextualizado. Veamos tres de estos dichos que muchas personas creen a pie juntillas:

1.- El amor verdadero es incondicional

Una cosa es amar, considerar y aceptar a los demás de forma incondicional, sin querer cambiarlos y sin querer interferir en sus vidas y decisiones, que mostrar tu afecto y amor a una persona que te humilla o maltrata. Mucha gente confunde el tomar una actitud de amor universal con todas las personas- incluida tú misma-, en las que respetas sus momentos vitales, condiciones y características, con el amor sumiso y “santo” ante personas sin escrúpulos que dan mal trato a las personas de su alrededor. Muchos psicópatas, narcisistas o maquiavélicos desaprensivos se aprovechan de esta creencia y de esta incondicionalidad desajustada, teniendo a su alrededor una gran cantidad de adeptos incondicionales.

2.- En la medida que das recibirás

La entrega en lo que haces es importante, pero los principios de equilibrio en las relaciones humanas son fundamentales y funcionan siempre que las dos partes estén de acuerdo en la reciprocidad. Dar y recibir por un igual es un elemento fundamental, si las dos partes comparten el mismo principio. En caso contrario, una de las partes puede aprovecharse de la otra, generando un desajuste importante y agotamiento, al menos temporalmente. Cuando siembres tus dones, mira bien dónde lo haces. Una buena semilla en terreno infértil no dará buen fruto y tu entrega y generosidad se malgastarán.

3.- La fuerza del amor lo puede todo

El amor es una fuerza fundamental para la vida y para el éxito en lo que uno hace. Hacer algo con amor es fundamental y proporciona una gran persistencia, continuidad, sentido y calidad a tus actos, en comparación con el ejercicio mecánico de una actividad. Sin embargo, extrapolar esto a las relaciones con otras personas puede resultar peligroso. Una cosa es amar a otros simplemente al reconocerlos como personas, y otra es intentar cambiar su vida o ganar su afecto a través de nuestro amor. Así aparecen fantasías en las que se cree que el amor incondicional de tipo mártir producirá, finalmente, un cambio en las parejas tóxicas.

Al final, parece que muchas cosas en esta vida dependen del contexto. Amor SÍ, pero con CONTEXTO. Si prescindes del contexto, llegarás a situaciones indeseadas y tóxicas; si tienes en cuenta el contexto, el amor que transmitas será una fuerza poderosa y enriquecedora que dará buenos frutos

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La generosidad madre o materna y la toma de decisiones

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Siempre se ha dicho que “si das recibes”. Este es un principio de reciprocidad que muestra una generosidad equilibrada. De esta forma, si cuidas con mimo y cariño a tus seres queridos es probable que ellos te cuiden a ti y que recibas de ellos afecto. Si riegas una planta y la cuidas, es probable que dé fruto. Dar es una fuerza que produce otra de dirección contraria y de intensidad proporcional a la que inicias. Este principio básico parece que regula una gran parte de las relaciones interpersonales y son numerosos los ejemplos de los efectos beneficiosos de la generosidad. Sin embargo, existen al menos otras dos formas de generosidad que no se rigen por este patrón de equilibrio. La primera es la generosidad incondicional descompensada en la que alguien se aprovecha del derroche de energía de otro. Un ejemplo es el de una pareja que se desvive por su compañero/a entregándose en cuerpo y alma, pendiente de las necesidades de la otra parte, y sin embargo recibe un trato desconsiderado exigiéndole un esfuerzo todavía mayor ya que nunca está satisfecho/a del todo. Es algo fácilmente identificable en las dinámicas de maltrato, pero extensible, no obstante, a otras situaciones. El punto en común de todas ellas consiste en el “olvido” de la reciprocidad básica y una de las partes siempre se aprovecha de forma parásita de la otra, generando en la otra parte el sentimiento de que si se esfuerza hasta un límite (imposible) podrá obtener una recompensa, por ejemplo, el afecto o el ser querido.
La otra forma de generosidad, muy sorprendente en su modo de actuación, es la que se podría llamar generosidad madre o materna. Digo madre o materna, porque es una forma de generosidad desinteresada y protectora, que parece estar relacionada más que con el refuerzo de una compensación recíproca o con el anhelo de ser querido, con una función biológica- vital preprogramada, en cierto sentido. Por ejemplo, una madre aunque esté cansada, si percibe que su bebé recién nacido necesita alimento, le da de mamar de forma inmediata pese a su cansancio o agotamiento. Hay una función fundamental que es la preservación de la vida, prioritaria y de rango superior al hecho de recibir algo. En estos casos hay una generosidad sin contrapartida alguna. La Naturaleza es otro de los ejemplos claros de esta generosidad. Su función es la de preservar y regular la vida y siempre busca ese pequeño hueco o resquicio por dónde pueda expresarse la vida. Después de un incendio forestal, la Naturaleza busca el desarrollo de la vida y en unos años, incluso sin hacer nada, si queda algún nutriente en el suelo se las ingenia para regenerar la vida vegetal y animal. Así la Naturaleza, sin demandárselo, muestra su generosidad protectora y regeneradora de acuerdo a la función que se le ha encomendado. Este tipo de generosidad, impersonal en las formas, está dentro de nosotros. Cuando nos hacemos una herida, nuestras células son generosas en el proceso de cicatrización aportando su función para preservar nuestra salud.  Desde un punto de vista más operativo y psicológico, esta generosidad sería la acción de dar y aportar de acuerdo a tu tarea o misión vital, más allá de tu angustia y ansiedad vital. Descubrir tu tarea vital,  o mejor tareas vitales, y armonizarlas con tus deseos y proyectos es un hecho liberador. El querer ser y el ser confluyen en un punto de equilibrio que da sentido a la vida. Tomar decisiones y elecciones con el conocimiento de las funciones para las que “has sido creado”, más allá de tu capricho personal, es algo que dota de sentido a la vida. El descubrimiento de tus aptitudes, competencias, dones y tareas vitales es la mejor guía para tomar decisiones apropiadas enriquecedoras para tu vida y para tu entorno.

Nota. La fotografía muestra una planta con flores que surge espontáneamente, sin intención alguna del jardinero, entre tubos del aire acondicionado, con la ayuda del chorro de agua del aire acondicionado y los rayos de sol que llegan desde primera hora de la mañana. La semilla busca germinar sea donde sea, esa es su misión

“Disincronía” entre desarrollo tecnológico y desarrollo psicológico-emocional

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El avance de la tecnología se está produciendo a un ritmo vertiginoso. En poco más de 30 años, el mundo en su manifestación externa ha cambiado – y está cambiando- de una manera extraordinaria y esto está afectando con la globalización a muchas partes de nuestro planeta. Hoy nos parece de lo más normal disfrutar de las ventajas de un ordenador personal, o de un smartphone con muchas prestaciones, o de internet de alta velocidad. Sin embargo, no nos damos cuenta de la evolución histórica. En España, por ejemplo, hace 25-30 años tener un móvil o un ordenador era un lujo, e internet era un recurso de limitado acceso. Recuerdo en los años 80 el famoso ordenador Sinclair ZX Spectrum, que era considerado un lujo en el Instituto de Bachillerato en el que estudiaba, y recuerdo en el comienzo de los años 90 cómo era un lujo tener un ordenador con los famosos procesadores Pentium, o hablar con un teléfono móvil de gran tamaño que, por ejemplo, mi hermano utilizaba para trabajar. Ya a mediados de los años 90 tuve mi primer ordenador personal y a finales de los años 90, creo recordar, mi primer teléfono móvil. Hoy en día, año 2015, lo que nos parece algo habitual como todos nuestros gadgets electrónicos y aplicaciones inteligentes, a los ojos de una persona adulta de 1980-1990 sería algo casi de ciencia ficción.

Este desarrollo tecnológico sin parangón no se ha acompañado de un desarrollo mental-emocional correlativo. Seguimos siendo bestias descontroladas por momentos. Todavía hay guerras, como hace miles de años, y por la tecnología existente, más destructivas. La gente pierde el control emocional y comportamental a menudo y se siguen creando problemas y odios entre personas, grupos, razas y pueblos, como ha ocurrido durante miles de años. Y lo más curioso, es que ahora que tenemos una tecnología que se supone puede hacer más fácil nuestra vida, sin embargo creamos problemas cuando no existen o los aumentamos estrepitosamente en lugar de resolverlos, o cuando tenemos una vida confortable queremos más y más de forma insaciable, y así un largo etcétera. La tecnología nos permite hacer las cosas más fáciles, pero sin embargo las personas no hemos sabido utilizarla de forma inteligente. Nuestra parte cerebral primitiva sigue siendo caprichosa e irascible y nos enfadamos de forma infantil ante cualquier limitación tecnológica y nos creamos cada día más necesidades. Queremos más y más, y si no hay problemas los fabricamos, incluso con la misma tecnología de ayuda. Hoy en día, la adicción a los elementos tecnológicos es tal que en muchas ocasiones se convierten en elementos sustitutivos de los elementos vivos. Por ejemplo, muchas personas han llegado a sustituir las relaciones interpersonales reales por relaciones virtuales, o la experiencia real por una experiencia virtual. Indudablemente, el gran reto para este siglo XXI no es tanto acelerar el desarrollo tecnológico sino avanzar en el desarrollo psicológico-emocional-personal imprescindible para usar la tecnología de forma apropiada y constructiva. Tener el motor de un bólido de fórmula 1 en el chasis de un utilitario conducido por un imprudente no es una buena combinación. ¿Cómo hacer una combinación constructiva y equilibrada entre tecnología y cerebro-mente? Te invito a que compartas tus puntos de vista y tus propuestas.

De los sesgos y extremismos al poder equilibrado

fotos new york, canarias, lugo, córdoba 080La experiencia nos muestra que las personas somos muy impresionables por los extremos y por las opciones sesgadas. La toma de decisiones no está principalmente guiada por la moderación. Vivimos en un mundo repleto de falacias, prejuicios, experiencias disonantes o incoherentes…, algo así como un gran mercadillo donde habitan muchos personajes de diferente tipología. En él conviven vendedores de humo, farsantes, pseudocientíficos, fanáticos intolerantes, científicos reputados, personajes de poder, personajes que suspiran por el poder, profetas del miedo, seguidores, personas necesitadas de guía o de un líder y/o perdidas y, por supuesto, personas auténticas, preparadas, moderadas, con el suficiente temple para enfrentarse en este mundo complejo. Con tal diversidad de personajes, es complicado discernir adecuadamente donde está el equilibrio. La Historia nos ha mostrado hasta ahora que, ante este mundo complejo, los mensajes extremos o sesgados tienen más penetración y resonancia en las mentes de las personas. Ante las crisis sociales, los mensajes catastrofistas extremos (“Si vienen estos, será el fin de nuestros días de bienestar…”) o los mensajes revolucionarios positivos y supuestamente esperanzadores (“Yes, we can” o “Podemos”), son los que más impacto tienen en la psicología de las personas. ¿Alguien se ha parado a ver en detalle estos mensajes, qué implican, de dónde proceden, qué preparación necesitan y qué motivación y esfuerzo requieren? En principio no, dado que las personas nos vemos determinados por dos sistemas motivacionales fundamentales: el primero es el sistema del miedo y el segundo es el sistema de placer-recompensa. No hay emoción negativa más poderosa que el miedo para afectar la mente de muchas personas, algo de lo que la Historia ha sido y es testigo privilegiado. Por otro lado, las personas son también sensibles y susceptibles al cambio cuando hay mensajes altamente positivos, incluso más cuando permanecen en la fantasía. Cuando no pisas la realidad, el mensaje es indestructible porque no se puede contrastar con la experiencia. El placer y la recompensa mental de un mundo ideal son muy grandes.

Estos dos sistemas han constituido, bajo mi punto de vista, el motor de nuestros comportamientos y de los movimientos sociales más radicales y descontrolados. La ilusión y la fantasía de una raza superior sublime, la raza aria, llevó a Hitler y a todo un pueblo a destrozar a millones de personas. Nuestros propios miedos generan que destruyamos o eliminemos a otros porque piensen diferente o pongan en tela de juicio nuestra forma de pensar, de forma que sentimos que nuestra seguridad está en peligro. El punto de equilibrio está en la moderación, entendiéndola como ese punto en el que se ponen las cosas en una medida. Moderar, que procede de moderatio (lat.) y de su raíz más antigua indoeuropea med, de la que por cierto derivan otros términos como meditar, implica definir y actuar dentro de un intervalo de equilibrio. Así, para actuar de forma moderada o equilibrada, es necesario conocer nuestros miedos e identificar nuestras fantasías ilusorias sin fundamento. Es cierto que para que algo se produzca en la realidad externa, debe producirse primero en la mente; pero no es lo mismo fantasear que “cocinar” o trabajar dentro de la mente lo que queremos. La ilusión es una materia prima que debe ser cocinada dentro de la mente y se necesitan otros ingredientes y conocimientos. Todos podemos, sí, pero siempre que haya conocimiento, preparación, determinación, perseverancia, respeto, humildad, responsabilidad, temple y esfuerzo. Dedicar tiempo a conocer nuestros miedos y a desarrollar nuestras fortalezas es condición indispensable para realmente poder y no quedarnos en eslóganes tan impactantes como estériles.

Inocencia psicológica, experiencia y madurez

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En nuestra vida, si miramos retrospectivamente y con conocimiento, seguramente podamos distinguir en cada uno de nosotros alguno de los siguientes elementos fundamentales en el desarrollo de las personas: la inocencia (psicológica), la experiencia y la madurez. La inocencia, de acuerdo con su significado etimológico nos indica la ausencia de “daño o nocividad” (proveniente de los términos del latín innocentia e innocens; in= no y nocens = daño; el verbo origen es nocere que significa “hacer daño”); es decir, implica una buena intención, transparente, sin pretender hacer daño y sin ocultaciones. Experiencia proviene del término latín experientia, que quiere decir ensayo o prueba. Madurez por su parte, deriva de maturus (latín), que significa con el desarrollo apropiado o que está en el momento oportuno. Estos tres componentes, en su justa medida y proporción, producen efectos saludables en nuestra vida. Necesitamos ilusión, buenas intenciones y una falta de segundas intenciones en lo que emprendemos, pero esto no es suficiente; también se hace necesario poner a prueba nuestros proyectos y aprender de la experiencia, así como asimilar tanto los fracasos como los éxitos de forma madura. Cuando hay una desproporción de alguno de estos aspectos, puede haber dificultades para superar los obstáculos de la vida. Nos podemos encontrar con varias posibilidades, que presento en la tabla y explico a continuación::

Inocencia, experiencia y madurez

a) Mucha inocencia y poca experiencia y madurez
Este patrón es característico de los adolescentes en sus primeras experiencias en búsqueda de la autonomía. Grandes ilusiones, grandes ideas, pero poco viables o que no perciben los obstáculos presentes, y no están forjados en la brega y en el mantenimiento de la actitud apropiada ante las dificultades. En un grado extremo, sería el patrón de los ILUSOS.

b) Mucha experiencia y poca inocencia y madurez
Este patrón o perfil es característico, entre otros, de personas hiperadaptadas a su trabajo, materialistas, sin autenticidad en lo que hacen, todo lo hacen con un fin normalmente de forma egocéntrica o caprichosa. Se incluyen en este grupo a trabajadores leales, conformistas, poco implicados en actividades interdependientes y en el que su vida está simplificada al máximo: sólo importa trabajar, experimentar sin cuestionarse ni plantearse nuevos retos que impliquen otras posibilidades y a otras personas. En un grado extremo sería el perfil de los HIPERADAPTADOS.

c) Mucha inocencia y experiencia y poca madurez
Este patrón es característico de personas muy idealistas o incluso ilusas que, a pesar de su amplia experiencia a veces adversa, mantienen su idealización con persistencia, a pesar de las evidencias que están indicando un cambio de estrategia en sus acciones, o una reformulación de sus objetivos. El grupo definiría a los IDEALISTAS OBCECADOS.

d) Mucha inocencia y madurez y poca experiencia
Este patrón es característico de personas muy comprometidas y auténticas, que trabajan con ahínco y responsabilidad en pos de grandes ideales, pero que carecen de la experiencia necesaria. Su inocencia y capacidad de trabajo les puede traer éxitos en un inicio, pero a la larga se les presentan obstáculos que pueden canalizar apropiadamente si aprenden de la experiencia y no se afanan en idealizaciones fantasiosas. Este perfil en su grado extremo se correspondería con el de IDEALISTAS COMPROMETIDOS.

e) Mucha experiencia y madurez y poca inocencia
Este patrón caracteriza a personas con un gran sentido del propósito y con intención en lo que hacen, siendo persistentes en pos de sus objetivos y metas. Dependiendo de otras características éticas y de vinculación interpersonal, las personas pueden ser o bien maquiavélicas con tendencia a la psicopatía y a la manipulación, o bien muy agudas en sus apreciaciones, con gran perspectiva en sus decisiones. Las personas de este grupo podrían denominarse en su conjunto PERSPICACES-INTENCIONALES.

La mezcla equilibrada de inocencia, experiencia y madurez produce los mejores efectos tanto para uno mismo como para los demás. Sin embargo, existen etapas en la vida que no se pueden saltar; la madurez óptima viene tras la experiencia bien asimilada y la experiencia se adquiere tras una fase inicial de inocencia inexperta. Lo importante es (re)conocer en qué fase estás y no pretender quemar etapas rápidamente, tan sólo haz lo que tengas que hacer en cada fase. El producto final maduro, como si se tratase de un buen vino, es una combinación de ilusión inocente, experiencia y maduración con el tiempo y en buenas condiciones. Mantener un punto de ilusión, sin dejarse condicionar en exceso por la experiencia y sin que la maduración excesiva atrofie nuestra plasticidad neuronal, es el reto para una vida saludable.

Reciprocidad equilibrada, amor incondicional y regulación emocional

Desde diversas disciplinas, se ha mencionado a la reciprocidad equilibrada como fundamental en las relaciones interpersonales. Dentro de la interdependencia adaptativa, se incluye el dar y recibir por igual, como fundamental para tener relaciones saludables con otras personas. En la Antropología, los sistemas de intercambio de bienes eran conocidos en culturas muy antiguas e, incluso se podían producir intercambios muy llamativos en acuerdos de paz, en la que se podían incluso negociar matrimonios. Sin entrar a juzgar el contenido de dichos intercambios – arreglar matrimonios entre familias puede parecernos deleznable, bajo nuestra cultura-, lo cierto es que intercambiar algo, con una cierta equidad, parece necesario para asegurar un equilibrio tanto social, como personal y económico. Dar más de lo que recibes, servir sin ser servido, esforzarte siempre para que otros vivan sin esfuerzo alguno, no es un medio apropiado para mantener una armonía. En las culturas más orientales, existe un marcado sentimiento de la reciprocidad. Incluso, en religiones como el hinduismo o el budismo, la reciprocidad equitativa se asienta en lo que denominan el karma. El karma sería como una ley de causa-efecto, que manifiesta un principio de reciprocidad impersonal en el cosmos, de forma que lo que hacemos tiene una contrapartida en lo que recibimos. De esta forma habría como un continuo balance de la experiencia, de forma que pasado, presente y futuro tendrían un sentido desde una perspectiva más amplia. Las Leyes de la Mecánica Newtoniana, incluyen estos principios de reciprocidad, mostrando que toda fuerza genera otra, de igual intensidad, pero en sentido contrario. En nuestras relaciones interpersonales, estos principios de equilibrio, podrían traducirse en el hecho de que cuando aportas un beneficio, esfuerzo, etc., se genera una dinámica que vuelve hacia ti, en la que te beneficias o recibes algo a cambio. Esta ley general de reciprocidad parece, por lo tanto, interesante, para vivir con perspectiva y sentido. Ahora bien, en muchas ocasiones, esta reciprocidad equilibrada no la encontramos por ninguna parte. Muchas personas lo dan “todo”, pero claro está, no reciben todo lo que aportan, sino, al contrario, se les quita más o se aprovechan de ellos.

Uno de los campos donde esta reciprocidad es importante es en las relaciones de amor entre las personas, tanto si hablamos de parejas, como familia o como amigos. El amor incondicional y/o la aceptación incondicional, aparecen en las guías de vida saludable, como si fuera algo que debemos desarrollar. Sin embargo, el significado de estas condiciones en las relaciones interpersonales se ha sacado fuera de contexto. El amor incondicional no implica un amor asimétrico en el que tú das todo, te entregas, incluso aunque no recibas nada de los demás. Esta presuposición fomenta la explotación de las personas, generando relaciones de codependencia, de forma que una de las partes de la relación esté para servir a la otra, estando pendiente de sus necesidades. Siempre es necesario un elemento regulador, que equilibre las fuerzas en las relaciones de amor entre las personas. Tomar contacto con las fuerzas negativas, opuestas a la entrega incondicional, es necesario; siempre que alguien dé algo, hay la posibilidad de que otra persona viva parásitamente. La negación de esta posibilidad, al idealizar una relación, o la incapacidad para ver este fenómeno, por el dolor que se siente, es algo a explorar. Si ves esta posibilidad y percibes el dolor ante esta posibilidad, las fuerzas se muestran equilibradas y hay una regulación emocional dentro de ti. Entonces, el amor sí puede ser, realmente, incondicional; entendiendo el amor incondicional, como afecto genuino, que ofreces libremente, desde tu deseo, que no está condicionado para obtener aprobación o el afecto de los demás, o para exigir algo de los demás. Así, el amor incondicional y la aceptación incondicional, son posibles, dado que existe un equilibrio necesario y basado en el conocimiento de las dinámicas interpersonales. Este conocimiento es el contrapeso para que las dinámicas de parasitismo y aprovechamiento no se apoderen de las relaciones interpersonales, y las conviertan en asimétricas y desajustadas.
(Nota. Puedes ampliar este artículo en la guía saludable: http://www.psicologiasaludable.es/index.php/guia-de-la-psicologia-saludable, que se irá actualizando y enriqueciendo  con novedades, periódicamente)

El desarrollo de la asertividad equilibrada

Con seguridad, alguna vez habrán escuchado algo sobre la asertividad. Hoy en día proliferan cursos para el desarrollo de la asertividad, impartidos por numerosos profesionales, desde gurús de las relaciones interpersonales, psicólogos, entrenadores personales o “coaches”, consejeros, educadores, pedagogos, terapeutas… Curiosamente, la palabra “asertividad” no está registrada en el Diccionario de la Real Academia Española, aunque sí lo están otras palabras relacionadas, como aserción o asertivo/a. En inglés sí existe la palabra “assertiveness”, transformándose en español mediante el anglicismo castellanizado “asertividad”. La asertividad, de cualquier forma, deriva del vocablo del latín “assertio”- aserción en español- que quiere decir “acción y efecto de afirmar o de dar por cierto algo”. Es decir, la asertividad se podría definir como la capacidad para afirmar o definir algo como cierto. En otras palabras, tiene que ver con una autoafirmación de un criterio definido por uno mismo y, por lo tanto, con una actitud de firmeza cuando alguien ha definido algo mediante un criterio propio. La asertividad, se desarrolla, se consolida y se pone a prueba a lo largo de la vida, en situaciones en las que aparecen presiones opuestas para que abandonemos nuestros criterios, o sigamos otros criterios, en contra de nuestra voluntad o criterio. Ciertamente, el temperamento influye en nuestra capacidad asertiva, así como las experiencias de seguridad y confianza en las interacciones sociales en nuestra infancia y adolescencia; pero su desarrollo no termina nunca, puesto que las presiones sociales y psicológicas siempre estarán presentes en la vida. Por ello, nunca es tarde para desarrollar nuestra asertividad, y cada experiencia es una oportunidad para ello. Las claves fundamentales son la identificación de estas puertas de oportunidad que se nos abren en la vida, y la puesta en marcha de un procedimiento de autoconocimiento y desarrollo personal en la interacción social. Voy a intentar resumir en 6 pasos un método para desarrollar la capacidad asertiva:

1)      Toma contacto con tu estado interno: el letargo psicológico y/o acomodación afectiva

Normalmente, la oportunidad de desarrollo de la asertividad, viene precedida de un estado de letargo psicológico o de acomodación afectiva a las experiencias. De esta forma, hay una sensación interna de comodidad monótona, en la que das por ciertos y aceptables, determinados patrones o interacciones sociales, aun sin estar de acuerdo con ellos. Puedes, en este estado, dudar de ti mismo, de tus convicciones, y supeditas o condicionas tus decisiones personales a factores externos (personas, presiones, opiniones ajenas…), que tienen gran poder sobre ti.  Esta fase se correspondería con un estado de anestesia psicológica en la que has cedido tu poder para experimentar una falsa comodidad. Como dice el refrán el “que no siente, no sufre”. Darse cuenta de esta fase implica el reconocimiento del letargo y de  una inquieta y monótona comodidad

2)      Identifica la falta de poder y autoridad sobre ti

Tras haber reconocido esta falsa comodidad, el siguiente paso es reconocer situaciones concretas en las que de forma ostensible o sutil, se te ha cercenado o te cercenas tu capacidad para decidir. Normalmente son situaciones asimétricas, en las que alguien te proyecta o te transmite una idea o un sentimiento, que tú aceptas o tomas como cierto sin ningún filtro, aun a pesar de que te duela o no estés de acuerdo. Normalmente, suele generar una cierta sensación de sorpresa incómoda, no sintiéndote libre para opinar lo contrario o de otra forma. Por ejemplo, esto puede ocurrir, cuando tu pareja da por supuesto y exige que sus peticiones deben ser correspondidas automáticamente, aunque veas que lo que te pide es desproporcionado e injusto. Lo mismo puede aplicarse en otros campos, como el trabajo o las relaciones familiares y sociales.

3)      Siente el miedo a la violencia que estás evitando

Normalmente, en estas situaciones asimétricas, en las que cedes tu autoridad a otra persona, hay unas dinámicas agresivas y violentas, desde un punto de vista afectivo, y, a veces, incluso en el comportamiento manifiesto. Probablemente percibes, aunque no eres consciente del todo, que manifestar o persistir en tu criterio va a generar una situación de alta o extrema violencia psicológica, apareciendo una dinámica potencialmente destructiva, y eso es desagradable. La evitación de esta dinámica afectiva, llena de ira y violencia, es uno de los factores que conduce a la paralización y al mantenimiento del letargo psicológico, sin afrontar las situaciones de forma asertiva.

4)       Siente tu estado interno real, sin presiones externas

No todo es violencia, ni agresividad, y enfrentarse a situaciones donde tu autoridad está dormida y donde la agresividad y violencia predominan, requiere de una ayuda. Esta ayuda no está fuera de ti, sino dentro de ti, aunque pueda haber personas que te faciliten su encuentro. Explora tu interior e identifica los vínculos afectivos de amor, los estados de tranquilidad y paz que has experimentado y puedes experimentar, así como tu determinación en momentos de tu vida. Estas herramientas son fundamentales para desarrollar tu asertividad. Dentro de ti, coge aquello que te ha producido bienestar genuino, desde el abrazo o cariño sincero de un familiar, de una pareja, de un amigo, hasta una conversación amistosa con alguien que quieres. Si te cuesta identificar, en este momento, alguna de estas experiencias, escoge algo muy fácil y universal; siente, por ejemplo, un momento en el que hayas respirado a gusto, o hayas paseado libre, explorando lo que te rodea, o simplemente un momento de satisfacción por existir. Siempre hay momentos de este tipo en  la vida de uno.

5)      Despierta y actúa: define y mantén tu criterio y retira el poder otorgado a otros

Ya has reconocido tu letargo, las situaciones opresoras, tus miedos y tu realidad satisfactoria. Ahora es el momento de ensayar, de entrenar en la vida real. Reconoce que el que define el criterio, en tu vida, eres tú, y nadie más. No importa tanto si tu criterio es o no el mejor; lo que importa es que la autoridad la tienes tú, tanto para acertar como para equivocarte, como incluso para ceder voluntariamente tu autoridad a otra persona. Es paradójico: la autoridad para ceder tu autoridad es tuya, y sólo tuya. La cesión de autoridad no es incondicional; si cedes tu autoridad, es de forma operativa porque reconoces que es positivo para la situación. Pero si ves que con la autoridad se abusa o se contradicen los criterios acordados, inmediatamente retiras el poder. Esto es ser asertivo. Cuando actúas, verás agresividad y que la gente intenta hacerte dudar y hacerte sentir culpable o que estás rompiendo algo prohibido o aceptado; tómalo como un criterio de que estás actuando correctamente. Tener un criterio propio implica estas sensaciones. Ese estado ya no es de acomodación. Empiezas a experimentar una incertidumbre y una curiosidad en tu vida. Es como una comodidad curiosa, estás despierto con todos tus sentidos y con incertidumbre vital pero con una tranquila seguridad.

6)      Sé humilde en tus convicciones y con tus criterios

La asertividad equilibrada se asienta sobre una base firme, en la que defines tus criterios, sabiendo que pueden no ser los mejores; pero reconoces que lo importante es el hecho de decidir tus criterios y tu vida. No obstante, sé humilde con tus criterios y convicciones,  busca afinidades y reconoce los criterios y convicciones de los demás como tan válidos como los tuyos. Sé curioso con los criterios de los demás, interésate por ellos y trata de buscar puntos en común con los tuyos. Estas actitudes así desarrolladas te ayudarán a ejercitar tu poder y ser asertivo, integrándote con las otras personas del mundo y con sus criterios y convicciones.