Intercomunicación celular positiva

IMG_20151205_192456Seguramente alguna vez hayamos conocido en nuestro entorno más próximo o lejano, alguna persona que ha cambiado muy positivamente o muy negativamente, incluso en muy poco tiempo. Sirva como ejemplo, las diferencias en los rostros de algunos gobernantes que, en un período de tan sólo 4 años, pueden mostrar un deterioro importante en su imagen externa. Tal como explican muchos expertos, el estrés del gobernante y del poder puede producir daños inflamatorios en los tejidos en muy breve tiempo, con efectos externos claramente observables. La explicación se resume en que las células del cuerpo se comunican entre sí, a través de ciertos mensajeros químicos, facilitando, por ejemplo, que una respuesta inflamatoria y oxidante en una célula se contagie a su entorno circundante próximo e incluso lejano. Es así como una respuesta inflamatoria se puede extender y hacerse crónica, produciendo un envejecimiento rápido. De forma coloquial, podría decirse, que las células se “hablan” unas a las otras, comentando lo agobiadas que están, produciéndose un contagio rápido ante el pánico y la negatividad de las células vecinas.

CR_926324_obama
Este es el lado “negativo” de la intercomunicación celular. Sin embargo, existe un efecto de intercomunicación positiva. Existen mensajeros “positivos” que, por el contrario, inhiben o regulan las respuestas inflamatorias, impidiendo que se extiendan, además de producir una protección y desarrollo celular saludable. Es ésta una intercomunicación protectora, trofotrópica o recuperadora, que favorece el crecimiento y el contagio celular positivo o saludable. En otras palabras, al producir de forma persistente y continua elementos saludables, es posible el contagio hacia todo nuestro organismo. Posiblemente, la intercomunicación celular de mensajeros protectores y recuperadores sea una de las claves de la juventud perenne y de recuperaciones rápidas o “milagrosas” que nos sorprenden. A nivel mental, esto implica la práctica o desarrollo de elementos protectores tales como la meditación, las relaciones interpersonales enriquecedoras y la focalización mental saludable. Cuando vives así, abres la puerta a que todas tus células se empiecen a emocionar positivamente y se empiecen a “hablar” unas a otras de lo bien que están produciéndose un contagio hasta zonas lejanas e insospechadas. Si se produce este contagio interno, los efectos son visibles externamente. Como bien dice nuestro refranero, “la cara es el espejo del alma”.

256H (2)254H

 

 

 

 

Anuncios

Estrés, recuperación y descanso

El tomar decisiones en momentos de crisis o estrés requiere de un estado mental  adecuado. Un estado mental apropiado, a su vez, es una combinación equilibrada de activación con descanso; en otras palabras notamos una tensión psíquica vital, por una parte y, por otra, experimentamos una sensación de tranquilidad interna. Esta paradoja no suele ser experimentada por muchas personas cuando están en momentos de angustia y estrés en su vida. En la consulta me he encontrado con gente que en momentos de crisis, llama por teléfono desesperada pidiendo ayuda y, tras una breve conversación dicen, entre la angustia, algo así como: “Mire Doctor, cuando ya me encuentre más tranquilo y resuelva los problemas que tengo pendientes, le llamo y me pongo en tratamiento”. Este sin sentido se produce cuando el estrés es tal que las personas no descansan y no desarrollan un mínimo de tranquilidad interna. Como les digo, “ahora es el momento para que te ayude;  cuando estés tranquilo y hayas resuelto los problemas, no necesitarás ninguna ayuda”. Para estar tranquilo internamente y resolver los problemas, se necesita un método que produzca la recuperación cerebral psicosomática facilitadora del descanso.

Uno de los métodos naturales para recuperarnos y descansar es el sueño saludable. El dormir poco y mal, es decir de forma poco reparadora, se puede percibir visualmente, en el aspecto de nuestra cara, ojos, en la tensión muscular, o en la postura de nuestro cuerpo. Internamente, existen efectos a veces no percibidos por uno, en tanto que el estrés prolongado disminuye nuestro campo de conciencia. Generalmente, pueden manifestarse por ejemplo en dolores inespecíficos, en un aumento de la tensión arterial o en una fatiga corporal, sin entrar en efectos más concretos sobre la salud. Uno de los problemas más comunes que refieren muchas personas en situaciones de estrés es que tienen problemas en el sueño, no descansan bien y tiene dificultades de concentración y fatiga por el día. Hay necesidad de dormir, pero no pueden utilizar este recurso natural para descansar: “Quiero dormir, pero no me entra el sueño; y, si me duermo, me despierto temprano”. ¿Qué hacer en estos casos?. Hay una serie de claves fundamentales en nuestra recuperación:

1) Dormir saludablemente es necesario y el cerebro hará lo posible para que duermas. Igual que cuando nos hacemos una herida, hay mecanismos de cicatrización, cuando tenemos estrés y nos fatigamos , el cerebro busca nuestra recuperación de manera natural.

2) Si no puedes dormir, no siempre tienes estrés y problemas en tu entorno actual. Con frecuencia, una vez que han terminado los problemas o situaciones de estrés intensas y duraderas, los problemas de sueño persisten. Aunque uno no tenga problemas externamente, la capacidad de recuperación cerebral puede estar afectada y puede tardar más tiempo en volver a un estado saludable. Es como si se hubiese activado un círculo vicioso del que no salimos y que nos produce agotamiento y dificultades para descansar.

3) Dormir es algo natural y no se puede forzar; incluso, cuanto más te empeñes en dormir, más dificultad tendrás para tener un sueño reparador. Lo que sí podemos es facilitar su recuperación a través de ejercicios que promueven la capacidad de reequilibrio del cerebro.

4)La potenciación de la capacidad natural del cerebro para recuperarse no se hace con un método racional, orientado hacia la consecución de una meta como si fuera un objetivo empresarial. La calma y el sueño no dependen de la razón, sino de la conexión con un estado mental apropiado.

5) Entrar en un estado mental de calma, cuando estás estresado e inquieto, resulta difícil sin ayuda y no conoces el truco para que se desarrolle la tranquilidad. Existen métodos para entrar en estados de calma y, generalmente, requieren de la guía de alguien experto. La tranquilidad interna no se aprende en un libro; un libro orienta y te aclara dudas, pero no sustituye a la experiencia de alguien que ha pasado por la experiencia y sabe cómo se inducen estos estados saludables de descanso y calma.

Caminando entre encrucijadas vitales

Hace unos días, uno de los lectores del blog planteó una situación personal interesante. Había leído el post sobre cómo enfrentarse a un “Narciso”, y envió un comentario refiriendo que él había tenido humildad con determinación, pero que seguía padeciendo a un jefe narcisista. Esto le había llevado a una encrucijada vital: dudaba si continuar en el intento de tolerar a su jefe, o si seguir un camino propio dejando su situación laboral actual. Estas encrucijadas pueden ocurrirnos en muchos campos, no sólo en el laboral. Por ejemplo, cuando decidimos qué estudiar o a qué dedicarnos profesionalmente, podemos dudar entre hacer caso a los consejos pragmáticos de nuestros progenitores y consejeros, a pesar de no ser de nuestro agrado, o seguir nuestras preferencias e intuiciones personales. Cuando tenemos una larga relación sentimental tortuosa, llega un momento en el que dudamos entre tratar de reconducirla o abandonarla. Las encrucijadas forman parte de la vida y son momentos en los que estamos en el filo de una navaja, pudiendo caernos o cortarnos, o salir impulsados hacia un estado de autorrealización y desarrollo personal. Son situaciones en las que estamos haciendo equilibrios o malabarismos, con el consiguiente estrés que lleva consigo. ¿Qué podemos hacer? Voy a recomendar tres claves básicas:

1º.- Reconocer y experimentar la vida como una toma de decisiones continua

Uno puede decidir diferentes acciones ante, por ejemplo, un jefe desgastante o ante una pareja tóxica; el primer paso es tomar conciencia de que puede hacer algo, independientemente de que sea más o menos acertado. Muchas personas se sienten indefensas ante una encrucijada vital y se bloquean desgastándose internamente; la experiencia de autoeficacia o de capacidad para generar efectos es el primer paso para vivir. Con esta capacidad activada, el no hacer nada y esperar un mejor momento, es una decisión vital con perspectiva y no un efecto de la indefensión personal.

2º Desarrollar la calma interna y ensayar posibilidades

Solucionar problemas y tomar decisiones no es algo que pueda realizarse exitosamente desgastándonos internamente. El mejor patrón de comportamiento para enfrentarse a encrucijadas es moverse externamente con tranquilidad interna. Es decir, probar y ensayar las diferentes posibilidades con calma interna. La calma interna, se superpone a la agitación externa, y permite probar y modificar las diferentes opciones que ha puesto en marcha. No es tan importante acertar a la primera, como poder cambiar y modificar aquello que no funciona de forma natural. En la vida puede reconocer a personas que se equivocan pero saben reaccionar con calma aceptando las pérdidas, minimizando el daño y actuando con prontitud. Por el contrario, hay personas que estando en un momento exitoso, se ahogan en él, y se hacen más rígidos y egocéntricos, o no continúan con curiosidad la evolución de sus asuntos.

3º Observe los efectos que producen sus decisiones

Cuando toma una decisión, se producen efectos tanto en los demás como en usted mismo. Por ejemplo, suponga que alguien se dirige a usted gritándole, recriminándole y demandándole atención. Usted decide no prestarle atención y hacer otras tareas cuando tome esta actitud con usted; vea qué cambios se van produciendo a lo largo del tiempo en esta persona. Por otra parte, observe los efectos que producen en usted sus acciones: ¿se siente más tranquilo, más seguro, más nervioso, más feliz? Preste atención a las señales que muestra su cuerpo, estas no nos engañan. Racionalmente, alguien puede decir que las cosas  van muy bien y que está tranquilo, pero repentinamente tener un dolor de cabeza agudo e insoportable. El cuerpo no engaña, mientras que la mente racional sí se autoengaña para evitar el sufrimiento.