Adoctrinamiento y educación

22HCon los atentados de Barcelona y Cambrils muy recientes, llaman la atención las declaraciones de familiares, amigos y conocidos de los ejecutores de los atentados, que no dan crédito a que ellos pudiesen haber cometido tales atrocidades. De acuerdo con lo que muchos medios reflejan, parece ser que los terroristas eran personas perfectamente integradas en la comunidad. Tal como menciona la educadora de muchos de ellos, la técnica de convivencia del ayuntamiento de Ripoll Nuria Perpinyá, eran “normales, responsables y educados” y no se podía imaginar de ninguna manera que pudiesen haber hecho lo que hicieron (http://cadenaser.com/programa/2017/08/22/hoy_por_hoy/1503383604_426307.html).

Esta dificultad para percibir aspectos disfuncionales en otras personas pone de manifiesto en primer lugar que la gente puede ocultar sus verdaderas intenciones, fingiendo actitudes y comportamientos prosociales ante los demás. Esto es más sencillo cuando aparece una historia inmaculada con una conducta social apropiada. Pero además, en segundo lugar, pone también de manifiesto que las personas se pueden adoctrinar con facilidad, incluso en un periodo corto de tiempo. La sociedad y las diferentes culturas están repletas de doctrinas que maniatan a las personas, bloqueando su libertad personal. Los lavados de cerebro utilizan los procesos de adoctrinamiento y de gratificación diferencial, haciendo sentir a las personas adoctrinadas un sentimiento de valía personal y de agradecimiento para con sus maestros, cuando en realidad éstos están maltratándolos o vejándolos.

El adoctrinamiento se emplea no sólo dentro de grupos extremistas fundamentalistas, sino también en otros muchos contextos como la política, la educación y la familia. Sus efectos son devastadores para la libre toma de decisiones de las personas y para su bienestar, siendo muy intensos en la infancia y en la adolescencia.

Es imprescindible educar y aportar conocimiento sin adoctrinar a los menores, como base fundamental para fortalecerse y prevenir adoctrinamientos alienantes en la sociedad. Este es un reto que se hace imprescindible en los tiempos actuales en los que predomina la búsqueda de certidumbre y control, junto con una sensación de inseguridad y sobreprotección en la educación. Es esta combinación un tanto disfuncional para erradicar los problemas personales y sociales derivados del adoctrinamiento, y que tal vez requiere de una reflexión y de un cambio en los sistemas de educación actuales.

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La pose y la postura

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Vivimos en tiempos en los que una imagen vale mucho más que mil palabras, al menos en nuestra sociedad. La imagen se ha convertido en un objeto de deseo y en un fin en sí mismo, más allá de una carta de presentación transitoria y momentánea. El desarrollo de las redes sociales ha contribuido a ello potenciando que las personas muestren sin pudor alguno sus imágenes y se recreen en ellas. Junto con este desarrollo de las redes sociales, las personas así mismo han agudizado el interés en gestos, lemas, eslóganes y poses. Probablemente estemos en la cultura del “trend topic”, donde no importan la veracidad, credibilidad y beneficios de los contenidos, el respeto a los otros, la aportación al conocimiento y el desarrollo de la capacidad de decidir libremente, sino tan sólo si algo genera impacto y difusión efervescente en las redes sociales. De alguna forma, las personas vivimos con la posibilidad de ser programados o condicionados por estos elementos. Por todo ello, es importante distinguir la pose de la postura. La pose es simplemente una posición o gesto momentáneo y transitorio que una persona adopta cuando tiene percepción de que su imagen personal va a ser sometida a valoración o escudriñamiento por otros. En un sentido amplio, la pose incluiría no sólo la presentación físico-visual y gestual, sino también el contenido verbal y prosódico de la comunicación. La postura, a diferencia de la pose, define una posición corporal y mental consolidada, en donde se plasman o reflejan rasgos temperamentales y de personalidad, experiencias vitales, así como actitudes en relación con el mundo y la interacción social. En un sentido amplio, igualmente incluye aspectos no sólo físicos, sino también de comunicación verbal y prosódica. En la postura se valora la consistencia de lo que se expresa, dice y de cómo se dice y presenta. Confundir la pose con la postura es un error común entre las personas, debido a los adoctrinamientos sociales, y lleva a equívocos en la percepción social y de la realidad. Muchas personas que viven parcial o totalmente de la imagen pública pasan gran parte de su vida mostrando poses, que no posturas. Los demagogos, charlatanes, populistas, falsos profetas y maestros, además de todos aquellos que se autodenominan mesías y salvadores del mundo o de la sociedad, son claros ejemplos de ello.

Distinguir la pose de la postura es relativamente sencillo, aunque todos podemos ser engañados. Tan sólo basta valorar la consistencia y congruencia de los comportamientos a lo largo del tiempo y en diferentes situaciones, porque siempre hay momentos de derrape en la vida y es difícil mantener la pose de forma constante. En todo caso, para prevenir engaños procedentes de una pose lo mejor es desarrollar una actitud inquebrantable y con determinación en la que el criterio y tu “salvación” están dentro de ti y no en la pose de alguien. Como dice nuestro refranero, “aunque la mona se vista de seda, mona se queda”.