La llama de la atención

vela 5Una mujer de mediana edad se dirigía a la caja de un supermercado con su compra y pidió a un caballero que por favor la ayudase a subir dos garrafas de agua al mostrador, dado que pesaban mucho. El caballero aceptó gentilmente, pero en ese momento la cajera, alarmada, le dijo que no las subiese, que no lo hiciera de ninguna manera. En una situación un poco violenta, la cajera estaba agitada e indignada. El caballero, al ir a pagar posteriormente, charló amablemente con dicha cajera, preguntándole qué es lo que pasaba con la clienta. Con un rostro enojado y desencajado, ella le mostró su indignación porque dicha cliente fingía todos los días una lesión para obtener ayuda de los demás; y eso la enfurecía, ya que sabía bien cuando alguien sufre de verdad, máxime cuando estaba con molestias recién operada en un brazo. El cliente, seguidamente, pagó su compra confiadamente, sin prestar atención a su ticket de compra. Al llegar a su casa comprobó que la cuenta se había disparado, ya que la cajera se había equivocado y había cargado dos veces varios productos.

La atención es como la llama de una vela o de un fuego. Necesitas avivar el fuego o atender a la mecha de la vela y sustituirla cuando proceda, para que así no se extinga la llama. Este aspecto es uno de los principales problemas con los que las personas nos encontramos en el día a día. Mantenemos la concentración durante unos momentos, pero nos despistamos fácilmente. La propia ira e indignación apaga la llama de la atención, pero no sólo en uno mismo, sino en los que están alrededor. La ira e indignación no sólo es perjudicial para el que la sufre directamente, sino que puede impresionar y despistar a las personas del entorno. Apartarse de la negatividad ajena y enfocar la mente de forma continuada en lo que quieres son elementos fundamentales pra una vida saludable y exitosa.

 

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