La autenticidad inteligente

P1000806Ser auténtico implica actuar y expresarse de forma consistente o coherente con nuestros valores, principios, deseos y emociones. Quien encuentra a alguien auténtico, encuentra verdaderamente un tesoro. La autenticidad es una condición necesaria para cualquier tipo de actividad humana constructiva. Una pareja necesita autenticidad para llegar a buen puerto y tener una convivencia enriquecedora; una asociación necesita de socios o miembros auténticos que muestren sus puntos de vista sin ocultaciones y segundas intenciones; un amigo que se precie de ser un buen amigo, es auténtico para con uno y muestra su afecto sin otro fin ulterior; para que un niño se desarrolle con seguridad, bienestar y con actitudes constructivas, requiere de unos padres con cierta autenticidad. Si las personas no están inmersas en esta virtud o están impregnadas de su opuesto que es la ocultación y la falsedad, los vínculos interpersonales, el funcionamiento social y la salud personal se resienten y las relaciones entre las personas se deterioran.
No obstante, siendo la autenticidad un elemento fundamental para vivir, necesita de otros aderezos o complementos para que pueda triunfar entre las personas y en la sociedad. Es decir, la autenticidad “per se” no es suficiente, ya que estaríamos en riesgo de caer en actitudes inocentes ciertamente descompensadas. Por ejemplo, en una guerra ser auténtico puede ser ciertamente algo muy riesgoso; o alguien que está bajo el dominio férreo de un dictador o tirano no encuentra ni armonía ni sentido a mostrarse auténtico espontáneamente. Algunos libros oraculares ejemplifican estas situaciones vitales, tal como hace por ejemplo el I Ching o Libro de las Mutaciones con el hexagrama correspondiente al “oscurecimiento de la luz”. Se representan en este caso personas con conocimiento que ocultan su brillo, pasando desapercibidos o incluso simulando la locura para preservar así su vida y/o conocimiento. Obviamente, esta situación extrema es una manera de decirnos que la autenticidad necesita de prudencia e inteligencia para su expresión fructífera. Planteadas las premisas, planteo las preguntas. ¿Te reconoces como auténtico/a? Y en caso afirmativo, eres un/a auténtico/a inteligente-prudente o un/a auténtico/a inocente?

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Inocencia psicológica, experiencia y madurez

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En nuestra vida, si miramos retrospectivamente y con conocimiento, seguramente podamos distinguir en cada uno de nosotros alguno de los siguientes elementos fundamentales en el desarrollo de las personas: la inocencia (psicológica), la experiencia y la madurez. La inocencia, de acuerdo con su significado etimológico nos indica la ausencia de “daño o nocividad” (proveniente de los términos del latín innocentia e innocens; in= no y nocens = daño; el verbo origen es nocere que significa “hacer daño”); es decir, implica una buena intención, transparente, sin pretender hacer daño y sin ocultaciones. Experiencia proviene del término latín experientia, que quiere decir ensayo o prueba. Madurez por su parte, deriva de maturus (latín), que significa con el desarrollo apropiado o que está en el momento oportuno. Estos tres componentes, en su justa medida y proporción, producen efectos saludables en nuestra vida. Necesitamos ilusión, buenas intenciones y una falta de segundas intenciones en lo que emprendemos, pero esto no es suficiente; también se hace necesario poner a prueba nuestros proyectos y aprender de la experiencia, así como asimilar tanto los fracasos como los éxitos de forma madura. Cuando hay una desproporción de alguno de estos aspectos, puede haber dificultades para superar los obstáculos de la vida. Nos podemos encontrar con varias posibilidades, que presento en la tabla y explico a continuación::

Inocencia, experiencia y madurez

a) Mucha inocencia y poca experiencia y madurez
Este patrón es característico de los adolescentes en sus primeras experiencias en búsqueda de la autonomía. Grandes ilusiones, grandes ideas, pero poco viables o que no perciben los obstáculos presentes, y no están forjados en la brega y en el mantenimiento de la actitud apropiada ante las dificultades. En un grado extremo, sería el patrón de los ILUSOS.

b) Mucha experiencia y poca inocencia y madurez
Este patrón o perfil es característico, entre otros, de personas hiperadaptadas a su trabajo, materialistas, sin autenticidad en lo que hacen, todo lo hacen con un fin normalmente de forma egocéntrica o caprichosa. Se incluyen en este grupo a trabajadores leales, conformistas, poco implicados en actividades interdependientes y en el que su vida está simplificada al máximo: sólo importa trabajar, experimentar sin cuestionarse ni plantearse nuevos retos que impliquen otras posibilidades y a otras personas. En un grado extremo sería el perfil de los HIPERADAPTADOS.

c) Mucha inocencia y experiencia y poca madurez
Este patrón es característico de personas muy idealistas o incluso ilusas que, a pesar de su amplia experiencia a veces adversa, mantienen su idealización con persistencia, a pesar de las evidencias que están indicando un cambio de estrategia en sus acciones, o una reformulación de sus objetivos. El grupo definiría a los IDEALISTAS OBCECADOS.

d) Mucha inocencia y madurez y poca experiencia
Este patrón es característico de personas muy comprometidas y auténticas, que trabajan con ahínco y responsabilidad en pos de grandes ideales, pero que carecen de la experiencia necesaria. Su inocencia y capacidad de trabajo les puede traer éxitos en un inicio, pero a la larga se les presentan obstáculos que pueden canalizar apropiadamente si aprenden de la experiencia y no se afanan en idealizaciones fantasiosas. Este perfil en su grado extremo se correspondería con el de IDEALISTAS COMPROMETIDOS.

e) Mucha experiencia y madurez y poca inocencia
Este patrón caracteriza a personas con un gran sentido del propósito y con intención en lo que hacen, siendo persistentes en pos de sus objetivos y metas. Dependiendo de otras características éticas y de vinculación interpersonal, las personas pueden ser o bien maquiavélicas con tendencia a la psicopatía y a la manipulación, o bien muy agudas en sus apreciaciones, con gran perspectiva en sus decisiones. Las personas de este grupo podrían denominarse en su conjunto PERSPICACES-INTENCIONALES.

La mezcla equilibrada de inocencia, experiencia y madurez produce los mejores efectos tanto para uno mismo como para los demás. Sin embargo, existen etapas en la vida que no se pueden saltar; la madurez óptima viene tras la experiencia bien asimilada y la experiencia se adquiere tras una fase inicial de inocencia inexperta. Lo importante es (re)conocer en qué fase estás y no pretender quemar etapas rápidamente, tan sólo haz lo que tengas que hacer en cada fase. El producto final maduro, como si se tratase de un buen vino, es una combinación de ilusión inocente, experiencia y maduración con el tiempo y en buenas condiciones. Mantener un punto de ilusión, sin dejarse condicionar en exceso por la experiencia y sin que la maduración excesiva atrofie nuestra plasticidad neuronal, es el reto para una vida saludable.

Inocencia psicológica

    La palabra inocencia ha sido asociada, tradicional e históricamente, a conceptos como pureza, ausencia de malicia y a un comportamiento noble, pero infantil. En el diccionario de la Real Academia Española se recogen estos matices, definiéndola como un “estado del alma limpia de culpa”.  En la Biblia, en el Nuevo Testamento, se describe la tragedia de los niños inocentes que, bajo los sentimientos paranoicos del Rey Herodes, fueron víctimas de una matanza. El temor de Herodes a perder su trono fue el motivo que hizo que muchos inocentes, “limpios de culpa”, encontrasen un trágico final. Actualmente, la inocencia constituye un fenómeno de interés dentro de la Psicología y, particularmente, en la personalidad. Como se ha definido en el Vinculatest, test de evaluación de la vinculación interpersonal en adultos recientemente construido, (Abuín, en prensa), la inocencia psicológica define “un rasgo de personalidad caracterizado por una idealización en las relaciones interpersonales,  un exceso de confianza en los valores humanos de justicia y ecuanimidad, una incondicionalidad en el comportamiento y una incapacidad para ver intenciones malévolas por parte de otras personas”. Muestra, en resumen, una  incapacidad o disfunción para percibir intenciones negativas de otros, que es compensada con una idealización o pureza en la forma de ver el mundo.

    La inocencia psicológica es un rasgo de actualidad en nuestro medio social.  Vivimos bombardeados por noticias que  muestran una realidad, pero desconocemos, con frecuencia, lo que sucede en la trastienda. Los medios de comunicación y la cultura son capaces de disfrazar la realidad de forma tal, que nunca vemos, o no nos fijamos, en lo que hay debajo del disfraz.  Es más cómodo y menos doloroso, no prestar atención a detalles desagradables de la realidad. Las personas inocentes psicológicamente, se sitúan en este punto; conciben la realidad de forma muy positiva y su espíritu noble y puro les lleva a “ser ciegos” con otras dinámicas menos puras y más enrevesadas, pero reales y presentes en la interacción humana. La inocencia psicológica no es negativa “per se”; de hecho correlaciona positivamente con  la interdependencia saludable, la empatía afectiva y la regulación emocional saludable. Es decir,  los inocentes parece que son muy empáticos, se sienten cómodos pidiendo y recibiendo ayuda y muestran una buena modulación afectiva. Sin embargo, ser inocente no tiene relación alguna con el padecimiento o con la ausencia de trastornos psicológicos, a diferencia de la empatía sana y la interdependencia saludable que sí nos fortalece contra las adversidades y los problemas psicológicos. Desde el punto de vista más experiencial, la inocencia psicológica se relaciona con experiencias de desilusión vital, indefensión y desamparo. Es fácil que personas con altgo grado de inocencia se encuentren con situaciones  sorprendentes, para ellas,  y manifiestan por ejemplo:

– “¿Pero, cómo?…, no es posible, si me dijiste que era un trámite sin importancia, y ahora me veo fuera de la empresa…”

– “Usted me dijo que estas eran las condiciones, pero ahora son otras. Cuando firmé, me aseguraron que no habría ningún problema, que la inversión era garantizada”

– “Habíamos quedado en que me reservarían la plaza, que hoy les entregaría la inscripción, me dio su palabra, pero me han excluido…”

   La inocencia psicológica es positiva para relacionarnos con personas francas y honestas; pero no, para relacionarnos con personas con dobles vínculos, o poco transparentes, en las intenciones y en la comunicación. Por ello, el desarrollo de un contrapeso realista ante la inocencia es fundamental. El plan de intervención se resume en las siguientes fases:

1) Identificar la inocencia psicológica en ti mismo: detecta y siente tus anhelos profundos de justicia, honradez, incondicionalidad

2) Comprueba si puedes conectar, dentro de tu experiencia, con sentimientos antagónicos a los referidos en la inocencia: malicia, injusticia y parcialidad, envidia, condicionalidad al afecto y a los comportamientos

3)Interacción experiencial: toma contacto con diferentes situaciones y conecta con los sentimientos inocentes y realistas anteriores