Mitos sobre el amor y las relaciones interpersonales: el poder del contexto

corazón-solExisten dichos en la psicología popular sobre el amor y las relaciones interpersonales que, aunque suenen y parezcan muy armoniosos, son frecuentemente factores de vulnerabilidad y riesgo para la salud y el bienestar personal. En muchos casos su significado ha sido malinterpretado o se ha descontextualizado. Veamos tres de estos dichos que muchas personas creen a pie juntillas:

1.- El amor verdadero es incondicional

Una cosa es amar, considerar y aceptar a los demás de forma incondicional, sin querer cambiarlos y sin querer interferir en sus vidas y decisiones, que mostrar tu afecto y amor a una persona que te humilla o maltrata. Mucha gente confunde el tomar una actitud de amor universal con todas las personas- incluida tú misma-, en las que respetas sus momentos vitales, condiciones y características, con el amor sumiso y “santo” ante personas sin escrúpulos que dan mal trato a las personas de su alrededor. Muchos psicópatas, narcisistas o maquiavélicos desaprensivos se aprovechan de esta creencia y de esta incondicionalidad desajustada, teniendo a su alrededor una gran cantidad de adeptos incondicionales.

2.- En la medida que das recibirás

La entrega en lo que haces es importante, pero los principios de equilibrio en las relaciones humanas son fundamentales y funcionan siempre que las dos partes estén de acuerdo en la reciprocidad. Dar y recibir por un igual es un elemento fundamental, si las dos partes comparten el mismo principio. En caso contrario, una de las partes puede aprovecharse de la otra, generando un desajuste importante y agotamiento, al menos temporalmente. Cuando siembres tus dones, mira bien dónde lo haces. Una buena semilla en terreno infértil no dará buen fruto y tu entrega y generosidad se malgastarán.

3.- La fuerza del amor lo puede todo

El amor es una fuerza fundamental para la vida y para el éxito en lo que uno hace. Hacer algo con amor es fundamental y proporciona una gran persistencia, continuidad, sentido y calidad a tus actos, en comparación con el ejercicio mecánico de una actividad. Sin embargo, extrapolar esto a las relaciones con otras personas puede resultar peligroso. Una cosa es amar a otros simplemente al reconocerlos como personas, y otra es intentar cambiar su vida o ganar su afecto a través de nuestro amor. Así aparecen fantasías en las que se cree que el amor incondicional de tipo mártir producirá, finalmente, un cambio en las parejas tóxicas.

Al final, parece que muchas cosas en esta vida dependen del contexto. Amor SÍ, pero con CONTEXTO. Si prescindes del contexto, llegarás a situaciones indeseadas y tóxicas; si tienes en cuenta el contexto, el amor que transmitas será una fuerza poderosa y enriquecedora que dará buenos frutos

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Desarrollo de vínculos saludables ante la manipulación familiar

Una de las experiencias más dañinas y dolorosas es la manipulación familiar, cuando existen menores de por medio. Los niños están secuestrados por las intenciones malévolas de los adultos y aprenden, consciente o inconscientemente, que son mercancía de intercambio para satisfacer tanto las necesidades egocéntricas como de poder de sus padres. En conflictos interpersonales de pareja, son frecuentes comentarios tales como: “Te voy a quitar a los niños, te voy a quitar la casa y te voy a dejar sin nada”. Incluso, una de las partes, puede querer inutilizar a la otra, desacreditándola o poniendo en tela de juicio su capacidad para ser madre o padre, acusándola/le, por ejemplo, de ser inestable, irresponsable, manipulador(a) o inútil. A partir de estas premisas, se ejercen estrategias maquiavélicas para mostrar las “maldades” de su pareja y hundirla en la más profunda miseria, siendo los niños lo último de lo último. Por ello, son coaccionados o adoctrinados en uno u otro sentido, para capturarlos emocionalmente y para que sirvan a la causa de cada uno de los progenitores. El dolor de la propia fragilidad del adulto es tal que, en lugar de poner la energía al servicio de los hijos, la ponen al servicio de sus carencias personales. Se explica así, que los hijos estén al servicio de los caprichos de los adultos y de su necesidad de ser valorados, dado que, en el fondo, no tienen una buena autopercepción de ellos mismos. El narcisismo adulto impide reconocer el derecho de espacio propio y de autoafirmación de los niños, de forma que éstos son considerados, tanto una extensión o proyección de ellos mismos como ayudantes a su servicio.

Generar vínculos saludables, cuando ambos padres utilizan a sus hijos de esta forma, es complejo. Los modelos que ejercen sobre ellos, tanto el padre como la madre, son importantes. En estos casos, enseñan a los menores que las personas no son de fiar y que, por otra parte, son simplemente medios o “juguetes” para conseguir compensar su insatisfacción personal. En ningún caso aprenden que las relaciones entre las personas tienen una finalidad en sí mismas. Aprender a establecer relaciones interpersonales, sin fines ulteriores, es fundamental para promover y desarrollar vínculos saludables en los niños y, en general, en cualquier persona. Por ello, es fundamental la tolerancia cero a relaciones instrumentales entre adultos que utilicen a niños. Además, en la escuela es primordial enseñar a los niños a detectar tanto las dinámicas instrumentales entre las personas como las dinámicas cuya finalidad es, en sí misma, entablar y desarrollar vínculos amorosos. Enseñar a distinguir estas dinámicas, así como a reaccionar adecuadamente ante ellas, es la mejor forma de desarrollar vínculos sanos en la infancia y de prevenir relaciones destructivas en la edad adulta. La sensibilidad social ante las relaciones instrumentales entre las personas, sólo se puede fomentar a través de una educación que, si no empieza en la familia, debe hacerlo en la escuela y a través de los medios de comunicación. Las relaciones de “usar y tirar” o de “todo vale, si consigo lo que quiero”, deben de contrarrestarse con un modelo diferente de “dar y recibir” y de “vale, si respeto las necesidades de los demás y las mías propias”. Los vínculos saludables se generan con el reconocimiento de estas dos realidades, potenciando un modelo de intercambio recíproco y de respeto de necesidades.