Naturalidad

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Encontrarse con una persona que se muestra de forma natural, sin artificios adicionales y  sin clichés y máscaras sociales, es un disfrute. Es una experiencia semejante a la que nos encontramos con niños de hasta tres, cuatro e incluso más años, cuyo desparpajo nos asombra, nos divierte y nos enseña. Con el paso del tiempo, sin embargo, la socialización que incluye los modelos parentales y las costumbres o normas culturales aceptadas va poco a poco presionando a esa naturalidad hacia su inhibición u ocultamiento. Así en la edad adulta, las personas muestran una mayor rigidez, que no consistencia, en su manera de expresarse y ser en muchos ámbitos, como el familiar, social, laboral o incluso en el más privado o íntimo.

Respetarse a uno mismo y a los demás, mostrándonos de forma natural en nuestro necesario proceso de socialización es un reto desde que nacemos hasta que morimos. Para expresarse de forma natural, no hace falta ni ser excepcional, ni intentar deslumbrar a nadie. Sí es recomendable encarar la vida y el ser uno mismo como un descubrimiento, más que como un logro o consecución. Ser natural está asociado al descubrimiento incondicional de uno mismo y a la sorpresa, entre todas las rutinas y normas sociales con las que convivimos. Es esta capacidad de sorprender un poder capaz de penetrar en lo más profundo de las personas, aportando sosiego estabilidad y confianza tanto en el que sorprende como en el sorprendido.

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La amistad y la autenticidad

Imagen para web entrenamiento autógenojpgSe dice en textos sagrados, como la Biblia, que “quien encuentra un amigo encuentra un tesoro”. Tal como define en primer lugar el Diccionario de la Real Academia Española, la amistad es el “afecto personal, puro y desinteresado, compartido con otra persona, que nace y se fortalece con el trato”. Esta acepción coincide con la amistad que Aristóteles señala como “honesta” en su libro de “Ética a Nicómaco”. Este tipo de amistad es la que Aristóteles señala como auténtica, para diferenciarla de otros tipos de amistad no auténtica: la amistad “por utilidad” y la amistad “deleitosa”. La amistad es honesta y auténtica en tanto el afecto se transmite sin ninguna finalidad ulterior más que por el afecto en sí mismo; los verdaderos amigos se quieren y se respetan por sí mismos y no por algún provecho o placer circunstancial. Ciertamente, no se niega con esto que las amistades verdaderas tengan intereses o actividades placenteras compartidos, pero todo ello se produce en el marco de la afectividad en sí misma, sin otra finalidad principal. Aristóteles muestra igualmente que las amistades por utilidad y deleite son accidentales, efímeras y poco perdurables en el tiempo; mientras que las amistades honestas o auténticas son consistentes y con una gran durabilidad.

Las investigaciones psicosociológicas corroboran estas diferenciaciones ya realizadas por Aristóteles hace muchos siglos. Desde la Sociología y la Psicología se han estudiado las formas de autopresentración de las personas y cómo existen diferentes formas de relacionarse con otras personas y diferentes formas de concebir la amistad. Para Goffman, sociólogo norteamericano, las personas somos actores cuya tarea principal es fabricarnos un papel. Las personas que tienen mucha tendencia a estar controlando sus formas de presentación ante los demás tienden más a la amistad de utilidad. La amistad más auténtica predomina en las personas con menos necesidad de control de su imagen y su forma de presentación a los demás. En la vida podemos comprobar estos tipos fácilmente. Así, muchos políticos y personajes con notoriedad pública, por ejemplo, viven para el control de su imagen y su reputación, y eligen sus amistades de forma interesada. Por el contrario, otras personas más transparentes se preocupan de mostrar su forma de ser sin estar pendientes de su imagen o reputación, y eligen sus amistades desinteresadamente. Un extremo en esta tipología serían aquellos que se fabrican un papel o una falsa representación de sí mismos. Lo que representan es una máscara para ocultar aspectos negativos o vergonzosos de sí mismos, resultando a veces un esperpento cuando se descubre la representación falsa de un papel. En este caso nos podemos encontrar paradojas tales como personas que dicen ostentar una habilidad o don, cuando en realidad son totalmente carentes de ello. Un ejemplo lo encontraríamos en los vendedores de humo.
¿Eliges a tus amigos por utilidad, por placer o por sentimiento genuino de empatía y respeto mutuo? Observa qué es lo que más predomina en tu vida. Si tienes muchos amigos por utilidad o por un placer circunstancial, podrás tener éxito social aparente, pero te perderás en la madeja de las múltiples representaciones, sin disfrutar de la consideración y afecto de un auténtico amigo. Si tienes amigos auténticos, sentirás una sensación de respeto y consideración genuina por parte de ellos, con la experiencia de satisfacción por encontrarte con este tesoro.