El síndrome del gurú: el poder del criterio

Acabo de leer una noticia que me ha impresionado: “los seguidores de un gurú muerto lo meten en un congelador al creer que estaba meditando” (noticia en http://www.lavanguardia.com/internacional/20140314/54403626554/seguidores-guru-muerto-meten-congelador-meditando.html). Habiendo tenido un infarto certificado clínicamente por tres médicos, su círculo íntimo de colaboradores lo niega y hace una llamada al resto de seguidores para que mediten y aprovechen las buenas vibraciones del estado de meditación profunda del Gurú Ashutosh Maharaj. Obviamente, este caso extremo de locura grupal se puede entender como un trastorno psicótico compartido o “folie a deux”, en el que un grupo comparte una creencia delirante que se asume como verdad, pudiendo ser impuesta por alguien del grupo. Sin embargo, este hecho sorprendente y extraordinario, sirve para ilustrar la importancia del criterio en nuestras vidas, y cómo muchos falsos maestros usurpadores del criterio personal pueden destruir o secuestrar vidas fácilmente. En muchos de los cursos que he asistido y/o impartido a lo largo de mi vida, he detectado un perfil entre algunos asistentes que, de caer en manos de un supuesto gurú, podrían perder su criterio. El perfil se corresponde con personas sugestionables, empáticas, dependientes, idealistas, buscadoras de conocimiento, honestas, trabajadoras, necesitadas de reconocimiento y valoración, centradas en las necesidades de los demás más que en sus propias necesidades y con rasgos de inocencia, teniendo dificultad para ver dinámicas nocivas en las personas que idealizan. Por el contrario, los gurús que podemos denominar “usurpadores” o “ladrones” del criterio propio, presentan unas características distintivas y, en gran medida, complementarias con las de sus seguidores: gran capacidad de sugestión y seducción, explotadores y utilizadoras de las personas, pragmáticas y manipuladoras, más centradas en la fachada que el ser uno mismo, autocentrados en sus necesidades despreciando o ninguneando las de otros, maquiavélicos y con el sentimiento de ser únicos, elegidos y dignos de admiración, vanagloriándose de forma constante e induciendo a sus seguidores a que le admiren desmesuradamente.

A la luz de estas reflexiones, sólo nos queda preguntarnos si hay gurús verdaderos, y cómo prevenir y detectar la usurpación de nuestro criterio. Empecemos por lo último, aunque sencillo, no obstante difícil de detectar si alguien está ciego o abducido por un gurú, ya que negará por activa o por pasiva que esto le esté ocurriendo. La acción de un falso gurú se detecta por lo siguiente, básicamente:

1.- Es encantador al principio e, incluso, te engatusa, valorándote como nadie lo había hecho. Esta valoración inicial, se mantiene posteriormente, aunque ya intercalada con actos de reprobación de todo aquello que hagas, pero no esté de acuerdo a sus criterios. Esta dualidad en el mensaje, que esconde un condicionamiento de la valía– eres valioso, pero sólo si haces lo que te digo-, es característica de los grupos sectarios. De esta forma, se genera un sentimiento complejo, mezcla de agradecimiento y de imperfección con culpabilidad, semejante a lo que se siente cuando se establecen los dobles vínculos, témino que acuñó y conceptualizó el antropólogo Gregory Bateson; es decir, vínculos con mensajes contradictorios difíciles de asimilar por el receptor.

2.- Proclama que hay un conocimiento interno por descubrir, y  que su método es superior al de los demás para dicho descubrimiento. Es decir, este descubrimiento interno se produce con su método y sugiere, muy hábilmente, que el resto de métodos no son tan valiosos como el suyo.

3.- Tolera muy mal que alguno de sus seguidores se abra a nuevos métodos, o a nuevos criterios para ese descubrimiento interior, de forma que cuestiona o reprueba tales comportamientos de forma, o bien abierta, o bien sutil. Igualmente, reprueba o critica la búsqueda de validación personal con otras fuentes externas; por ello, los grupos sectarios terminan por ser cerrados, para que los seguidores no tengan acceso a otra validación personal de contraste.

4.- Normalmente, es muy celoso con su conocimiento, no mostrando abiertamente su origen, ya que sus seguidores podrían detectar que no es suyo, o que no es tan especial como proclama. El falso gurú, en ningún caso, acepta aprender de otro gurú o persona con conocimiento, ni acepta tener menos conocimiento que otros sobre alguna faceta de su especialidad. Por ello, nunca se perfecciona en público con el aprendizaje de nuevas facetas o disciplinas, porque en su fachada no puede mostrar que sabe menos que otro.

5.- Por último, y muy importante, el falso gurú con sus técnicas de adoctrinamiento, produce una pérdida o abandono de los propios criterios personales; el gurú puede proyectar su doctrina en los demás seguidores, de forma que éstos sientan que los pensamientos y criterios de su líder son criterios auténticos que, supuestamente, han descubierto en su interior. Esto es el efecto de sugestión o inducción por proyección, fácil de producir en las personas con el perfil mencionado.

Finalmente, sólo nos queda cuestionarnos  la existencia de los verdaderos gurús. Los gurús verdaderos, en realidad, no existen, tal como se conciben por la sociedad. El único gurú verdadero es el que llevas dentro, y que descubre y aprende de la experiencia. Los psicoterapeutas, “coaches”, profesionales o expertos, tan sólo son vehículos para que las personas puedan conducir sus vidas y definir sus propios criterios. Un “buen gurú” es el que facilita el “selfcoaching” o autoentrenamiento, facilitando que definas tus propios criterios en base a las fuentes de conocimiento que hay en la vida. Si alguien intenta usurpar tu capacidad de criterio, no es un buen gurú o maestro: el poder del criterio siempre te pertenece.

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