A propósito de los “Romanes” de Granada: el lavado de cerebro y la recuperación de identidad

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Cuando uno conoce ciertos acontecimientos, no hay palabras para describir los sentimientos que estos producen. Me estoy refiriendo en este caso a los abusos supuestamente cometidos por un grupo de sacerdotes y un profesor de religión en Granada, y que parece han podido ser ocultados o pasados por alto por el arzobispo de Granada (http://www.elmundo.es/cronica/2014/11/30/54798f37e2704e5f1e8b4570.html). Es nauseabundo pensar o tener una imagen de los abusos de estos personajes impresentables. Pero desde estas náuseas debemos explicar cómo las personas pueden someterse a todo tipo de abusos sexuales, y no sólo eso sino legarles pisos, casas, propiedades y 3 millones de euros, tal como hizo una farmacéutica granadina. La dinámica emocional manipulativa de estas situaciones se conoce desde hace mucho tiempo en las ciencias psicológicas y ha sido y es utilizada por sectas o por grupos adoctrinadores, tales como agencias de inteligencia o servicios secretos. El objetivo de estos grupos es literalmente lavar el cerebro a la gente   (“brainwashing” en inglés)  y utilizan determinadas técnicas para ello. La secuencia de pasos presente en estas técnicas es más o menos la siguiente:
(1) Establecer una meta muy elevada o muy ideal que sea el gancho para personas con nobles ideales y con necesidad de hacer algo importante en la vida (en grupos religiosos, alcanzar la iluminación, por ejemplo; en agencias de inteligencia, hacer un servicio muy importante  para tu país, donde sólo unos elegidos pueden hacerlo).
(2) Retirar la individualidad y el sentimiento de identidad; eres alguien porque formas parte del grupo u organización y tu valor reside en eso. Para ello el aislamiento es una fase necesaria en algún momento, impidiendo que la persona tenga otras fuentes de validación de sus propias ideas, comparando puntos de vista.
(3) Inducir culpa si no haces lo establecido por el grupo o mentores: “no estás alcanzando la perfección”, “ estás fallando”, “no eres de los nuestros”. En esta fase, sin embargo, el líder es indulgente, transmitiendo la idea de que puede mejorar y cambiar.
(4) Recompensar y alabar progresivamente lo que hace bajo las directrices de los líderes o mentores: “tú sí que vales”, “eres el mejor alumno que he tenido”, “tu nivel de perfección es muy alto”, “te vamos a nombrar un alto cargo de la organización”, “eres mi mano derecha”.
(5) Creación y consolidación de una nueva identidad: encarnación de los ideales del grupo, eres lo que te han encomendado y que cumples a la perfección
Adicionalmente, algunos grupos pueden utilizar algunas ayudas para asaltar la identidad de las personas, bien a través de hipnosis, bien a través de la privación y control del sueño y alimentación (por ejemplo, períodos de ayuno).

Para recuperar la identidad tras un lavado de cerebro, el primer paso necesario es la recuperación progresiva de amistades y contactos anteriores. En el momento en que una persona tiene contacto con otros puntos de vista y puede validar sus consideraciones con más personas, el proceso de recuperación se inicia. Muchas veces, dado que el condicionamiento sectario suele ser muy intenso, puede requerir la ayuda de un terapeuta experimentado para redescubrir su identidad que estaba formando y enfrentarse al miedo de no saber y a experimentar nuevamente. Al final, cuando una persona reconoce su capacidad inequívoca para elegir entre varias opciones, sin coacciones ni automatismos, comienza fortalecido una nueva etapa en su vida.

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De los sesgos y extremismos al poder equilibrado

fotos new york, canarias, lugo, córdoba 080La experiencia nos muestra que las personas somos muy impresionables por los extremos y por las opciones sesgadas. La toma de decisiones no está principalmente guiada por la moderación. Vivimos en un mundo repleto de falacias, prejuicios, experiencias disonantes o incoherentes…, algo así como un gran mercadillo donde habitan muchos personajes de diferente tipología. En él conviven vendedores de humo, farsantes, pseudocientíficos, fanáticos intolerantes, científicos reputados, personajes de poder, personajes que suspiran por el poder, profetas del miedo, seguidores, personas necesitadas de guía o de un líder y/o perdidas y, por supuesto, personas auténticas, preparadas, moderadas, con el suficiente temple para enfrentarse en este mundo complejo. Con tal diversidad de personajes, es complicado discernir adecuadamente donde está el equilibrio. La Historia nos ha mostrado hasta ahora que, ante este mundo complejo, los mensajes extremos o sesgados tienen más penetración y resonancia en las mentes de las personas. Ante las crisis sociales, los mensajes catastrofistas extremos (“Si vienen estos, será el fin de nuestros días de bienestar…”) o los mensajes revolucionarios positivos y supuestamente esperanzadores (“Yes, we can” o “Podemos”), son los que más impacto tienen en la psicología de las personas. ¿Alguien se ha parado a ver en detalle estos mensajes, qué implican, de dónde proceden, qué preparación necesitan y qué motivación y esfuerzo requieren? En principio no, dado que las personas nos vemos determinados por dos sistemas motivacionales fundamentales: el primero es el sistema del miedo y el segundo es el sistema de placer-recompensa. No hay emoción negativa más poderosa que el miedo para afectar la mente de muchas personas, algo de lo que la Historia ha sido y es testigo privilegiado. Por otro lado, las personas son también sensibles y susceptibles al cambio cuando hay mensajes altamente positivos, incluso más cuando permanecen en la fantasía. Cuando no pisas la realidad, el mensaje es indestructible porque no se puede contrastar con la experiencia. El placer y la recompensa mental de un mundo ideal son muy grandes.

Estos dos sistemas han constituido, bajo mi punto de vista, el motor de nuestros comportamientos y de los movimientos sociales más radicales y descontrolados. La ilusión y la fantasía de una raza superior sublime, la raza aria, llevó a Hitler y a todo un pueblo a destrozar a millones de personas. Nuestros propios miedos generan que destruyamos o eliminemos a otros porque piensen diferente o pongan en tela de juicio nuestra forma de pensar, de forma que sentimos que nuestra seguridad está en peligro. El punto de equilibrio está en la moderación, entendiéndola como ese punto en el que se ponen las cosas en una medida. Moderar, que procede de moderatio (lat.) y de su raíz más antigua indoeuropea med, de la que por cierto derivan otros términos como meditar, implica definir y actuar dentro de un intervalo de equilibrio. Así, para actuar de forma moderada o equilibrada, es necesario conocer nuestros miedos e identificar nuestras fantasías ilusorias sin fundamento. Es cierto que para que algo se produzca en la realidad externa, debe producirse primero en la mente; pero no es lo mismo fantasear que “cocinar” o trabajar dentro de la mente lo que queremos. La ilusión es una materia prima que debe ser cocinada dentro de la mente y se necesitan otros ingredientes y conocimientos. Todos podemos, sí, pero siempre que haya conocimiento, preparación, determinación, perseverancia, respeto, humildad, responsabilidad, temple y esfuerzo. Dedicar tiempo a conocer nuestros miedos y a desarrollar nuestras fortalezas es condición indispensable para realmente poder y no quedarnos en eslóganes tan impactantes como estériles.