A propósito del primer contagio por ébola en España: el mecanismo de defensa de proyección

fotos noruega 046Ciertos hechos que en nuestra sociedad parecen sorprendentes e incomprensibles, tienen una explicación desde un punto de vista psicológico, que no una justificación. A propósito del caso de Teresa Romero, auxiliar de enfermería infectada de ébola en España, observé estupefacto las declaraciones del Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid, Javier Rodríguez, en las que culpabilizaba a la sanitaria de haber negado sistemáticamente que hubiese cometido un error al desvestirse del traje y de haber ocultado a su médico de cabecera que había tratado a un enfermo de ébola. Es curioso que un político acuse a una profesional sanitaria de negar y ocultar información, cuando justamente el contenido de sus acusaciones son características frecuentes de los políticos. La función política, si por algo se caracteriza, desafortunadamente, es por la opacidad en cómo se manejan las noticias y los acontecimientos, negando, ocultando y distorsionando la información. Estos son requisitos implícitos en el funcionamiento de la política, tal como la conocemos hoy en día. Poca gente asocia la función política con transparencia, veracidad y ajuste a la realidad, elementos necesarios para que los ciudadanos tengamos conocimiento de lo que ocurre. Esta forma de obrar, aunque pasa desapercibida en el día a día, “chirría” cuando ocurren situaciones críticas o inesperadas, que se escapan de las situaciones cotidianas. En las situaciones inesperadas y críticas de alto nivel de estrés, algunas personas – entre ellas, muchos políticos- reaccionan inconscientemente proyectando sus miserias y aspectos inaceptables de ellos mismos en otras personas. Este es un mecanismo de defensa psicológico denominado de proyección que permite poner en el exterior, en otras personas, los elementos inaceptables y negativos de uno mismo. Así la persona que proyecta estos elementos negativos se siente bien, con una sensación de bienestar, corrección y perfección, mientras que la persona que recibe las proyecciones negativas se siente culpable y con malestar, como que ha fallado y que no es una persona valiosa. Estas proyecciones negativas llegan a su máxima intensidad cuando aparecen personas con rasgos paranoides o narcisistas. Los narcisistas, para preservar su imagen de grandiosidad, infalibilidad, perfección y prestigio idolatrado, proyectan en otros, de forma extrema en sus subalternos, multitud de rasgos y emociones negativas, imperfecciones y errores, buscando en ellos fallos por muy insignificantes que sean, acusándoles de incompetencia y ocultando sus virtudes y logros positivos.
La proyección, no obstante y afortunadamente, tiene otra cara, cuando se proyectan elementos positivos. Por ejemplo, una madre puede proyectar elementos positivos sobre su bebé o hijos, tales como amor, deseo y confianza en que crezcan saludables, o que tengan éxito y bienestar. Así el niño sabe que ha sido y es deseado y valorado por los demás, y crece con una confianza que ha adquirido a partir de estas primeras proyecciones. Por supuesto, las proyecciones positivas deben ser transmitidas con mesura. La proyección indiscriminada y distorsionada de elementos positivos, muchas veces fantasiosos e irreales, puede producir arrogancia en el desarrollo de las personas, llevándoles en el extremo a un complejo o delirio mesiánico, con ideas megalomaníacas irreales. Por ello, es recomendable, sean cuales fueran las proyecciones que recibamos, el tener conciencia de ellas. Este conocimiento permite crear elementos propios, en cierta medida independientes de todas las proyecciones recibidas tanto de nuestros progenitores como de nuestros educadores, maestros y personas más próximas e influyentes sobre nosotros.

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Desarrollo de vínculos saludables ante la manipulación familiar

Una de las experiencias más dañinas y dolorosas es la manipulación familiar, cuando existen menores de por medio. Los niños están secuestrados por las intenciones malévolas de los adultos y aprenden, consciente o inconscientemente, que son mercancía de intercambio para satisfacer tanto las necesidades egocéntricas como de poder de sus padres. En conflictos interpersonales de pareja, son frecuentes comentarios tales como: “Te voy a quitar a los niños, te voy a quitar la casa y te voy a dejar sin nada”. Incluso, una de las partes, puede querer inutilizar a la otra, desacreditándola o poniendo en tela de juicio su capacidad para ser madre o padre, acusándola/le, por ejemplo, de ser inestable, irresponsable, manipulador(a) o inútil. A partir de estas premisas, se ejercen estrategias maquiavélicas para mostrar las “maldades” de su pareja y hundirla en la más profunda miseria, siendo los niños lo último de lo último. Por ello, son coaccionados o adoctrinados en uno u otro sentido, para capturarlos emocionalmente y para que sirvan a la causa de cada uno de los progenitores. El dolor de la propia fragilidad del adulto es tal que, en lugar de poner la energía al servicio de los hijos, la ponen al servicio de sus carencias personales. Se explica así, que los hijos estén al servicio de los caprichos de los adultos y de su necesidad de ser valorados, dado que, en el fondo, no tienen una buena autopercepción de ellos mismos. El narcisismo adulto impide reconocer el derecho de espacio propio y de autoafirmación de los niños, de forma que éstos son considerados, tanto una extensión o proyección de ellos mismos como ayudantes a su servicio.

Generar vínculos saludables, cuando ambos padres utilizan a sus hijos de esta forma, es complejo. Los modelos que ejercen sobre ellos, tanto el padre como la madre, son importantes. En estos casos, enseñan a los menores que las personas no son de fiar y que, por otra parte, son simplemente medios o “juguetes” para conseguir compensar su insatisfacción personal. En ningún caso aprenden que las relaciones entre las personas tienen una finalidad en sí mismas. Aprender a establecer relaciones interpersonales, sin fines ulteriores, es fundamental para promover y desarrollar vínculos saludables en los niños y, en general, en cualquier persona. Por ello, es fundamental la tolerancia cero a relaciones instrumentales entre adultos que utilicen a niños. Además, en la escuela es primordial enseñar a los niños a detectar tanto las dinámicas instrumentales entre las personas como las dinámicas cuya finalidad es, en sí misma, entablar y desarrollar vínculos amorosos. Enseñar a distinguir estas dinámicas, así como a reaccionar adecuadamente ante ellas, es la mejor forma de desarrollar vínculos sanos en la infancia y de prevenir relaciones destructivas en la edad adulta. La sensibilidad social ante las relaciones instrumentales entre las personas, sólo se puede fomentar a través de una educación que, si no empieza en la familia, debe hacerlo en la escuela y a través de los medios de comunicación. Las relaciones de “usar y tirar” o de “todo vale, si consigo lo que quiero”, deben de contrarrestarse con un modelo diferente de “dar y recibir” y de “vale, si respeto las necesidades de los demás y las mías propias”. Los vínculos saludables se generan con el reconocimiento de estas dos realidades, potenciando un modelo de intercambio recíproco y de respeto de necesidades.

Autoprotección y autocuidado ante narcisistas

La manipulación y la demanda continua de atención y energía de las personas narcisistas son amenazas a la salud y al bienestar personal. En muchos casos, el poder que ejercitan los narcisistas es tal, presionando y coaccionando de forma tan eficaz a sus presas, que éstas, finalmente, se someten a sus demandas desproporcionadas e irreales. Cuando las personas sufridoras perciben que algo va mal, suele ser cuando el daño ya está hecho y, generalmente, no tienen capacidad de autoprotección y autocuidado por sí solos para retomar su vida a un punto de equilibrio. Tal como describe Eleanor Payson en su excelente libro “The Wizard of Oz and other Narcissists” (“El Mago de Oz y otros Narcisistas”), es necesario saber cómo mantener los límites del propio self ante la violación continua de los mismos, por parte del narcisista. Debemos de darnos cuenta de que son los mejores expertos, grandes artistas, en traspasar los límites de los demás. Payson señala unas dinámicas narcisistas caracterizadas por traspasar los límites de cualquier persona, pudiendo incluso apoderarse de uno mismo. En otras palabras, un narcisista puede generar dentro de ti sensaciones que no son propiamente tuyas, y que son muestra de su influjo y de su capacidad para invadirte. Dos sensaciones muy habituales son la idealización o admiración desproporcionada y el respeto intimidatorio. Los sentimientos que proyectan en los demás son muy variados y complejos. Puede producirte, entre otros efectos, la sensación de que estás en deuda con él, o que tengas que ayudarlo porque lo ves “necesitado”; o que tengas sentimientos contradictorios ambivalentes, de forma que te haga sentir importante halagándote, pero incompetente para algunas cosas ya que “sin él no obtendrás el éxito”.

Para autoprotegerse y darse autocuidados ante las embestidas narcisistas son necesarios varios pasos:
1º Conocer el narcisismo y sus formas de manifestación, algunas muy sutiles y poco visibles externamente. En concreto, es fundamental conocer las sensaciones que producen en ti, desproporcionadas, fuera de contexto, absolutas y que no admiten criterios de validación externa. Por ejemplo: “No he conocido a nadie como él/ella; no hay nadie tan especial”

2º Identificar tus fragilidades que te hacen una “presa apetitosa” para el narcisista. En especial, es importante ver si eres generoso/a extremadamente, ocupándote sobremanera de las necesidades de los demás. ¿Lo das todo, o te entregas en demasía a los demás?

3º Pide validación externa, cuando empieces a sentir incomodidad o detectes alguna dinámica de narcisismo, o fragilidad personal en tu vida. Puedes creer que el narcisista te está dando algo especial, pero, desde fuera, se ve todo diferente. Seguramente, alguien, con otros “ojos”, puede darte una visión más realista que, posiblemente, te llamará la atención.

4º Una vez identificada y verificada la dinámica en la que te encuentras, plantea límites de protección. Probablemente necesites a alguien externo de ayuda, o de referencia, en un principio; pero eso es normal. Al principio, no te creerás lo que te está pasando. Los límites de protección se ejercen cambiando el comportamiento y la actitud para con el narcisista: negativas a peticiones inapropiadas, no estar disponible siempre para sus actividades, dedicar tu tiempo y energía para tus objetivos vitales, desarrollar tus propios criterios y actuar conforme a ellos. De forma muy resumida, el narcisista constata que ya no estás disponible ilimitadamente para él y sus fines. Estás desarrollando tus límites saludables, que te permiten relacionarte dando y recibiendo por igual.

5º Aprende a autocuidarte ante las dinámicas destructivas narcisistas. Desarrolla de forma resiliente funciones mentales protectoras, como por ejemplo, la determinación y la humildad. Aprovecha la ocasión para enfrentarte a la ira que puedes empezar a experimentar, y muy acusadamente. Seguramente, no encuentres un fenómeno en la vida tan extraordinariamente útil para aprender a modular la ira y canalizarla adecuadamente.

6º Enfréntate a las nuevas relaciones desde una nueva óptica. La generosidad indiscriminada, seguramente predominante en tu vida, no es un buen comienzo para toda relación. Mostrar un diamante muy valioso en público, sin protección o precaución alguna, es una temeridad. Muéstrate abiertamente, pero con límites, y averiguando si lo que quieren las personas que conoces, es compatible con lo que tú quieres y buscas.

7º Si no sabes cómo hacer alguno de estos pasos, pide ayuda, bien a un profesional, bien a alguien próximo que haya pasado por estas situaciones, superándolas con maestría y resiliencia. Es cierto que la vida nos ofrece muchas oportunidades para darnos cuenta y cambiar, pero tampoco es necesario que desperdicies tiempo y energía, obcecándote en estrategias repetitivas, que no te han dado fruto.

 

Valor, confianza en uno mismo y equilibrio

“Confía en ti mismo”, “ten una alta autoestima”, “confía en tus capacidades”, “vete a por todas”o “a por la victoria”, son dichos que la gente considera importantes para tener éxito. Incluso, se han convertido en autoafirmaciones, a modo de mantra, que las personas se dicen a sí mismo o exteriorizan en diferentes situaciones de la vida. Tenemos multitud de ejemplos de interjecciones, gritos y onomatopeyas que los guerreros utilizaban (y utilizan) antes del combate o batalla:¡¡ Abú!!, por parte de los guerreros celtas, queriendo decir “hasta siempre o hasta la victoria”; ¡¡Alala!!, muy similar a Hallelujah, grito de júbilo, utilizado por los guerreros de la Antigua Grecia; ¡ Banzai !, grito  utilizado por los pilotos japoneses kamikazes durante la Segunda Guerra Mundial, con un significado de “¡viva!” o literalmente “diez mil años”. Estos gritos que ejemplifican el valor, permanecen en nuestros días, por ejemplo entre los deportistas, con expresiones tales como ¡vamos! La interiorización del valor y de sus manifestaciones está relacionada con la experiencia interna de la confianza en uno mismo o con la convicción. Cuando alguien confía en sí mismo, reexperimenta internamente estos gritos y onomatopeyas, armándose de valor en situaciones complicadas o estresantes. La exteriorización pública de estas frases probablemente esté ligada a la cultura; las culturas más orientales, menos expresivas hacia fuera y dirigidas hacia el mundo interno, expresan su confianza y valor de forma más encubierta.

El valor y la confianza, elementos fundamentales en nuestra vida,  necesitan un contrapeso para equilibrar los desajustes de un exceso de ambos. El exceso de confianza en uno mismo lleva a la soberbia y a la desconsideración narcisista; el exceso de valor lleva a la temeridad a uno mismo y a otros. Un punto de equilibrio es apropiado: confiar en uno mismo sin desvariar y avasallar, abierto a ideas y respetuoso con los demás, y tener valor, siendo consciente del riesgo y de las emociones y consecuencias asociadas. Los factores de equilibrio o de regulación son los más difíciles de encontrar en nuestra sociedad, ya que suelen ser los últimos en desarrollarse. Así, cuando alguien experimenta éxito desbordante, no quiere saber y/o no suele tener idea, ni de la caída que puede tener, ni de las consecuencias adversas de lo que hace. En nuestra educación aprendemos a tener éxito, a competir, a esforzarnos, a ganar, incluso a perder; pero difícilmente, nos enseñan a desarrollar la modestia, la humildad o el respeto. Suele ocurrir, que la vida nos da una lección sin nosotros buscarla; es, entonces, cuando nos interesamos por estos elementos reguladores de nosotros mismos. Finalmente,  te das cuenta de que tu poder es inmenso, sí, tienes confianza y valor; pero tu poder es una gota insignificante en un océano. Es la paradoja de ser todo y ser nada al mismo tiempo; ese es el punto de equilibrio.

Autocentramiento

Un concepto interesante y relacionado, en cierta forma, con el narcisismo, es el autocentramiento. Se trata de la tendencia a focalizarse o centrar la vida en uno mismo, independientemente de los deseos y necesidades de las personas del entorno. Focalizarse en uno mismo es saludable e importante para desarrollarse y mejorar, pero claro está, sin perder la perspectiva sobre donde está uno. El autocentramiento se produce en personas, pero también en grupos, algo que por ejemplo puede suceder en partidos políticos, sindicatos, sectas, grupos religiosos o en nacionalismos excluyentes; en los grupos hablaríamos de autocentramiento social. La focalización en uno mismo contiene varios procesos integrados:

1.- Tomar conciencia de uno mismo, es decir nuestras capacidades, recursos, virtudes y defectos, y de la situación o entorno circundante.

2.- Desarrollar las virtudes, facultades o actitudes necesarias para la propia autorrealización.

3.- Ver los defectos, errores y fragilidades de otras personas de nuestro entorno, como estímulos a nuestro desarrollo personal, minimizando sus consecuencias en nuestra vida

Focalizarse en uno mismo tiene riesgos para nuestro desarrollo personal. Uno de ellos es autocentrarse en un extremo tal, que la minimización de los aspectos negativos de los demás, se transforme en una actitud desconsiderada y, a veces, despreciativa, con el entorno. En este caso, aparecen comportamientos tales como:

       –  Crítica manifiesta o cínica (ocultamiento y/o sarcasmo) de los pensamientos, comportamientos o actitudes de otras personas.

        –“Olvidos” espontáneos sobre las peticiones o necesidades de los demás, centrándose en las necesidades de uno mismo de forma caprichosa.

       –  Conductas propositivas caprichosas para obtener provecho de los demás.

Autocentrarse de forma adecuada implica un punto medio, difícil de gestionar, por la presión de nuestros caprichos, ambiciones, expectativas, necesidades insatisfechas y deseos de prominencia, que chocan frecuentemente con el entorno. En el ámbito personal, el narcisismo es una forma extrema de autocentramiento elevado, mientras que el servilismo desvalorizante es la ausencia o intensa disminución de autocentramiento. El punto medio en el autocentramiento lo constituye una mezcla armoniosa de templanza, respeto, insolencia e interdependencia autónoma (mezcla de independencia y sociabilidad-afectuosidad saludable). Este cóctel bien integrado y proporcionado de  estas características produce el autocentramiento adecuado.  Dar con la proporción adecuada es nuestra tarea vital; autocentrarse óptimamente es como llevar explosivos y armas potencialmente dañinas, junto con elementos delicados y de gran valor, sin que nada se destruya. ¡Mucho ánimo!

La omnipotencia narcisista

La presunción mesiánica y omnipotente de muchos dirigentes políticos y empresariales, de ser “el salvador” de un país, con frecuencia, esconde una ceguera o incapacidad para ver o percibir su propio dolor. El narcisismo muestra un sentimiento de ser único y merecedor de un trato exclusivo, por encima de los demás, escondiendo tras de sí fragilidad y desvalorización. Ser el centro exclusivo de atención, establecer relaciones interesadas carentes de empatía, verse como la solución mejor y única a todo, controlarlo todo, requerir atenciones fuera de lugar, o exhibirse como un ser superior portentoso, son formas comunes de mostrar el narcisismo. No obstante, también hay algunas formas de manifestación más sutiles que pueden pasar desapercibidas en un primer momento y que, generalmente, son reacciones narcisistas secundarias a procesos de desvalorización intensos. Es como una compensación a la desvalorización que no perciben en sí mismos. Estamos refiriéndonos a comportamientos con las siguientes características:

1) Establecimiento de una pseudoempatía, en la que hay un ocultamiento forzado de fragilidad personal que, no obstante, muestra de forma evidente con una vinculación interpersonal antinatural. Curiosamente, muestra una completa inconsciencia del efecto que causa a su alrededor. Por todo ello, no se relaciona con su entorno de manera franca y con apertura de emociones, ya que percibe que eso le dejaría en una situación de debilidad o inferioridad.
2) Preocupación excesiva por el mantenimiento artificial de su reputación, presionando o sugiriendo a las personas más cercanas para que oculten sus puntos débiles y muestren de forma sobredimensionada sus virtudes.
3) Sentimiento de que pueden con todo y se hacen cargo de cualquier situación
4) Sentimiento de que son mejores que los demás y que sus opiniones son las únicas para resolver los problemas
5) Difícilmente buscan relaciones de consejo o ayuda para resolver sus problemas, ya que su sentimiento de omnipotencia se lo impide. En cualquier caso, si lo hacen, es con personas de gran prestigio a las cuales terminan aconsejando tras un intercambio de opiniones, más que pidiendo ayuda. Estamos hablando, por lo tanto, de personas que les cuesta ser aprendices. No toleran la posición débil, por lo que en el caso de aprendizajes que no dominan, desisten, ya que les pone en una posición incómoda para su autoimagen
6) Establecimiento de relaciones instrumentales, muchas veces de forma automática e inconsciente, derivados de sus necesidades insatisfechas o frustraciones ante los impedimentos comunes de la vida. Esta instrumentalización de las relaciones puede originarse por la propia necesidad para llevar a cabo sus proyectos, considerando a las personas como instrumentos de ejecución, más que de organización o asesoramiento
7) Autopercepción sesgada, autoproclamándose como voces autorizadas y de prestigio, por encima de los demás, sin que exista ningún atisbo de duda o signo visible de carencia en ellos mismos.

El afrontamiento de la omnipotencia narcisista no siempre es posible de manera conciliadora. El celo por el control y la autopercepción con tintes delirantes que desarrollan, generan posiciones de enfrentamiento con el entorno. Para las personas que les rodean, la posición es difícil. La posición de inferioridad, si no implica excesivos perjuicios puede ser manejada con diplomacia; sin embargo, si las consecuencias implican perjuicios graves sociales, personales o económicos, la posición de enfrentamiento u oposición es inevitable. Cuando esto ocurre, hay varias posibilidades que, dependiendo de las particularidades del caso, son más o menos aconsejables:
1) Retirarse del proyecto o situación hacia otro, alejándose lo más posible de esta omnipotencia perniciosa, y acercándose a otras posibilidades más constructivas.
2) Enfrentamiento directo, contundente, sin vuelta atrás, y de forma pública. Sería como la actitud de un samurai, dispuesto a poner en peligro su propia posición y vida personal, algo que manifiestan abiertamente.
3) En caso de serio peligro, como puede ocurrir en regímenes dictatoriales, la “disminución voluntaria” puede utilizarse como método de emergencia para salvar la vida. El hacerse pasar por loco o enfermo ha sido utilizado como método de salvación, en regímenes totalitarios, esperando y buscando el momento apropiado para emerger de nuevo.
4) Enfrentamiento dual. Como dice el conocimiento popular: puño de acero con guante de seda. O como refieren algunas filosofías orientales como la Teoría del Tai chi : suave por fuera y duro por dentro. Esta estrategia mostraría una dualidad paradójica: por fuera, suave, relajado, amable, conciliador y flexible; por dentro, firme, duro, persistente, con duración y determinación irreversible hacia un objetivo constructivo.

Estas cuatro posibilidades esbozadas son elecciones posibles, entre otras muchas. Elegir adecuadamente es fundamental. Para ello es necesario tener en cuenta varios factores. Primero el conocerse adecuadamente; la omnipotencia narcisista puede ocurrir en cualquier persona, incluso en ti mismo, y puedes no apercibirlo. Segundo, estar en el estado apropiado de calma interior, cultivando tus virtudes y desarrollando tus puntos más frágiles. Tercero, elegir el momento y las condiciones adecuadas: toda acción puede ser más o menos efectiva, dependiendo de cuándo, cómo y dónde se lleva a cabo. Estos detalles, aunque no formen parte de la esencia de la acción, son aderezos fundamentales para que se produzcan resultados efectivos.

El sentimiento de “querer ser alguien”

Hace unos días, buscando en internet una referencia bibliográfica de un artículo de un colega y amigo, me encontré con algo curioso, aunque parece ser bastante habitual. En un blog, una escritora y joven psicóloga tenía un post sobre el concepto que había acuñado y construido mi amigo, y copiaba literalmente la definición,  haciéndola como propia. Es decir, había hecho un “cortar y pegar”, todo ello sin referencia alguna a su autor original; y, además, agradecía las felicitaciones e intervenciones de sus lectores. Intervine, entonces, en su blog, dejándole cortésmente las referencias originales de dicha información. El caso es que al día siguiente, me encuentro que mi intervención había sido borrada, y había cambiado ligeramente el orden de los párrafos, aunque mantenía la definición literal. Era como una especie de lavado de imagen.  Aparte del mercadeo y barra libre del conocimiento, sin pudor alguno en plagiar lo que otros han pensado o dicho- algo que las nuevas tecnologías favorecen-, me interesó algo relacionado con los sentimientos que están en juego en estos despistes, errores o plagios. Cuando nacemos, socialmente se nos prepara, o se nos predispone, para “ser alguien en la vida”; incluso, en las familias y en la escuela es  frecuente el dicho de “tienes que ser alguien en la vida”.  Este “tener que ser alguien en la vida” lleva consigo unos sentimientos complejos y unas necesidades insatisfechas. Es cierto que las personas necesitan autorrealizarse en la vida, pero esa motivación puede generar un bloqueo de la capacidad natural para ser uno mismo. Ser uno mismo, auténtico, genuino, tomar contacto con tus capacidades y desarrollar tus potencialidades no se basa  en la motivación de “tener o querer ser alguien en la vida”, sino en el impulso vital que emerge del neonato y que tiende de forma natural a expresarse, descubrir y buscar salida a su potencialidad. La labor de los educadores no es dirigir la vida hacia “el tener o querer ser alguien”, sino dar posibilidades en la vida y aportar confianza en el desarrollo de las potencialidades de uno mismo. Querer o tener que ser alguien es incompatible con el hecho de ser tú mismo; cuando quieres o tienes que ser alguien, te descentras de tu ser auténtico o genuino por descubrir.

El sentimiento de “querer ser alguien en la vida” es muy incómodo, además de alejarte de tu self auténtico. Puede aparecer de varias formas, con distintos ropajes. Por una parte, puede aparecer con el ropaje más narcisista y egocéntrico, arrogante y ensimismado en su autopercepción distorsionada; pueden aparecer en este grupo, desde políticos o empresarios megalomaníacos hasta artistas, científicos y pseudocreadores de “nuevos conceptos o teorías”,  que rechazan o desacreditan todo lo que han recibido o aprendido previamente de sus maestros. En general, personas de cualquier profesión pueden encontrarse en este grupo, aunque obviamente suelen ocupar posiciones de gran reconocimiento social. Por otra parte, un segundo grupo, lo constituyen aquellos que reclaman mayor atención o reconocimiento y sufren porque no son reconocidos como creen deberían serlo. El sentimiento básico  es el de que no se les tiene en cuenta, que se les margina,  o que sus necesidades u opiniones son obviadas. Hay una frase frecuente que seguramente habrán escuchado  y que define los conflictos de las personas de este grupo: ¿Pero quién te crees que eres?. Por último, una tercera forma de manifestación, no incompatible con las dos restantes, es la de la envidia. Cuando no eres tú mismo y te centras en “querer ser alguien”, siempre hay un sentimiento de insatisfacción. Esa insatisfacción, puede derivar en una envidia no tanto de los conocimientos, sino del “estado de reconocimiento social” de otras personas. La envidia es un sentimiento que puede derivar en otros sentimientos y comportamientos auto y heterodestructivos que te desenfocan de la tarea de descubrirte a ti mismo.

El primer paso para descubrir tu self auténtico con sus potencialidades es conocer – y reconocer-  dónde estás, y aprender a navegar en estas dinámicas emocionales contradictorias y paradójicas que coexisten en ti mismo. A partir de aquí empieza el descubrimiento  y desarrollo de tu potencial y de tus proyectos vitales genuinos.