Gestionando tus puntos ciegos en las relaciones interpersonales

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Los condicionamientos y programas mentales en los que estamos inmersos generan muchos puntos ciegos en uno mismo. Las mismas rutinas, los mismos hábitos, las experiencias repetidas o ancladas en puntos fijos hacen que la vida se vuelva previsible, pero a la vez nos incapacitan para darnos cuenta de nuestros puntos ciegos. Planificar posibilidades no contrastadas o fantaseadas con otras personas, creer que tus valoraciones y puntos de vista puedan o tengan que ser entendidos por otros, o creer en la reciprocidad en la forma de percibir el mundo y tratar a otras personas, son fuentes de importantes puntos ciegos en uno mismo en la relación con otros. Estos puntos ciegos están asociados a muchos malentendidos en las relaciones interpersonales, relaciones tóxicas con otras personas y, a veces, a una sensación de desconexión con el mundo. La gestión de los puntos ciegos es en realidad fácil y requiere de tres pasos:

  1. Reconocer que uno tiene puntos ciegos.

Tal vez esto sea lo más complejo, ya que nuestra mente se suele defender creyendo que eso de los puntos ciegos  es una cosa del vecino, pero que no va con nosotros mismos.

  1. Ser curioso para descubrir los puntos ciegos.

Básicamente, consiste ver en donde sueles “derrapar” y ser curioso preguntándote qué es lo que puede estar pasando, sin agobiarte y con mucha “deportividad”; es decir, aceptando que puedes estar derrapando mucho incluso en este momento, pero que a la vez es una oportunidad para aprender.

  1. Ponerte manos a la obra y aprender a reconducir tus puntos ciegos: derrapar sin caerte.

Sería como enderezar la dirección sobre la marcha; al principio será uno un poco patoso, pero con la práctica es relativamente sencillo. Este paso implica ver el mundo como si todo fuese nuevo por primera vez, dejando atrás viejos condicionamientos y anclajes rígidos.

Los modos de gestionar los puntos ciegos son muy diversos. Hay muchos caminos para llegar a este punto de libre elección con una nueva perspectiva y con maniobrabilidad ante los puntos ciegos . Las relaciones saludables disfrutando con las personas de tu entorno, los viajes, el compartir experiencias con más gente y el aceptar la ayuda de otras personas son algunas de las formas para una buena gestión de los puntos ciegos, ya que indican que dejamos atrás  puntos de referencia personales que bloquean y generan puntos ciegos.

 

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Descubriendo nuestros puntos ciegos

Puntos ciegos logoDesde fuera es fácil observar y percibir los aspectos que chirrían de otras personas por su desajuste, inoportunidad o por su carácter inapropiado. Nos sorprende que no se den cuenta de estos aspectos, que son realmente puntos ciegos fuera de su percepción. Sin embargo, de la misma forma tenemos grandes dificultades para detectar y descubrir nuestros puntos ciegos. Normalmente, nos autoengañamos para así hacer nuestra realidad más soportable. El cerebro puede utilizar varios trucos absolutamente geniales, como si de un mago se tratase y que lo hace de tal manera que no nos percatamos de lo que está pasando. Aunque los puntos ciegos dependen de la historia personal, expongo a continuación algunos muy habituales y en términos genéricos:
1) “Olvidar” todas las tareas incómodas, como si no existiesen
2) Escuchar sólo lo que nos beneficia, tal como las alabanzas, y tener sordera para aquello que nos perjudica, por ejemplo las críticas
3) Posponer decisiones importantes de forma que evitamos posibles rupturas, dolores o decepciones
4) Idealizar a otras personas o situaciones, de forma que nos parece que estamos en el mejor sitio y con las mejoras personas posibles
5) Sobreestimar las propias habilidades y minusvalorar o menospreciar las de otros, de forma que uno tiene una sensación de superioridad
6) Justificar actos poco éticos de otras personas, de forma que uno encuentra explicaciones y los encaja con su realidad
7) Percibir que uno ha hecho un gran bien a los demás, merecedor de un trato y distinción especial, mientras por el contrario los demás no aportan nada
Estos comportamientos lógicamente son puntos ciegos, sólo cuando no somos conscientes de ellos y los demás los perciben con relativa facilidad. El cerebro dispone de herramientas fantasiosas, distorsionadoras y disociadoras que están en la base de muchos comportamientos sorprendentes a la luz de otros ojos. Cuando los puntos ciegos dominan nuestra vida, hay una cierta desintegración de algunas facetas de nuestra vida, perdiendo el sentido y ajuste vital con nuestro entorno en algunos momentos. Puede que nuestra sensación sea positiva aparentemente, pero los efectos sobre otras personas pueden ser negativos y, generalmente, sólo estamos aparcando ciertos temas que aparecerán más tarde en nuestra vida.
Ver nuestros puntos ciegos es una tarea, por definición, paradójica e imposible con nuestro estado y estrategias habituales. Debido a que son ciegos, no los vemos. Tan sólo podemos ser conscientes de ellos a través de la observación curiosa de nuestras relaciones con los demás y gracias a la creación de un espacio interno que nos permita vernos desde fuera. En las relaciones con otros se reflejan los efectos de nuestros puntos ciegos y si tenemos ese espacio interno podemos detectar y acercarnos a dichos puntos. Es por ello que en las crisis de las relaciones interpersonales es más fácil acercarse a esos puntos ciegos, siempre que se cree ese espacio interno. Este es el espacio de intersección entre la mediación y gestión de conflictos con la meditación terapéutica, allí donde los puntos ciegos se muestran en su mayor intensidad y dónde hay un espacio interno que posibilita el tomar consciencia de ellos. ¿Has descubierto ya tus puntos ciegos? ¿Cómo ha ocurrido el descubrimiento?