Naturalidad

pez

Encontrarse con una persona que se muestra de forma natural, sin artificios adicionales y  sin clichés y máscaras sociales, es un disfrute. Es una experiencia semejante a la que nos encontramos con niños de hasta tres, cuatro e incluso más años, cuyo desparpajo nos asombra, nos divierte y nos enseña. Con el paso del tiempo, sin embargo, la socialización que incluye los modelos parentales y las costumbres o normas culturales aceptadas va poco a poco presionando a esa naturalidad hacia su inhibición u ocultamiento. Así en la edad adulta, las personas muestran una mayor rigidez, que no consistencia, en su manera de expresarse y ser en muchos ámbitos, como el familiar, social, laboral o incluso en el más privado o íntimo.

Respetarse a uno mismo y a los demás, mostrándonos de forma natural en nuestro necesario proceso de socialización es un reto desde que nacemos hasta que morimos. Para expresarse de forma natural, no hace falta ni ser excepcional, ni intentar deslumbrar a nadie. Sí es recomendable encarar la vida y el ser uno mismo como un descubrimiento, más que como un logro o consecución. Ser natural está asociado al descubrimiento incondicional de uno mismo y a la sorpresa, entre todas las rutinas y normas sociales con las que convivimos. Es esta capacidad de sorprender un poder capaz de penetrar en lo más profundo de las personas, aportando sosiego estabilidad y confianza tanto en el que sorprende como en el sorprendido.

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El poder de lo pequeño

floresMuchas veces subestimamos el poder de las pequeñas cosas. Tal como se deja entrever en el libro oracular  “I Ching” o en la obra de filósofos como Confucio, en las cosas pequeñas de nuestro presente se halla la raíz de nuestro desarrollo personal, aun cuando parezcan insignificantes. Es fácil olvidarse de la práctica de nuestras virtudes en pequeños actos inadvertidos a los ojos de la mayoría de la gente, al igual que es fácil pasar por alto o consentir pequeños actos malvados, maliciosos o inadecuados en nuestro alrededor, aparentemente sin importancia. Las personas generalmente suelen responder más fácilmente en momentos de crisis, exigiendo cambios bruscos, tal vez cuando las raíces de las hierbas malas están muy profundas; y también suelen mostrar sus virtudes, cuando perciben que van a tener efectos extraordinarios. Aunque no sea llamativo, el dominio de  lo ordinario y de lo pequeño en nuestro día a día es fundamental para construir una vida saludable y un mundo respetuoso para todos. A nivel práctico, el dominio de lo pequeño implica lo siguiente:

1.- Cuida los pequeños y sutiles detalles en nuestra vida diaria tanto contigo mismo, como con los demás. Sé amable, respetuoso, bondadoso y cuidadoso en el día a día, y no desprecies nada, aunque parezca insignificante.
2.- Permanece atento a comportamientos inapropiados por parte de los demás y sé firme en el mantenimiento de tu criterio cuando ves injusticia o malicia a tu alrededor, aunque el perjuicio sea o parezca pequeño para ti y para los demás. No los dejes pasar por alto ni los consientas. Cuando consientes y pasas por alto tales actos, sientas las bases de tus relaciones con otras personas. En el inicio de las cosas se encuentra la semilla de tu vida abriéndose paso.
3.- Mantén la perspectiva y sé consciente de que lo pequeño hoy será más grande mañana, si lo dejas crecer. Al igual que la hierba mala puede destruir tu jardín, el acto malicioso o inapropiado repetido puede quebrar tus virtudes y fortalezas. De la misma forma que el abono y riego cuidadoso de tu jardín llevará a un buen fruto, el pequeño acto de virtud repetido llevará a la fortaleza y a un desarrollo mental virtuoso.