Pasión y compasión

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La palabra pasión, aunque con un significado y una etimología relacionada con algo perturbador (procede del latín, passio y ésta de pati= sufrir,  y está también en relación con la palabra griega πάθος  o páthos= sufrimiento), sin embargo esconde un deseo que es motor de nuestra vida. El deseo firme y persistente, pese a las adversidades y vicisitudes de la vida, es fundamental para el bienestar y felicidad; esta es la pasión que nos lleva a desarrollar comodidades o tecnología en la vida, a luchar por objetivos personales y colectivos y, en definitiva, al desarrollo de la sociedad y del ser humano. Sin embargo, la vida también requiere de una compasión con los sinsabores que afectan nuestro día a día. La compasión con uno mismo integra un sentimiento de ternura y una actitud de aceptación amable ante las adversidades vitales, así como un compromiso contigo y con los que te rodean.  La pasión sin compasión genera turbulencias anímicas y desasosiego;  la pasión junto con compasión, estabilidad anímica y fuerza mental.  Desarrollar pasión más compasión por algo es la mayor fuerza motivadora que nos lleva a descubrirnos y a extraer nuestro potencial. No importa en qué tengas pasión compasiva; puede ser en cultivar un huerto, en practicar un deporte, en ejercer una profesión, en desarrollar una destreza etc. Lo importante es conectar con la pasión y la compasión; todo lo demás, incluido el éxito, viene por añadidura.

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De los sesgos y extremismos al poder equilibrado

fotos new york, canarias, lugo, córdoba 080La experiencia nos muestra que las personas somos muy impresionables por los extremos y por las opciones sesgadas. La toma de decisiones no está principalmente guiada por la moderación. Vivimos en un mundo repleto de falacias, prejuicios, experiencias disonantes o incoherentes…, algo así como un gran mercadillo donde habitan muchos personajes de diferente tipología. En él conviven vendedores de humo, farsantes, pseudocientíficos, fanáticos intolerantes, científicos reputados, personajes de poder, personajes que suspiran por el poder, profetas del miedo, seguidores, personas necesitadas de guía o de un líder y/o perdidas y, por supuesto, personas auténticas, preparadas, moderadas, con el suficiente temple para enfrentarse en este mundo complejo. Con tal diversidad de personajes, es complicado discernir adecuadamente donde está el equilibrio. La Historia nos ha mostrado hasta ahora que, ante este mundo complejo, los mensajes extremos o sesgados tienen más penetración y resonancia en las mentes de las personas. Ante las crisis sociales, los mensajes catastrofistas extremos (“Si vienen estos, será el fin de nuestros días de bienestar…”) o los mensajes revolucionarios positivos y supuestamente esperanzadores (“Yes, we can” o “Podemos”), son los que más impacto tienen en la psicología de las personas. ¿Alguien se ha parado a ver en detalle estos mensajes, qué implican, de dónde proceden, qué preparación necesitan y qué motivación y esfuerzo requieren? En principio no, dado que las personas nos vemos determinados por dos sistemas motivacionales fundamentales: el primero es el sistema del miedo y el segundo es el sistema de placer-recompensa. No hay emoción negativa más poderosa que el miedo para afectar la mente de muchas personas, algo de lo que la Historia ha sido y es testigo privilegiado. Por otro lado, las personas son también sensibles y susceptibles al cambio cuando hay mensajes altamente positivos, incluso más cuando permanecen en la fantasía. Cuando no pisas la realidad, el mensaje es indestructible porque no se puede contrastar con la experiencia. El placer y la recompensa mental de un mundo ideal son muy grandes.

Estos dos sistemas han constituido, bajo mi punto de vista, el motor de nuestros comportamientos y de los movimientos sociales más radicales y descontrolados. La ilusión y la fantasía de una raza superior sublime, la raza aria, llevó a Hitler y a todo un pueblo a destrozar a millones de personas. Nuestros propios miedos generan que destruyamos o eliminemos a otros porque piensen diferente o pongan en tela de juicio nuestra forma de pensar, de forma que sentimos que nuestra seguridad está en peligro. El punto de equilibrio está en la moderación, entendiéndola como ese punto en el que se ponen las cosas en una medida. Moderar, que procede de moderatio (lat.) y de su raíz más antigua indoeuropea med, de la que por cierto derivan otros términos como meditar, implica definir y actuar dentro de un intervalo de equilibrio. Así, para actuar de forma moderada o equilibrada, es necesario conocer nuestros miedos e identificar nuestras fantasías ilusorias sin fundamento. Es cierto que para que algo se produzca en la realidad externa, debe producirse primero en la mente; pero no es lo mismo fantasear que “cocinar” o trabajar dentro de la mente lo que queremos. La ilusión es una materia prima que debe ser cocinada dentro de la mente y se necesitan otros ingredientes y conocimientos. Todos podemos, sí, pero siempre que haya conocimiento, preparación, determinación, perseverancia, respeto, humildad, responsabilidad, temple y esfuerzo. Dedicar tiempo a conocer nuestros miedos y a desarrollar nuestras fortalezas es condición indispensable para realmente poder y no quedarnos en eslóganes tan impactantes como estériles.